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    La tempestad que expone nuestro fracaso mundialista y político

    4 de julio de 2018 | 21:05
    La tempestad que expone nuestro fracaso mundialista y político
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    Por Alejandro Fidias Fabri (*)

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    Solo vi el partido Argentina-Francia hasta el 1 a 1. La jugada de Mbappé durante los primeros minutos me alertó del anunciado final. Fue una saeta que solo pudo ser detenida mediante el juego sucio de Rojo. Una modalidad demasiado instalada en el fútbol y quizá más en el fútbol, y en el vínculo comunitario, argentino. Por la noche fui a ver la otra cara nuestra, la representación de La tempestad, de Shakespeare, en el programa «Temporada Internacional Reino Unido», en la Sala Casacuberta del teatro San Martín. Y no pude dejar de vincular ambas situaciones.

    En La tempestad, el personaje Próspero, legítimo duque de Milán, se encuentra exilado en una isla. Mediante conjuros mágicos obtiene que Ariel, un espíritu de la naturaleza, cree una tempestad que hará encallar el barco de quien le usurpó el trono. Sucederán muchas acciones hasta llegar el momento en que, motivado por su reflexión y por el amor de su hija, Próspero perdonará al usurpador Antonio. Pero lo perdonará enseñoreándose. Y ya veremos lo que esto implica.

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    Se me ocurrió pensar que Mbappé vino a cumplir la misma función que la tempestad de Shakespeare. En cierta forma fue una fuerza tan letal que puso al descubierto nuestra improvisación y nuestras jugadas sucias para alcanzar con atajos lo que no podemos alcanzar con honestidad y corrección. Puso al descubierto nuestro paupérrimo maquiavelismo que nos lleva siempre a situaciones de caída: el fin justifica los medios. Y simultáneamente también puso al descubierto el trágico final de las manipulaciones de intereses y el facilismo de intentar manejar en provecho propio los destinos del pueblo.

    De manera reduccionista podríamos pensar que hay dos hechos relevantes en la vida política: ganar las elecciones y ganar un mundial. Así podemos ser fácilmente manipulados. ¿Pero qué ocurre cuando no pasamos a cuartos de final? Queda al desnudo la inoperancia de parte de la política, el desinterés o la falta de capacidad para conducir una nación o, quizá, el único interés de algunos por enriquecerse en detrimento del pueblo. En detrimento de las ilusiones del pueblo.

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    Pero aún hay otro personaje interesante en La tempestad: Calibán, también sirviente del exilado duque de Milán, hijo de una bruja y un diablo; representa los deseos más instintivos del hombre. Es lo más carnal y quizá lo más enviciado. Y esto es algo que los argentinos conocemos muy bien. No solo a través de las noticias de los periódicos, sino también a través de nuestras experiencias diarias. La corrupción nos atraviesa y de tal forma que ya está naturalizada. Es natural que un político «robe pero haga», es natural «que haga pero tenga una cuenta en Panamá», es natural que un DT cobre cifras astronómicas en un país pauperizado por dirigir un equipo que no dirige, es natural que un jugador que no lo merezca juegue en la Selección porque es amigo de la supuesta estrella. Tristemente, la corrupción está naturalizada.

    Pero también, a la manera de nuestra clase dirigente, podemos pensar que un pueblo sufrido necesita algo de épica. Y quizá el facilismo y la corrupción de parte de la clase dirigente haya sido tal que hayan pensado que el único camino era llevarnos a ser campeones del mundo en fútbol. El héroe contemporáneo, la contrapartida de un San Martín cruzando los Andes, habría podido llegar a ser Messi. Se la perdió. Nos la perdimos. Quizá nunca se les ocurrió pensar en un héroe social: llevar la clase pauperizada a una situación digna de alimentación, de educación, de calidad de vida. Un héroe sólido para un país con presente y con futuro. Un héroe sólido para nuestra conciencia moral.

    Y para cerrar, pienso en la enorme oportunidad que nos brindó Mbappé. La oportunidad de confrontarnos con nuestra realidad, la oportunidad de decir: «Hasta aquí llegué», la oportunidad de desarmar a los héroes de barro y a las falsas filosofías de la felicidad. Y aunque nos parezca extraño, Mbappé no es un jugador que solo ha sido dotado por la naturaleza, trabaja diariamente para ser mejor. Y trabaja desde lo físico y desde lo mejor del ser humano: a su manera imprime una justicia social donando a una ONG los premios que obtiene en el campeonato. Esta tempestad, y no el pasar a cuartos de final, es la gran chance que nos da el destino. Es la oportunidad de encontrar nuestro verdadero ser. Es la oportunidad de que los medios no sean justificados por el fin. Y esta sería la manera fundacional de enseñorearnos.

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    *Artista, ingeniero y filósofo.

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