Las maravillas riojanas
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El Parque Nacional Talampaya y la Reserva Laguna Brava, entre los sitios más importantes e imperdibles para conocer
Paisajes ondulados, quiebres abruptos, paredones que te cierran el paso y también horizontes amplios, vegetación achaparrada salpicando montañas verdes, marrones, rojizas o negras de modo armónico, como si fuera una pintura.
Un manchón de nieve. Frío y calor, según la altura y el momento del día, con pocas horas de diferencia. Aceitunas, nueces, duraznos, membrillo, quesillo de cabra y dulce de cayote. Un buen vino torrontés y también malbec o cabernet.
Historias de caudillos y niños milagrosos. Dos ciclistas que saludan, aunque el esfuerzo de la subida tensiona los cuerpos. Eras geológicas que se leen en el paisaje. Sequedad en la piel. Piedras que maravillan por su perfecta redondez, formas caprichosas que inspiran la imaginación. Respiración que se agita en la altura. Una laguna que ruge.
Música en un cañadón cuando suena una chaya riojana. Ecos aquí y allá. Gente amable que te recibe con una sonrisa. Un cielo de muchas estrellas, impecable.
Estamos en la provincia de La Rioja, en la zona oeste, junto a la Cordillera. Todas estas postales desordenadas van conformando un viaje inolvidable.
Con base en la ciudad de Villa Unión y con el objetivo de organizar tantas imágenes, paisajes, sabores y actividades, aquí va una guía con imperdibles para descubrir la riqueza infinita del lugar. Y enamorarse.
Villa Unión
Puede ser la base, el punto de partida para explorar la zona. Es la cabecera del departamento General Felipe Varela, que tiene 1.200 camas entre hoteles, posadas y cabañas (700 corresponden a Villa Unión).
¿Qué ver acá además de hospedarse? El Embalse Lateral, nacido por necesidad para el riego y devenido en un atractivo turístico; el Mirador La Loma -hay que subir 136 escalones- para obtener buenas postales del Valle del Bermejo; y la Iglesia Nuestra Señora del Rosario.
Petroglifos
El Cañón de Anchumbil muestra los diseños de los antiguos pobladores en las rocas.
La bóveda está llena de juguetes, dibujos, flores, chapas recordatorias, cartas. No es el único. Muy cerca, en el cementerio de Banda Florida descansa otra niña milagrosa, Marita, también rodeada de ofrendas.
A ocho kilómetros está el Cañón de Anchumbil. La propuesta de los guías locales es caminar dentro del cañón, descubrir un hilo de agua que acompaña el recorrido, ver pinturas rupestres y dejarse llevar por la sensación de estar en otro mundo.
Vallecito Encantado
Tomando la Ruta 40 rumbo al oeste, a un costado aparece Vallecito Encantado. Lo de “vallecito” le va de maravillas: es una hondonada donde las geoformas dan rienda libre a la imaginación. Cada uno puede encontrarle nombre al tallado caprichoso que adquieren las piedras en este lugar.
Lógicamente, hay algunos hitos famosos con los que todos quieren la foto. Es el caso de la Copa del Mundo o el Sombrero Mexicano.
Vallecito Encantado se puede combinar con una visita a Guandacol, a 15 kilómetros, segunda ciudad en importancia del departamento donde se puede ver la Casa de Felipe Varela -que conserva sus paredes de adobe y está camino a convertirse en museo- ya que el caudillo tenía tierras en esta zona;la iglesia San Nicolás de Bari, que tiene más de 200 años; el Olivo Histórico -dicen que bajo su sombra descansaron las tropas que iban camino a Chile para unirse al General San Martín.
Parque Talampaya
Es el destino estrella de la región y también uno de los 28 finalistas que buscan ser elegidos como Maravillas Naturales de la Argentina. Talampaya recibe unos 70.000 visitantes por año y tiene una particularidad: todos los circuitos se realizan con guía, sea a pie, en bus o en bici.
¿Cómo funciona? Todos los visitantes deben abonar la entrada al parque. Esa entrada incluye una opción de paseo en vehículo de una hora y cuarto, con horario fijo, que requiere reserva previa online. Junto a las oficinas está el Sendero del Triásico: un circuito entretenido, ideal para los chicos, que muestra cronológicamente, las distintas especies de dinosaurios que habitaban esta zona.
