La urgencia de armar mayorías para gobernar
Patricia dijo que, si gana, buscará acercarse a los legisladores de Milei y Larreta al peronismo no kirchnerista
La Argentina es hoy un país fragmentado. Tan partido está el país en bancarrota que nadie tendrá mayorías para gobernar después de las elecciones presidenciales. Por eso, es que los principales candidatos empezaron a explorar fórmulas ampliadas para hacerle frente a la crisis. Para construir en el Congreso esa arquitectura de poder que los votos no van a completar.
El escenario institucional de la Argentina empieza a parecerse al de las democracias parlamentarias europeas. Todos buscando a la derecha y a la izquierda del espectro político los aliados que les permitan armar una mayoría en el Congreso para sacar las leyes imprescindibles. Casi un sacrilegio para el país presidencialista que siempre miró de costado esos experimentos del poder.
Puntapié
En la Argentina, el puntapié inicial de este parlamentarismo a la criolla lo intentó dar Horacio Rodríguez Larreta. Convocó a José Luis Espert para tener un aliado liberal que despreció Javier Milei; hizo lo mismo con Margarita Stolbizer, quien venía de una experiencia frustrada con Sergio Massa. Y apostó fuerte al anunciar un acuerdo con el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, un peronista que siempre marcó distancias con el kirchnerismo aunque votó algunas de sus leyes más polémicas.
El cálculo que complicó a Rodríguez Larreta fue que la presentación de candidatos presidenciales vence el sábado 24 de junio, justo un día de las elecciones cordobesas para gobernador. La negociación con Schiaretti, quien lleva a Martín Llaryora como candidato propio, descolocó y destrozó los nervios de Luis Juez, el candidato por el que Larreta había empujado para que fuera el adversario del peronismo cordobés. Mauricio Macri y Patricia Bullrich aprovecharon el tropezón estratégico y lo acusaron de promover la derrota de Juntos por el Cambio en la provincia.
Rodríguez Larreta debió dejar el plan Schiaretti para después de las PASO, siempre que pueda vencer a Bullrich.
Rodríguez Larreta ya ha hecho pública su idea de que para gobernar la Argentina en esta etapa se necesita una alianza cercana a los dos tercios del futuro Congreso. El candidato suele describir el ejemplo del gobierno de Macri, que no pudo superar la crisis económica y financiera durante su gestión porque no logró armar una mayoría parlamentaria que lo sostuviera.
Macri lo había hecho en los albores de su gobierno, cuando llevó a Massa al Foro de Davos para decirle al establishment financiero internacional que en el futuro lo podría suceder ese peronista de buenos vínculos con los mercados. Ya se sabe cómo terminó esa historia. En algún momento, Macri se sintió traicionado por Massa, lo bautizó “Ventajita” y lo sufrió luego como opositor encarnizado.
Ahora, Macri ha consolidado esa idea de la pureza del PRO y fueron con Bullrich los grandes objetores de cualquier tipo de alianza con Schiaretti. Sin embargo, Patricia también mira el escenario electoral y sabe que se encontrará con los mismos obstáculos que tumbaron a Macri hace cuatro años. Por eso, con el estilo sorpresivo que la caracteriza, hizo su jugada este último miércoles. Lanzó un globo de ensayo que impactó a muchos.
El miércoles, durante una entrevista con el periodista Pepe Gil Vidal por CNN Radio, explicó que después de las elecciones intentará construir una mayoría parlamentaria nada más, y nada menos, que con los populistas libertarios de Javier Milei.
“Si yo soy la candidata de Juntos por el Cambio voy a poder articular con el bloque La Libertad Avanza, y lograr aprobar las leyes principales que vamos a mandar al Congreso”, detalló la ex ministra de Seguridad. Y completó afirmando que ese acuerdo le permitiría armar la “arquitectura y la ingeniería jurídica” para darle previsibilidad a la Argentina.
Lejos de pensar en aliados
En el otro andarivel, Sergio Massa está muy lejos de poder pensar en aliados para el Congreso o fuerzas que acompañen al Gobierno. Su problema es la inflación, la renovación del acuerdo con el FMI y Cristina, quien debe bendecirlo al final del camino para que se convierta en el candidato del Frente de Todos, que el miércoles pasó a llamarse Unión por la Patria.
Massa apostó todo a conseguir que la inflación de mayo fuera menor que la de abril. Llevó el índice del 8,4% al 7,8% que se anunció el miércoles.
Pero sus cinco viajes a Washington y su jugada del dólar soja son premios consuelo al lado del presente que Massa le hizo a la Vicepresidenta. El sobreseimiento de Cristina Kirchner, que pidió su amigo (el fiscal Guillermo Marijuán), para la causa conocida como la “Ruta del dinero K” es apenas una muestra gratis de lo que el ministro de Economía pueda conseguir con su arte de la política. “Imaginate si fuera presidente”, es el meta mensaje.
Todos los caminos conducen a Roma y todas las señales del peronismo kirchnerista conducen a que Massa terminará siendo candidato a presidente del oficialismo. Intentaron convencer a Daniel Scioli para que se baje y no haya confrontación interna, pero el embajador en Brasilia resiste y hasta se permitió la ironía de poner en juego su desgracia personal de hace muchos años.
“No me bajo ni aunque me exijan tener los dos brazos”, le dijo a sus colaboradores. Estaba claro que nadie le iba a pedir semejante sacrificio. En la noche del miércoles, el peronismo se encaminaba a tener otra interna por la candidatura presidencial. La primera en treinta y cinco años. Desde aquel 9 de julio de 1988 en que Carlos Menem derrotó a Antonio Cafiero. Y el peronismo iniciaba la primera experiencia liberal de su historia.///
Fernando González, periodista y analista político