La “viveza criolla” vs. el contribuyente
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El escritor argentino Marcos Aguinis, en su libro El atroz encanto de ser argentino, habla de la famosa «viveza criolla» y la define “como una costumbre argentina que tiene un efecto antisocial, segrega resentimiento y envenena el respeto mutuo. Sus consecuencias, a largo plazo, son trágicas, en el campo moral y económico”.
En tanto la enciclopedia libre Wikipedia dice que “la “viveza criolla” es una frase hecha o frase literal de español de cuño particularmente argentino, que describe una especial manera de enfocar la vida en Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, así como también en Venezuela y otros países latinoamericanos. La llamada viveza criolla, cuyo significado es muy claro en la zona de influencia del Río de la Plata, ha sido señalado por algunos como una de las causas principales de la profunda crisis política, social, y económica, que soporta actualmente la Argentina.
La expresión contempla y engloba una especial filosofía de vida, de querer siempre obtener alguna ventaja, de querer siempre recorrer la línea de mínima resistencia y mayor comodidad, la que en algunas zonas tanto de Argentina como de Paraguay y Uruguay se extiende en todos los niveles socioeconómicos, priorizándose este aspecto respecto de cuestiones éticas, morales, y de principios. El concepto así expresado es bastante similar al jeitinho brasileiro, expresión de uso corriente en Brasil.
La «viveza criolla« incluye: Falta de respeto para otros e indiferencia al bien común, en un marco de intereses principalmente individuales o a lo sumo familiares.
Existencia de una notoria corrupción política y administrativa, más o menos extendida en todas las instituciones nacionales, y bajo muy diversos aspectos, y entre otros, apropiación de fondos públicos por parte de funcionarios y jerarcas deshonestos, favoritismos de todo tipo, mala administración de recursos estatales, atención de cuestiones personales y familiares desde los propios puestos de trabajo, etc. Ello incluye el soborno a las autoridades.
Individualismo extremo con mezcla de confianza y desconfianza e incluso de intrigas, con cierta ligera capacidad de cooperación y acompañamiento en objetivos socio-comunitarios, con la finalidad tal vez de parecer otra cosa, o de desviar la atención, o de intentar lavar las propias culpas (la confianza en las personas es un componente clave de capital social, que es crucial para el desarrollo económico y el apropiado funcionamiento de las instituciones democráticas, pero si el mismo falla y en forma generalizada, todo se derrumba). Anomia o debilitamiento de la moralidad, y frecuentes desviaciones sociales, como el punto de partida de la general aceptación de un comportamiento anómalo de la sociedad. Hábito generalizado de culpar a los otros y a las circunstancias como forma de disimular los propios errores. Actitudes contrarias a los principios éticos”.
¿Cómo se manifiesta diariamente?
Al extrapolar los conceptos del escritor Aguinis y de Wikipedia a nuestro ámbito podemos agregar que esta “viveza criolla” se comprueba simplemente en una importante cantidad de servicios o comercios. Hay una norma de Afip que obliga aceptar tarjeta de débito en diferentes actividades esto aquí, en Necochea, no se cumple.
Mercados, verdulerías, almacenes, restaurantes, espectáculos, bares, panaderías, confiterías, tiendas, hospedajes, profesionales y demás hacen caso omiso de esta normativa en contra de su clientela, que se transforma en cómplice en la pasividad. Hay sobrados ejemplos de excusas como: todavía no me conectaron el “posner” o que este no anda. Otra tolerancia del público consumidor es no pedir la factura de la compra y de así hacerlo, parecería en el mayor de los casos, que se le está haciendo un favor al entregarla. Cuando no surge la excusa que, “el talonario lo tiene el contador”, “hago factura electrónica y está caída la página de Afip” entre otros argumentos ahuyentadores para que el molesto solicitante, se canse y abandone su cometido.
Por otro lado, teniendo en cuenta la condición de ciudad turística es incomprensible que no sea habitual la venta con tarjeta de crédito o débito. Esta negación atenta contra la adecuada atención que merece quienes han elegido nuestras playas para veranear.
Se aduce que el régimen tributario que rige en la Argentina es confiscatorio y, de abonar todos los gravámenes se hace casi imposible la rentabilidad de diferentes comercios. Esto puede considerase cierto, y es una responsabilidad del Estado propender a que no fuese así, pero, mientras tanto a la ley hay que respetarla y cumplirla.
Esta distorsión que genera la economía en negro, permite en ciertos rubros, por la magnífica rentabilidad, la cómoda compra de vehículos, casas o reiterados viajes al exterior por sólo señalar algunas de las prebendas que permite la evasión. En el otro lado está el contribuyente formal y vigilado por Afip desde el controlador fiscal que ve absorto como su vecino evoluciona y progresa, él que lo mira de soslayo como diciendo: “fíjate la nave que me compre”.