La vida junto a un bandoneón
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2017/11/marrone19.jpg)
Mario Marrone compartió el escenario con algunos de los más grandes tangueros que tuvo la ciudad y en la actualidad, a los 83 años, sigue tocando
Por Juan José Flores – Redacción
Hubo un tiempo en que Necochea fue una ciudad profundamente tanguera. En aquella época varias orquestas animaban los bailes en las principales confiterías de la ciudad, una de ellas era Los Ases del Ritmo, dirigida por Carlos San Emeterio.
Entre los integrantes de la orquesta se encontraba Mario Marrone, un joven bandoneonista admirador de Aníbal Troilo.
No había estudiado música y tocaba de oído, pero ello no le impidió, con el paso de los años, integrar algunas de las más recordadas agrupaciones de tango de la ciudad.
Hoy con 83 años, Mario sigue tocando. Integra el Sexteto 2×4 y disfruta del tango y los innumerables amigos que le ha dado la actividad.
Con su esposa tiene una hija, tres nietos y pronto será bisabuelo. Bombero durante 30 años, Marrone se retiró de la fuerza en 1991, pero asegura que está “retirado, jubilado no”.
Desde la infancia
Mario Marrone pasó la infancia en un tambo cercano a Las Grutas. Allí debía levantarse temprano para ordeñar, porque en aquellos años no había máquinas que lo hicieran, como en la actualidad.
Su camino en la música comenzó a los once años. Uno de sus hermanos tenía un bandoneón y él empezó a jugar y sacar las primeras notas. El tango era la música que se escuchaba en la radio a batería que tenían en su casa.
Debido a la distancia que vivía del pueblo, no pudo estudiar música y tampoco podía concurrir a la escuela, aunque logró terminar sexto grado.
Eso no fue impedimento para que cuando su familia se vino a vivir a la ciudad, comenzara a vincularse con algunos músicos y lograra hacerse su lugar.
El primero que lo convocó fue un cuñado que tenía una orquesta que tocaba en fiestas que se realizaban los fines de semana en Las Tocas, La Malacara y otros parajes del Partido de Lobería.
“Me fui haciendo. Siempre tuve la suerte de tocar con grandes músicos. Como no tengo conocimiento musical, necesito de la ayuda de otros”, dijo Marrone, que a pesar de la extensa experiencia no pierde la humildad.
Fue así que en el 57 San Emeterio lo convocó para integrar Los Ases del Ritmo, una orquesta que tocaba en la recordada confitería La Ideal, en pleno centro de la ciudad.
Con esa agrupación también tocó en el Club Progresista, en el barrio Estación Quequén y el Club Boca Juniors. “Ahí tocamos con los Cinco Latinos, cuando recién se habían formado”, recordó.
Volver al tango
Marrone reconoce que durante toda su carrera tuvo grandes compañeros que le enseñaron lo que sabe de música. Destaca especialmente a Ernesto Di Caro y Orlando Di Bello.
Con este último Mario tocó en el Teatro Municipal en el ciclo Patio de Tango.
Otro bandoneonista, Víctor García, lo convocó hace unos años para realizar un espectáculo en el Teatro París en el que había siete violines, piano, contrabajo y un cantor que era Jorgito Castro.
Fue precisamente García el responsable de que en la actualidad Mario continúe tocando. Es que hace unos años Marrone sufrió un ACV, estuvo internado y luego un tiempo en silla de ruedas.
Su amado bandoneón quedó así relegado a una silla durante algo más de dos años , al lado de la cabecera de la cama.
Pero, a pesar de los problemas de movilidad, Marrone no había olvidado su extenso repertorio tanguero, por lo que a García no le costó mucho convencerlo para volver a subir a escena.
Es así que desde hace unos meses Mario se sumó al sexteto integrado por García, el pianista Jorge Fishman, el bajista Andrés Varela, el cantante Raúl Arregui y el animador Jorge Castro.
Vivir con la música
“De la música no vive casi nadie”, afirmó Mario, que en la adolescencia trabajó en una casa de materiales de construcción y que como bandoneonista tocó en todos lados, incluso en un night club del puerto.
Pero, en determinado momento se quedó sin trabajo y recordó que el jefe de Bomberos, que lo conocía, le había propuesto ingresar a la fuerza.
Así que el 15 de septiembre de septiembre de 1961 se dirigió hasta el cuartel de bomberos, que funciona en la calle 55 entre 60 y 62, donde en la actualidad hay un edificio.
Quince días más tarde ingresaba como aspirante a la fuerza y desde entonces hasta diciembre de 1991, dividió su tiempo entre la familia, el bandoneón y el cuartel.
Como bombero estuvo en uno de los incendios más grandes que se registraron en el Parque Miguel Lillo y también en dos siniestros de proporciones dantescas que quedaron en la historia de la ciudad de Mar del Plata: el de la tienda Los Gallegos y el de Casa Tía.
Mientras, como músico, siguió tocando aún cuando desaparecieron las orquestas y los grandes espectáculos. En su trayectoria acompañó a Cesarito Alvarez y a Juan José Velázquez, con este último animó durante años los bailes del Centro de Jubilados.
Tocó en La Ideal, pero también en locales hoy casi olvidados, como Fortacho’s y Mamaca.
Mario recuerda los años en que César Alvarez, Mario Giunti y Falcone tenían sus propios cuartetos. Hoy la mayoría de esos músicos han desaparecido, al igual que el interés de los jóvenes por aprender a tocar el bandoneón.
“Es muy complicado aprender y hay que dedicarse mucho para poderlo dominar”, dijo Mario, que compensa algunos problemas de movilidad de sus manos con un gran oficio.///
PERFIL
Recuerdos: Mario recuerda que cuando llegó a Necochea la ciudad era extremadamente tranquila: “Dormíamos con las puertas abiertas”.
Idolos: siempre admiró a Aníbal Troilo, Leopoldo Federico y Néstor Marcó.
Bombero: Antes de retirarse, Mario fue enviado a Juan N. Fernández para formar allí un destacamento de la fuerza