Las bochas en el corazón
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Teresa Márquez, campeona argentina y sudamericana, vendió sus medallas de oro para pagarse su casa. El Círculo de Periodistas la distinguirá como “Gloria Deportiva”
“Yo siempre me destaqué por ser bochadora, me ponías una bocha y yo te iba a defender a palos, como fuera”. Teresa Márquez, la “Chacha” y su forma tan particular de definir las cosas. Esta notable representante del deporte local y nacional recibió a Ecos Diarios en su casa de la calle 70, en pleno Barrio Canillita, donde pasó gran parte de su vida y ahora rememoró grandes momentos de su carrera deportiva, a la que le dedicó 43 años, logrando poner a Necochea y la Selección Argentina en lo más alto. De hecho, por esos logros y muchos más, el Círculo de Periodistas Deportivos decidió darle más vigencia que nunca y entregarle la distinción especial de “Gloria Deportiva” en la Fiesta del Deporte de este jueves, algo que ella no esperaba. “Es un mimo al corazón a esta altura de mi vida”, aseguró.
Hoy Teresa peina canas, disfruta de su hogar, su barrio y sus vecinos, de sus dos hijas y tres nietos, pero guarda un cariño especial por las bochas, una disciplina que la vio rotundamente ganadora y la llevó por todo el país. “Realmente fue una etapa maravillosa de mi vida, el trayecto fue largo, llegué al Club Rivadavia cuando estaba para cumplir 14 años de la mano de mi papá, que también era bochófilo, y comencé a jugar en los internos del club, que se hacían todos los años. Era como imposible integrar equipos porque había gente anterior a mí y estaba muy arraigada a la institución, pero seguí jugando hasta que llegó mi día”, relata con claridad Márquez, quien añade detalladamente que “algunas se casaron y otras se retiraron, mientras yo seguía practicando y pude llegar adonde llegué, el equipo de Rivadavia, la selección de Necochea y así representar a mi ciudad en todo el país, puedo decir que me he recorrido el país de punta a punta jugando a las bochas, con alegría y sinsabores”, señala, y asegura a su vez que todas las etapas de su vida fueron plenas, “la de mi profesión como enfermera, trabajé casi 40 años en el Hospital Municipal y hoy estoy jubilada, la de esposa, madre y abuela, pero la deportiva fue lo más”, enfatiza sin dudar.
El Nacional y el Sudamericano
A la hora de los logros, Teresa rememora el Sudamericano con la Selección nacional a mediados de los ’80, como también el Nacional de 1970 con Necochea en la modalidad de tríos, acaso en lo que fue el logro más importante de este deporte a nivel local por tercetos. “Creo que logré lo máximo en la carrera, que fue el sueño de cualquier deportista”, es decir “integrar la Selección Argentina y haber salido campeón sudamericano, ese fue el logro máximo que tuve”, aseveró, aunque no deja de lado el año 1970, al expresar que “todos los torneos tienen su importancia y creo que el Nacional con Necochea fue muy importante. Ese año la selección de la ciudad se formó con Vilma Gaggero de Leys, Ángela Suárez, mi hermana Blanca Márquez y yo. Éramos los “piches” del Argentino que se realizó en Bahía Blanca, pero fuimos pasando etapas y etapas hasta que llegamos a la final con el equipo más fuerte que había en el país, que era el de Capital, y fue un partido largo y difícil, y cuando mi hermana pone la última bocha (en esa época se jugaba a 18 y no a 15 como ahora) le tiraron hasta con la zapatilla, pero ahí se logró salir campeón argentino entre llantos, gritos y una emoción inmensa. Un campeonato argentino era lo más en nuestra disciplina en ese momento, hasta que con los años apareció el Sudamericano, a mediados de los ’80, pero mientras tanto lo máximo era el Argentino, donde competían 16 o 17 provincias”.
