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    Las monjas que se pusieron a disposición y ayudan a los sin techo en plena pandemia

    12 de mayo de 2021 | 21:39
    Las monjas que se pusieron a disposición y ayudan a los sin techo en plena pandemia
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    Pertenecen a la Orden Don Orione y trabajan en conjunto con el área de Desarrollo Humano de la Municipalidad

     

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    En tiempos difíciles, toda ayuda viene bien. Por eso, las monjas de la Orden Don Orione, que ya no contaba con religiosas en nuestro distrito, volvieron a instalarse en Quequén para poder brindar ayuda a los más necesitados. Para eso, se pusieron en contacto con Sandra Antenucci, titular del área de Desarrollo Humano y Políticas Sociales de la Municipalidad, con quien acordaron trabajar en equipo.

    “Siempre estuvimos abiertas a ver cómo podíamos servir desde nuestras instalaciones y con nuestra presencia a la gente que pasa distintas necesidades, sobre todo a los que están en situación de calle, con mucha vulnerabilidad”, dijo la hermana Marta Luque, que llegó a Necochea en febrero junto a la hermana Silvia Boidi, luego de que otras dos monjas estuvieran desde mayo del año pasado hasta febrero del corriente.

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    Las dos religiosas brindan el lugar físico y su presencia para hacer el seguimiento a personas que han pasado desde tres días hasta más de dos meses viviendo con ellas, hasta que se resuelva su situación. “Ha pasado mucha gente, desde chiquitos hasta grandes. Si es necesario Desarrollo Social manda comida y nosotros compartimos también lo que tenemos pero algunas personas tienen incluso su pensión, a pesar de estar en la calle”, contó Silvia.

    Las hermanas de la Orden Don Orione se encuentran en la costa de Quequén, en el mismo edificio en el que por varias décadas funcionó el Hogar de Niñas Stella Maris.

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    Este espacio, hasta mediados de 2018 fue centro de día, albergando a personas que llegaban a descansar, recibía grupos de retiro espiritual o de catequesis pero, ante la falta de religiosas, debió cerrar sus puertas.

     

    “La idea es quedarnos”

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    Según contaron, la idea es fortalecer el servicio y quedarse en el distrito trabajando, incluso una vez que la pandemia haya terminado.

    Por eso, está previsto que llegue una monja más el año que viene para fortalecer la comunidad local de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, de la Orden Don Orione.

    Paralelamente, realizan tareas de acondicionamiento en el edificio para tenerlo en mejores condiciones para la actividad que realizan hoy, ya que es distinta a la que efectuaban hasta 2018. También tienen abierta la capilla Stella Maris para que la gente pueda rezar.

    “Trabajar en conjunto con la Municipalidad nos fortalece y nos da seguridad y confianza, porque uno tiene a quien recurrir ante determinadas situaciones”, señalaron las monjas.

     

    Historia

    El 11 de febrero de 1922 llegaron los primeros orionitas a la Argentina. Ese mismo día arribó Don Orione, acompañado por el padre José Zanocchi, quien fue designado primer superior en este país.

    La obra de Don Orione nació en Italia en 1915. Durante su paso por el seminario de Tortona empezó a dedicarse a trabajar por los niños pobres, abriendo un pequeño colegio. Su entusiasmo lo inspiró a encarar su propia obra, los hogares y pequeños cotolengos, en la actualidad distribuidos en 28 países.

    En su segundo viaje a la Argentina, Don Orione colocó la piedra fundamental del Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole, un 28 de abril de 1935, siendo el primero en nuestro país.

    A Quequén desde comienzos de la década del 50 llegaban niñas a pasar sus vacaciones en la colonia, siendo alojadas en una construcción de madera que estaba ubicada sobre el médano, en proximidades de donde hoy se encuentra el Club La Virazón, entre el Monte Pasubio y la vieja Rambla. Recién en 1960 pudo ser inaugurado el edificio definitivo, donde actualmente desarrolla su actividad.///

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