La última década del tren de pasajeros
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Desde 1992 hasta 2004, la decadencia del servicio entró en un punto sin retorno que llevó a su definitiva desaparición
A mediados de 1992 los municipios de la región seguían con angustia las distintas alternativas que agravaban cada día la decadencia del servicio ferroviario y los intendentes trabajaban para lograr que el servicio de pasajeros siguiera prestándose en las principales estaciones de la zona.
Paradójicamente, mientras se celebraron los 100 años de la llegada del tren a Tamangueyú y a Quequén, ya muchos presentían que el servicio de ferrocarril tenía los días contados en la región.
Por eso, también también en aquellos días, surgieron algunos proyectos que tenían como objetivo mantener el servicio, aunque con cambios importantes.
Uno de ellos fue presentado en Lobería y apuntaba a unir Quequén y La Plata con “ferrobuses”.
La misma iniciativa aspiraba a utilizar coches motor para mantener el servicio entre Quequén y Plaza Constitución.
Mientras tanto, la Universidad del Centro lanzaba un convenio programático que se pretendía firmar con los municipios de la región a fin de continuar brindando el servicio de transporte de pasajeros.
Esta iniciativa apuntaba a permitir “una solución alternativa ante la inminencia del cierre del servicio” entre las distintas localidades de la región y la Capital Federal, como asimismo la conexión entre ciudades, en particular entre la que contaban con unidades académicas de la Universidad.
“La tarea primordial de este proyecto deberá ser la factibilidad técnico-económica que desemboque en una sociedad anónima de propiedad participada entre el capital privado, el estado y los trabajadores de la empresa a crear”, señalaba el convenio.
Se proponía también un estudio sobre la conveniencia “o no” de la transferencia de material ferroviario perteneciente a la empresa Ferrocarriles Argentinos, que en ese momento explotaba los ramales de la región.
Y por otra parte, se pretendía desarrollar un plan de explotación de corto, mediano y largo plazo y un programa tentativo de inversiones mínimas y adicionales.
Pese a las gestiones y el esfuerzo realizado, el servicio se siguió deteriorando y aún se mantuvo una década antes de desaparecer definitivamente.
Servicios y alternativas
Pero en 1992 todavía existían esperanzas de sostener el servicio y la empresa prestadora aseguraba que se mantendrían. “Los servicios ferroviarios de pasajeros no van a ser suspendidos en forma total a fin de año y en el caso específico de estaciones como Quequén y Tamangueyú, no serán levantadas porque tienen un buen número de usuarios”, aseguraba el gerente general de la Línea Roca de Ferrocarriles Argentinos, Enrique Stefani en una entrevista publicada el 11 de agosto de ese año en Ecos Diarios.
Incluso, en aquellos días, mientras se impulsaban algunas ideas alternativas para mantener el servicio ferroviario en la región, una empresa olavarriense producía un ferrobús que algunos veían como el vehículo ideal para recorrer las vías del sudeste de la provincia.
Se trataba del coche motor liviano “Ferrobús SC23”, un vehículo de uso ferroviario especialmente diseñado y construido para el transporte de pasajeros sobre vías troncales y secundarias, aún en aquellas que presentan muy bajo nivel de conservación, según los fabricantes.
El vehículo era desarrollado por IATE-Scipioni y según sus especificaciones “las características de sus sistemas de suspensión, le confieren excepciones aptitudes para desempeñarse eficientemente en líneas que, debido a su estado, mantienen reducidos límites de velocidad para la marcha de trenes convencionales”.
Hasta el final
Desde 1992 en adelante, la decadencia del servicio de pasajeros se fue agravando año a año.
Entre la falta de inversión por parte de los concesionarios y la falta de control del estado provincial, el deterioro de la vía y del servicio en general llevó a un punto sin retorno.
Si bien el servicio era notablemente más barato que el de ómnibus, los pasajeros se encontraron que el ahorro en pasajes no compensaba la angustia. Llegar desde Quequén a Constitución podía demandar hasta 18 horas de viaje. Hubo descarrilos y muchos trenes directamente no llegaron.
Las penurias de los pasajeros se agravaron cuando el tren dejó de llegar directamente a Quequén. El servicio finalizaba en Mar del Plata y los viajeros comenzaron a ser trasladados hasta nuestra ciudad en colectivos.
El 27 de abril de 2004 se informó la cancelación “hasta nuevo aviso” del servicio ferroviario de pasajeros entre Buenos Aires y Estación Quequén. La medida fue tomada por las autoridades de la Unidad Ejecutora del Programa Ferroviario Provincial (Uepfp).
Según informó Ecos Diarios ese día: “el pasado domingo partió el último colectivo con sólo seis pasajeros, a los que transportó a la vecina ciudad para tomar el tren que los condujera a Plaza Constitución. Cuando concluyó Semana Santa fueron tres los colectivos que partieron trasladando a 103 pasajeros hasta la estación marplatense”.
Si bien continuaron las gestiones, el servicio de pasajeros nunca pudo ser recuperado, mientras que los trenes de carga siguieron llegando a Puerto Quequén, pero con grandes dificultades por el estado de las vías.