La tecnología y un golpe al empleo del futuro
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Robótica, inteligencia artificial e informática avanzan a un ritmo que impide la adaptación
Los signos actuales vigentes, tales como la expansión de la robótica, la inteligencia artificial, el extraordinario desarrollo de la tecnología aplicada a equipos y procesos ya están generando una realidad donde las expectativas laborales son extremadamente cambiantes y marcadas por la precariedad.
Los primeros targets de este proceso, vulnerables por sus estructuras operativas y tecnológicas, han sido la industria en general y las de alta tecnología y/o de capital intensivo en particular. Se produce el doble, el triple y hasta en algunos casos diez veces más que hace aproximadamente veinte años utilizando la mitad de personal directo y hasta la cuarta parte de personal indirecto. Creemos que sería muy difícil intentar pronosticar como puede llegar a ser el futuro mediato.
El viejo axioma respecto a que la inversión directa produce empleo, en este caso no es real; la relación entre monto de inversión / generación de puestos de trabajo se ha reducido en forma significativa.
Cuando eso sucedía, se dijo que era el momento en que las actividades de servicio se constituirían en las grandes proveedoras de empleo. Se produciría una suerte de migración transversal y el efecto total sobre los niveles de empleo no se vería demasiado alterado.
Lamentablemente poco se decía sin embargo sobre las calidades de las tareas que iban a desarrollarse y mucho menos sobre el desaprovechamiento de las competencias que los migrantes traerían consigo.
Cómo se perderían las del sector expulsor –el industrial, en general de mayor nivel de calificación técnica–, frente al otro, el receptor, el de servicios, caracterizado por mano de obra intensiva con niveles de capacidad y competencias promedio o inferiores salvo algunas excepciones puntuales. Cruel como se lee, pero ese era el pensamiento y así fue y es la realidad.
Con mucha preocupación, paralelamente, no escuchamos a nadie dentro de los grupos / factores de poder e influencia (las asociaciones civiles, empresariales, obreras, otras sin fines de lucro, los Gobiernos y la política), planteando esta disyuntiva con el sentido trágico que tiene.
Se escucha a «representantes sociales» quejarse de la situación, de la cantidad de pobres, de las inequidades, etc. pero no se percibe que esos grupos representantes al igual que los anteriores mencionados convoquen a una discusión central sobre el qué hacer.
No nos referimos a una discusión política o corporativa: eso sería menor y hasta mezquino; nos referimos a lo social y educacional futuro que sí es lo trascendente.
¿Quiénes se han preguntado, sistemática y organizadamente, hacia dónde van los futuros trabajos, cómo serán las características de los mismos, quiénes serán los empleadores y cuáles las capacidades demandadas?
Se habrán incluso preguntado si habrá trabajo tal cual lo conocemos hoy, con los objetivos que hoy este tiene o la visión y perspectiva laboral girará 180 grados.
Observamos asimismo las viejas y cansadoras discusiones sectoriales sobre niveles salariales, ajustes, generación y niveles de empleo (¿qué y cuáles), crecimiento cuando ya sabemos y, si no lo sabemos seguramente lo intuimos, que muchas de las actuales tareas están desapareciendo o han desaparecido ya.