El valor de una casa
Sin embargo, más allá de estos dos logros y los incontables trofeos y medallas que cosechó, las bochas pasaron a tener un valor simbólico incalculable en su vida, cuando sirvieron como medio para poder solventar los gastos de lo que hoy es su vivienda. La “Chacha” lo revela con una anécdota impactante, que según ella, nadie la sabe. “Las bochas pasaron a ser un hermoso recuerdo de mi vida, aunque para mí las bochas fueron, ya está. Fue una gran etapa porque jugué 43 años, pero a partir del fallecimiento de mi marido es como que … (hace una pausa), hoy ni siquiera se me ocurre pensar en las bochas. Lo tengo muy guardado en mi corazón y tengo una anécdota muy fuerte: esta casa en la que vivo era una casa de barrio (Barrio Canillita), y alrededor del año ’78 u 80 salió una ley que hacía que la gente vendiera las casas, ponía la plata en plazos fijos, vendía el oro que era carísimo y muchos ponían en las financieras, que cerraron y así quedaron todos sin casas y sin pertenencias. Y en esa época se jugaba por medallas de oro, y había yo logrado un montón, hasta lingotes de oro tenía. A todo esto el banco nos llama que teníamos que saldar la casa al valor actualizado y la cuota era el sueldo de mi marido o el mío, y nos agarró la desesperación, “ahora qué hacemos”, aún con mi marido trabajando en el banco no podíamos sacar un crédito. Pero un día regreso de trabajar y me pregunté “para qué quiero todas esas cosas de oro que tengo ahí, y si me sirvieran para pagar la casa”. Entonces recogí todo y lo dejé en una bolsita aquí en el comedor y le dije a mi marido ‘Hugo, ahí en la mesa hay un paquetito, llevá y vendelo y vemos qué hacemos’, a lo que me dijo “gorda estás loca, esto es tu trayectoria”, ‘qué me importa la trayectoria Hugo, andá y vendelo y vemos qué hacemos’, le respondí, y con eso saldamos la casa, así que hoy mi casa tiene ese valor: bochas. Está ligado totalmente, incluso mis hijas a veces me dicen por qué no la vendo y me compro un departamento, pero no, hay una historia detrás de todo esto. Así que de acá me van a sacar sabés cómo no …”, cerró la sentida anécdota entre risas.
La actualidad
Sin embargo, las bochas como disciplina no tienen ese lugar de preponderancia actualmente en la rama femenina, e incluso, Teresa remarca que fallaron varias cosas para que no se diera un recambio generacional, al expresar que “actualmente pienso que los deportes están como el país, recuerdo que en un momento Rivadavia era lo más, tenía fútbol, casín con campeones mundiales, básquet, pero hoy está todo muy precario. Hay mucha competencia pero no se pasa de Necochea y nos quedamos en amagues. Por ejemplo, las bochas desaparecieron, si bien aparecieron las canchas sintéticas, que parecía que todo estaba genial, pero eso desvirtuó totalmente el juego de las bochas y así empezó a desaparecer, y durante estos días he estado mirando que se hizo un campeonato no sé de qué nivel y está jugando la misma gente que lo hacía cuando jugaba yo, entonces la juventud no se acerca a las bochas, pero tampoco hacemos nada para que se acerquen. En ese sentido creo que estamos en un pozo difícil de salir”.
Más aún, apunta que en la sociedad en general hay un concepto muy equivocado con las bochas. “Hay gente que cree que es un deporte para viejos porque no atrae juventud, pero es un deporte de precisión, y pegarle a una bocha desde 23 metros corriendo no es fácil, ni tampoco arrimar una bocha. Es un juego de mucha disciplina y mucha prestancia, no es fácil y no es un jueguito de los viejitos, sino que es un hermoso deporte y noble, puedo decir que los mejores amigos los logré jugando a las bochas”.
Rivadavia, Boca y Defensores
En tanto, al ser consultada sobre si mantenía su vínculo con Rivadavia y si estaba al tanto del reciente recambio de autoridades, Márquez enfatizó tajante que “en Rivadavia cerraron la cancha de bochas y nos fuimos alejando, yo terminé jugando en el Club Boca y también estuve por Defensores, a quienes agradezco porque me trataron maravillosamente bien. Rivadavia hoy es sólo un recuerdo y me duele en el alma el club, ya que antes era el referente y punto de encuentro de Necochea, vos decías adónde te encuentro y te decían andá al Club Rivadavia, todo el mundo se encontraba ahí, y hoy es lamentable hasta pasar por la vereda, a mí me duele el Club, todavía me duele…”, repite y se queda pensativa.
Firme en sus ideas, y con mucha frescura para responder a pesar de los años, Teresa transita la vida como una campeona que es, y vive agradecida. “Gracias a las bochas fui reconocida en todo el país y pude llevar el nombre de Necochea por cuanto lugar recorrí, así que ya está… las bochas están en un rinconcito de mi corazón”, manifestó.