La verdad nos hará libres
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/05/Sociedad-9.jpg)
Por Carlos Ialorenzi y Myriam Mitrece
Colaboración
El pasado lunes 3 de mayo se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Este día fue instituido por la ONU con la idea de fomentar una prensa libre, pluralista e independiente. Es una buena ocasión para reflexionar sobre los comunicadores, los medios y la realidad que nos rodea.
El gran desarrollo de las comunicaciones debido a la tecnología que no para de sorprendernos, ha generado grandes cambios en la manera de ver el mundo y en nuestras relaciones interpersonales. Marshall McLuhan creó el concepto de aldea global que ha dado origen al de globalización. Planteó que los cambios sociales son consecuencia del efecto que las nuevas tecnologías ejercen sobre el orden de nuestros sentidos. Hoy las noticias corren a una velocidad impresionante. Las verdaderas y las falsas. Todo se consume y circula.
Los grandes medios reciben información de las agencias de noticias y de sus cronistas. Los pequeños por lo general consumen lo que publican los grandes. Es básico y fundamental en el buen periodismo chequear la información recibida además de la honestidad de lo publicado. Esa es la gran tarea del periodista.
¿Qué está pasando?
Desde chicos nos enseñaron que ante catástrofes o situaciones límite lo primero que había que hacer era mantener la calma y colaborar calmando a los demás. Una especie de punto de partida válido para un incendio, un tsunami o un avión que se viene a pique.
En situaciones que afectan a gran parte de la población, los comunicadores de los medios masivos tienen una función muy importante para transmitir la verdad y generar confianza a la sociedad. Es necesario estar calmado para tomar las mejores decisiones y conservar la vida.
Ante un incendio en un teatro, a nadie -con buen criterio- se le ocurriría correr desesperadamente en círculos por la sala gritando ¡Fuego, fuego, nos morimos todos! Eso fue lo que se hizo desde los grandes medios de comunicación, casi desde el primer momento de la «Era Covid». Muy raro. A contra corriente del sentido común. Y así como hace unos años se contabilizaba el «riesgo país» minuto a minuto (¿Alguien sabe cuál es el riesgo país hoy?) se comenzaron a contar infectados y muertos, con imágenes -a veces engañosas- de espanto mundial.
Poco se habla de los recuperados o del bajo porcentaje de letalidad del virus. Ni siquiera en los partes de guerra se contarían solo los caídos del propio lado. En este caso, sí.
También, siempre se nos dijo que la ciencia, diferenciándose de la opinión y del dogma, requería de pruebas que la avalen y necesitaba de la confrontación y refutación para avanzar. La mayoría de los medios (excepto honrosas excepciones) solo dan la palabra pública a los que coinciden con el discurso oficial aunque sea contradictorio, incoherente y hasta absurdo.
Otras vías
Hace años que la información nos llega por distintas vías. Ya no es exclusividad de los periodistas transmitirla. Hoy cualquiera con un teléfono celular con conexión a internet puede hacer como si fuera un cronista y relatar o mostrar un hecho. Pero también sucede que gran parte de los consumidores de información recibida por servicios de mensajería o por redes sociales, no chequean -deliberadamente o no- lo recibido y rápidamente contribuyen a hacerlo viral, sin medir las consecuencias de no haberlo cotejado. La vida tecnológica nos acelera y todo está a un «click» de distancia de nuestro dedo.
Este torbellino de datos y de información que se genera entre los medios tradicionales y los más recientes nos puede alterar la vida, sobre todo en épocas como la que estamos viviendo, pero también nos da la posibilidad de ampliar nuestro espectro informativo y no depender de las grandes agencias y de la corrección política de estas y sus grandes clientes.
Es así que gracias a los videos y relatos que aparecen en los mensajes de aplicaciones populares recibimos imágenes de protestas en contra de las cuarentenas en distintos países o también en algún lugar del nuestro, que muchas veces no aparecen en otros medios o quizás se las menciona sin dar detalles.
También por intermedio de las nuevas tecnologías -pese a los controles en la moderación de contenidos las distintas redes- podemos enterarnos de opiniones de destacados profesionales en distintas áreas, sobre otras formas de ver el flagelo que estamos soportando, como también conocer otros tratamientos elaborados por la ciencia para combatirlo.
Es inimaginable creer que hoy en un canal de televisión abierta o en una radio de gran alcance alguien opine contra la ideología de género o que hable bien sobre algún gobierno militar o que se oponga al izquierdismo cultural. Uno podría suponer que los medios no lo permiten quizás para no recibir sanciones, quizás por coincidencias ideológicas, o quizás por la autocensura que se impone el comunicador por temor a perder su trabajo. Callar por miedo es el gran riesgo.
Conocer la existencia de un hecho y otras opiniones nos da la posibilidad de investigar por nuestra cuenta y ampliar nuestro conocimiento. Ya se dijo hace muchos siglos, que la verdad, nos hace libres.///