Las muecas y sonrisas de la vida detrás del volante de un colectivo
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/01/Foto-Zugazua.jpg)
En su día, exponentes de dos generaciones de choferes cuentan vivencias de su recorrido diario con la gente
“En la inundación del 80, fui el último que pasé por la Terminal, el agua ya me llegaba casi a la mitad del colectivo”, atesora entre sus recuerdos laborales Alfredo Cepeda, quien hace escasos 15 días se jubiló tras 45 años manejando colectivos en nuestra ciudad. Una profesión que hoy celebra su día, en recuerdo a que el 10 de enero de 1928 el primer colectivo recorría las calles de Buenos Aires. Choferes, pero también testigos del humor de la gente, a la misma hora y en el mismo lugar. Observando desde el volante las muecas, las buenas y las malas del pasajero de turno.
Para Cepeda, de 66 años, no fue sólo un trabajo en todos estos años. “Amo esta profesión. Me costó despedirme. Tendrían que haberme jubilado hace tiempos pero la empresa me permitió quedarme. Pero vino la pandemia y estuve tres meses sin trabajar, porque soy persona de riesgo. Ahí la empresa me sugirió que me jubilara y por eso lo hice, sino estaría trabajando todavía. He llevado hasta los nietos de mis primeros pasajeros”.
Manejando los colectivos “verdes” de la Compañía de Trasporte Nueva Pompeya o la “isoca” como él mismo recuerda el apodo, sus comienzos los tiene frescos en la memoria, allá por diciembre de 1975 cuando apenas tenía 21 años. Y con eso otro recuerdo de nuestra historia: “En marzo del 76 estaba a las 6 de la mañana escuchando la radio (cuando se podía en el colectivo) y escuché el comunicado de la Junta Militar al volante”.
“Trabajo ingrato”
Sobre su día a día al volante, Cepeda reconoció que “es un trabajo ingrato. El día que no me putean no puedo dormir, es como que me faltó algo. O porque no llegamos al cordón, nos olvidamos de avisar la parada, o encerramos a una moto, que el colectivo es grande y nos aprovechamos de los autos…cuando empecé me agarré una úlcera. Me la curó el médico y me la volví a agarrar. Me dijo que tenía que cambiar la forma de ser o de trabajo. Yo me tragaba las cosas para no contestar, para no quedar mal. Entonces cambié y empecé a tomármelo mejor, no discutía pero no me lo tragaba. Siempre fui amable con la gente, nunca hubo una queja y por eso la empresa me dejó quedarme”.
En tantos años manejando unidades, recordó que “empecé con un Dodge sin puertas atrás y con puerta a manija. Ahora es como pasear. Antes en la vuelta cortábamos el boleto, dábamos el cambio, ahora con la SUBE es otra cosa. Lo mismo los colectivos que andan ahora…son otra cosa”.
La sangre nueva
Ninguno de los tres hijos varones de Cepeda quiso seguir sus pasos. Pero “Fredy” se encargó por muchos años de guiar a los principiantes. Como el caso en su momento de Alan Zugazúa, hoy ya con 13 años trabajando y actualmente haciendo el recorrido de la línea 502 y 503. Zugazúa eligió este camino siendo chico según confiesa: “Desde que tenía 5 años me gustan los colectivos. Sobre la alfombra del living de casa jugaba que los manejaba. No hay mucha gente que tenga pasión por lo que hace”.
Conocido por sorprender a sus pasajeros disfrazado de Papá Noel en las fiestas, Zugazúa explicó: “Siempre trato de robarles una sonrisa, tratar de ponerle onda. Si uno va con una sonrisa y buena energía puede que las cosas malas se transformen en buenas”. Esa interacción con el pasajero es parte de su satisfacción: “Mayormente suben los mismos pasajeros y se generan las charlas. Hay gente que ni siquiera tiene amigos y te adoptan como un nieto. Te regalan chocolates, alfajores, es re agradecida. Y también hay gente mal llevada, como todo”.
Hoy, los protocolos para combatir la propagación del covid-19 no permiten tanto contacto con los pasajeros. “Es el día y la noche. Estás con un plástico y ya no se interactúa como antes. Hay menos usuarios. Hay algunos que desde marzo que no los vemos más”. Esperanzado en este 2021, en el verano, compartió que “la gente viaja mejor que en el invierno, está más optimista, va más gente a trabajar, mozos, serenos, gente que va a la playa. Un día frío y de lluvia y no anda nadie y el recorrido se hace eterno”.
La rivalidad con los taxistas
Como una tradición de otras épocas, siempre se habla de la rivalidad entre colectiveros y taxistas, cada cual a su manera, buscando ganarse la vida en las calles. Consultado, Alan Zugazúa negó y aclaró que “acá no pasa. Hay mucho respeto, no hay pica. Somos pocos y nos conocemos todo.
En tanto, Alfredo Cepeda, coincidió que “acá en Necochea no, pero cuando aparecieron los remiseros quizás sí. En 2001 el remis era barato y era como que nos sacaba mucho pasaje. O cuando levantaban gente en nuestra parada…pero nada más”.///