La vieja estación de trenes de Quequén luce devastada
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Al incendio que sufrió hace un año y medio atrás, se le suman los robos y los actos vandálicos. Abandono y desidia en un sector histórico
A un año y medio del incendio, la vieja Estación de Ferrocarril “General Roca” de Quequén está cada vez más desmantelada, no sólo por el siniestro que destruyó gran parte de la estructura sino también por los robos constantes y actos vandálicos contra lo que queda en pie.
Hoy sólo quedan algunas paredes, innumerable cantidad de escombros y no mucho más porque se han robado baldosas, muebles, vidrios, chapas, carpintería y todo aquello que se podía reutilizar.
La vigilancia, por supuesto, brilla por su ausencia. Tampoco se han hecho gestiones concretas para restaurar el edificio. Sólo hubo alguna que otra expresión de deseo, pero no mucho más que eso.
En una recorrida que hizo Ecos Diarios por el lugar, se pudo ver que cada vez hay menos techo porque se han llevado gran parte de las tejas. Tampoco quedan aberturas de madera porque también las han robado. En el interior, sólo se ven escombros, vidrios rotos, paredes escritas e indicios de lo que fue el incendio. De los aleros de chapa, queda poco porque varias de las planchas ya se las han llevado. Paredes caídas a las que le faltan también ladrillos y yuyos y pastos altos que tapan las vías del tren, completan una postal desoladora.
Quienes recuerdan la vieja estación de trenes en su esplendor, con el movimiento que supo tener en su momento, no creerían el estado en que se encuentra si se acercaran a recorrer lo que queda del edificio.
Lamentablemente a esta estructura le espera el futuro que han tenido otros edificios quemados y abandonados. En este sentido, en nuestro distrito podríamos hacer una lista interminable porque pareciera que todo lo que está abandonado, se incendia.
Pero no sólo es preocupante el abandono, sino que la vieja estación se ha convertido en un lugar peligroso. A veces se juntan chicos a jugar en el lugar, con el peligro que implica estar debajo de una estructura que pende de un hilo. En cualquier momento, se puede caer un fierro, una viga o mampostería y dañar a alguien.
Pero más allá del peligro y de lo que significó la vieja estación de trenes, nadie hizo nada. Se quemó y ahí quedó. Es de esperar que se resuelva, que se piense una solución para ese lugar, que ahora no hace más que atraer vándalos y generar un foco infeccioso en un barrio histórico de Quequén.
El incendio
El 30 de julio de 2018, alrededor de las 19, comenzó a salir humo del edificio ubicado en 563 y 580 y poco después llegaron al lugar una dotación de Bomberos Quequén y otra de Necochea. Ya un importante número de personas había llegado hasta allí preocupado por el fuego.
A pesar del intenso trabajo desarrollado por los Bomberos, el material de la construcción, en su mayor parte madera, hizo imposible sofocar el incendio que se extendió rápidamente a la mayor parte del edificio.
Lo que era la sala de esperas, la boletería y otras oficinas de la estación resultaron arrasadas por las llamas.
Los pisos de pinotea, la madera de puertas y ventajas y también la estructura del techo, tomaron fuego inmediatamente y se produjo una espesa humareda.
El incendio también consumió los muebles que quedaban en el interior de la estación.
El incendio provocó conmoción entre los vecinos, ya que el edificio supo ser un símbolo de la comunidad.