La vida del hombre que creó el primer ladrillo de Necochea y dejó su huella en la historia
Fue uno de los primeros pobladores de la ciudad y su apellido ha sido muy importante en la sociedad
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A dos meses de un nuevo aniversario de la ciudad, es bueno recordar a las personas que hicieron posible el crecimiento de aquel incipiente pueblo, que luego se transformaría en una de las principales ciudades balnearias de la costa bonaerense.
Existen algunos apellidos profundamente arraigados en la memoria popular de los necochenses. Son los de aquellos hombres y mujeres que a lo largo de décadas dejaron su marca en nuestra sociedad y que aún viven en sus descendientes y en los recuerdos de los vecinos.
En su libro “Necochea, ciudad progresista y poética”, Eduardo Escobar cita algunos de los primeros vecinos que vivieron en nuestros pagos y cuyos apellidos aún son comunes y se diría que hasta tradicionales en nuestra ciudad.
En ese libro aparece el nombre de José Ignacio Galparsoro, considerado como el hombre que fabricó el primer ladrillo de Necochea.
En septiembre de 1938, el hombre falleció y en Ecos Diarios se titulaba una nota diciendo que "Ha fallecido el vecino que elaboró en Necochea el primer ladrillo". Allí también se contaba que el hombre "era dueño del único horno de ladrillos que hubo en los albores de este pueblo" y que "la radicación en estos lares del extinto vecino, databa de los años anteriores a la fecha de fundación del pueblo".
Galparsoro fue de los hombres que dieron los primeros impulsos a la vida industrial de la naciente población. "Es un detalle simbólico decimos, porque con ese primer ladrillo surgía el átomo inicial destinado a las construcciones de material de la hoy ciudad de Necochea", narraba Ecos Diarios hace 86 años, momento en el que fallecía este hombre.
José Ignacio Galparsoro había llegado a Necochea 60 años antes, cuando todavía no se había producido la fundación del pueblo.
Siendo autoridades locales Victorio de la Canal y Angel I. Murga, Galparsoro solicitó el primer permiso de trabajo, dedicando la mayor parte de su vida a las actividades rurales, destacándose por las relaciones humanas que tenía con mucha gente del momento. Su fallecimiento causó hondo pesar en los pobladores de aquel entonces.
Su esposa era Micaela B. de Galparsoro y tenía seis hijos: Ignacio G. de Laborde, Antonio, María G. de Rasquin, José J., Martín y Micaela G. de García.
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