La Justicia, con más fallas que aciertos
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Son muchos los casos en los que se ocupa de nimiedades y no se aclaran los hechos de importancia. Una sensación de indefensión en la sociedad
Las fuertes críticas que hiciera el intendente Facundo López a través de Ecos Diarios al accionar de la jueza de garantías Aída Lehz, a quien acusó de entorpecer la aclaración del robo que sufriera su hermana Jimena en su vivienda, puso en el tapete el sentimiento de muchos ciudadanos, más anónimos que el jefe comunal, que también se han sentido o se sienten no amparados por la Justicia.
Las declaraciones de López desnudaron falencias clásicas y consentidas de un sistema judicial que desde hace años es lento, burocrático e indolente.
A la comunidad, al vecino de a pie que es víctima de un robo, ataque y otro delito, les queda la sensación de que no está protegida como debería ser y abona el hecho de que la Justicia parece estar al servicio de los delincuentes y no de los ciudadanos, como citara el jefe comunal en su catarsis.
Un enjambre burocrático
La burocracia, instalada en varios estamentos del Estado, es sin dudas uno de los causales para que el país no avance hacia la modernización y el buen funcionamiento de su sistema público.
Y precisamente la Justicia es un ámbito en el que priman infinidad de pasos y trámites que no hacen más que dilatar las causas o perder tiempo en hechos menores y no avanzar en los que involucran pérdidas de vidas o cuantiosos robos.
Citaciones y más citaciones para declarar por agresiones o cuestiones menores, judiciales si, ocupan al personal un valioso tiempo y descuidan u “olvidan” a los hechos salientes. Y esa actitud termina siendo una complicidad para con los delincuentes.
Inoperantes e indolentes
No basta ser un experto en temas judiciales para saber cuándo se está perdiendo el tiempo y que los delinquen se salgan con las suyas, por caso en los robos de objetos, haciéndolos “desaparecer” a las horas o en el de los autos enviándolos a otras ciudades para fraccionarlos en autopartes.
El caso de Jimena López, y no la disposición de la jueza Lehz a ordenar un allanamiento cuando se le proporcionaron todos los detalles del lugar en el que estaban los elementos, es moneda corriente y no resiste menor análisis.
Al respecto se puede recordar un caso sucedido en febrero de 2016, cuando un grupo de turistas fue despojado de varios objetos de valor de la vivienda que alquilaban, entre ellos una computadora con GPS, que a las pocas horas empezó a mandar imágenes del presunto autor del atraco y hasta del lugar en el que se hallaba.
Los damnificados dieron todos los datos a la Policía y Fiscalía para que se actuara con rapidez, pero el allanamiento se demoró y cuando se hizo efectivo, la computadora ya no estaba.
En la cadena de casos sorprendentes se puede citar el accidente de enero de 2015 en el que una mujer falleciera al ser atropellada por un motociclista que iba corriendo una picada.
El autor, identificado por varios testigos recién será juzgado el 30 de septiembre de 2019, luego de mil y un trámites. Mientras tanto ha permanecido libre y en caso de dictársele una pena por homicidio culposo es muy difícil que vaya preso, por el tiempo que ha transcurrido.
Otro caso en el que sin dudas tuvo que ver el relajamiento de la Justicia, y que terminó cobrándose la vida de una persona, fue el acontecido en Quequén, donde Horacio Pizzi le quitó la vida a Carlos Farías acusándolo de un robo de herramientas. Sucede que Farías estaba prófugo desde hacía tres meses por otra causa, y en tal periodo no lo hallaron ni la Policía ni la Justicia, pero si Pizzi.
La demora, tardanza y llamativos fallos acapara a todas las áreas de la Justicia, más allá de la penal. Por caso sorprende que se restituya a niños a hogares donde han sufrido todo tipo de vejaciones y que se vuelvan a reiterar, porque el escenario no ha cambiado. Más allá de los que establece la Ley, es el juez quien debe establecer qué es lo mejor para la víctima.
De lento accionar
Por tratarse de una ciudad relativamente chica, no es complicado enterarse el accionar de algunos funcionarios públicos, en este caso los relacionados a la Justicia.
Se sabe de fiscales que se molestan e insultan a quien los llama de madrugada, porque un ciudadano ha ido a una comisaría a hacer una denuncia de un hecho grave y se lo convoca a tomar cartas en el asunto.
Con su superior como referente a través de sus actitudes, también hay instructores que trabajan en “cámara lenta” a la hora de las investigaciones, que obviamente en muchos casos terminan siendo ineficaces, transformados en una carpeta más para el archivo.
También se sabe de denuncias que se hacen en reparticiones policiales y tardan varios días en llegar a las correspondientes fiscalías para su investigación, lo que “ayuda” a quien delinque. Y lo peor es que desde la Justicia no se apercibe a quienes demoran ese traspaso de esas denuncias.
Desde lejos se percibe que como estamento perteneciente al Estado, “cada uno atiende su juego” y lo que menos importa es el ciudadano de bien. Paradójicamente una injusticia, por cierto.
Bajo estas actitudes e inoperancia, a veces cometidas en forma consciente, se abona aquella frase que sostiene que cuando la Justicia es lenta, termina no siendo Justicia.///