Las bibliotecas populares, entre las restricciones y las dificultades económicas
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Víctor D’ Annunzio, tesorero de la biblioteca de Quequén, aseguró que han sido dos años “muy complicados” para la entidad
Las bibliotecas populares atraviesan muchas dificultades. Por un lado, las restricciones en sus diferentes etapas apenas les han permitido abrir sus puertas en este casi año y medio transcurrido y, por otro, los inconvenientes económicos siguen poniendo en peligro la continuidad de varias entidades culturales.
Víctor D’Annunzio, tesorero de la biblioteca de Quequén, aseguró que han sido dos años “muy complicados”. Ahora, por ejemplo, están trabajando adentro pero no permiten el ingreso del público y apenas realizan algún préstamo de libro. Y si no se prestan servicios, es muy difícil cobrar la cuota social, a excepción de un grupo personas que actúan como socios protectores y colaboran todos los meses para sostener la institución.
Las ayudas del Estado, por medio de subsidios, no alcanzan para cubrir todos los gastos: los sueldos de tres empleados (bibliotecaria y dos auxiliares), las cargas sociales y servicios (gas, luz, Internet, teléfono, etc.)
“El problema más grave son las cargas sociales”, reconoció D’Annunzio, quien dio cuenta que la cantidad de socios se ha achicado mucho desde el año pasado. De todas maneras, logran mantenerse con los socios protectores y con los subsidios que van llegando.
Aportes
Ahora esperan el aporte anual de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), mientras que en enero cobraron por primera vez el Fondo de Fortalecimiento para las Bibliotecas Populares (Andrés Ferreyra, Sarmiento, Quequén y Juan N. Fernández), que está conformado por un porcentaje del canon de las concesiones municipales nuevas. En este caso, la Biblioteca de Quequén cobró $53.000.
Sobre este tema, se espera una convocatoria de la comisión de Cultura del Concejo Deliberante, donde se va a informar en detalle a las bibliotecas lo recaudado a través de este fondo. Cuando se aprobó la ordenanza, se había formado una comisión con representantes de las bibliotecas y de los concejales, pero no se ha vuelto a reunir.
Además, en forma mensual, el municipio entrega a la entidad lo correspondiente a la tasa de la Patrulla Bonaerense, que se cobra a través de la Usina, que son alrededor de $26.000. Si bien ahora se cobró enero, todos los meses se viene depositando en tiempo y forma. “Nosotros tenemos el 2% de esta tasa, mientras que hay otras entidades que tienen el 10 o el 12%”, se indicó.
También reciben la subvención mensual de la Dirección de Bibliotecas para pagar el sueldo de una bibliotecaria, pero no alcanza para cubrir el salario completo. “Además tenemos que pagar nosotros las cargas sociales y los sueldos y las cargas sociales de las dos auxiliares”, se explicó.
Las bibliotecas populares estuvieron cerradas desde marzo 2020 hasta marzo 2021 y, si bien ahora están abiertas, no están recibiendo público, sino que solo hacen trabajo interno. Por estas restricciones, tampoco han podido renovar las autoridades porque no se pueden hacer las asambleas.///