Antes de explorar, un poco de historia sobre la protección de esta área. El Parque Provincial se creó en 1975. En 1997 se convirtió en Parque Nacional y en 2000, Patrimonio Mundial de la Humanidad, junto con Ischigualasto, en San Juan.
El Parque Nacional Talampaya tiene 215.000 ha. Su emblema es la mara o liebre patagónica junto con los petroglifos, el algarrobo y la geoforma del rey Mago. Protege una muestra de la ecorregión del Monte de las sierras y bolsones, yacimientos arqueológicos y paleontológicos de importancia mundial. El acceso está en la ruta 76. El área de servicio Cañón de Talampaya está a 59 km de Villa Unión y 30 kilómetros de Pagancillo. También hay una entrada, Cañón del Arco Iris, a 74 kilómetros de Villa Unión.
Guías y guardaparques remarcan la importancia del lugar, un parque de diversiones para paleontólogos: es la única área conocida que contiene una secuencia completa de sedimentos continentales con abundante flora y fauna del Triásico. Un período que representa el origen de los mamíferos y de los dinosaurios.
Cuesta de Miranda
Volvamos a la Ruta 40, pero yendo hacia el este. Una primera parada debería ser en Aicuña, un encantador pueblo mínimo de menos de 400 habitantes que parece detenido en el tiempo con su calle de tierra, pircas, nogales y hasta una bodega.
No hay señal de celular, solo wifi. Luego sí, es tiempo de encarar la Cuesta de Miranda, una circuito panorámico -considerado uno de los diez mejores paisajes de la Ruta 40- y, hay que aclararlo, asfaltado, lo cual facilita el paseo.
Del otro lado, Chilecito, con sus bodegas y la mina La Mejicana, entre otros atractivos.
Laguna Brava
Imperdible el trayecto, imperdible el lugar. La aventura comienza saliendo de Villa Unión por la ruta 76 rumbo a la Reserva Laguna Brava (190 km). Pasamos por Vinchina, un pueblo con casas de adobe de 300 o 350 años. Una de ellas tiene un curioso balcón.
Cuentan que pertenecía a un tal Martínez, que lo construyó para que su esposa lo viera irse con el arreo y regresar. Saliendo del pueblo, hay que detenerse en la “estrella diaguita”, sitio ritual de los capayanes.
Corona del Inca
La temporada de visita de la Laguna Azul es entre diciembre y abril.
Se pasa por la Quebrada de la Troya, ideal para ver los estratos de la Tierra, con inclinaciones de 45 grados. Y luego Alto Jagüé, pueblo a 1.850 metros de altura y al que le dicen “la Venecia riojana”: cada vez que llueve, la calle principal se transforma en un río caudaloso. Visite la Iglesia, pregunte la historia. Compre una torta frita o una empanada en la plaza que está cruzando la calle.
Una vez que el vehículo deja atrás el río Peñón, se ingresa en la Reserva Laguna Brava.
Con 405.000 hectáreas, se creó en 1980 para proteger a la vicuña. Desde 2003 es Sitio Ramsar. Además de vicuñas, guanacos y flamencos, hay zorro colorado, chinchillón, liebre y aves. Se ven algunos de los 13 refugios de arrieros construidos entre 1864 y 1873, con forma de nido de hornero. Ya cerca de la laguna, la altura supera los 4.000 m y hay mucho viento. Hace frío. Hay que moverse con lentitud por la altura.
La laguna tiene 17 km de largo por 4 de ancho y un metro y medio de profundidad. Pero más que una laguna, parece un salar. Ruge, “está enojada”, dicen los guías. Por eso le dicen “brava”. En algunos sectores se ven flamencos.
Corona del Inca
Pasando Laguna Brava, otra propuesta es Corona del Inca. Es más una expedición, otro tipo de travesía para la que se necesita salir mucho más temprano y con otro equipamiento. También la altura es mayor ya que supera los 5.500 metros sobre el nivel del mar.
El sitio es un círculo de volcanes -entre ellos Veladero, Bonete y Pissis- que rodean un cráter en el que se esconde una increíble laguna azul alimentada por glaciares. El lugar puede visitarse entre diciembre y abril. Fuera de esa época es difícil acceder por el viento blanco y la nieve bloqueando el paso.