Las normas de la playa
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Desde distintos sectores turísticos, se repite una y otra vez que hace varios años que no venía tal cantidad de visitantes en temporada y, sin duda, esto se nota en el movimiento que ha tenido la Villa Díaz Vélez durante todo enero. Largas colas en restaurantes, inconvenientes para conseguir un lugar para estacionar el auto, cajeros automáticos sin dinero y playas llenas durante todo el día, son algunas de las experiencias que se repiten.
Como consecuencia, el tránsito suele estar desordenado en determinados horarios y ni hablar de la playa, donde hay muchos que no respetan las normas.
Con el regreso del calor, nuevamente se han visto playas llenas y, con el aluvión de gente, también se empiezan a ver todo tipo de incumplimientos que nadie controla. Perros en lugares no permitidos, juegos de pelota por parte de chicos grandes o adultos y hasta imprudencias a la hora de estacionar vehículos 4×4 en la arena.
A los inspectores se los ve poco, en parte, porque la playa es muy extensa y, quizás, no pueden abarcar tal magnitud. Pero lo cierto es que falta control. Además, con la instalación de paradores en playas alejadas, hay sectores que se llenan cada vez más y el Estado –a través de inspectores de playa o Tránsito- apenas llega.
Sin embargo, lo que llama la atención es que muchas de las infracciones mencionadas se cometen en las playas de los balnearios céntricos. El tema de los perros es una de ellas.
Casi a diario se puede ver alguna familia con un perro. En general, son animales chicos, pero no está permitido bajar en esa zona con perros y, pese a la ley, los llevan igual. El animal suele hacer sus necesidades en la arena y nadie recoge el desecho, se acerca a las sombrillas de los vecinos, corre en la playa, ladra; todo lo que hace un perro. Ni hablar de que además puede molestar a alguien, reaccionar mal con la actitud de algún chico y, por supuesto, generar discusiones entre los que disfrutan de la arena y el mar. Por todos estos motivos, está prohibido llevarlos a la playa en la zona céntrica, pero no todos respetan esta normativa. Además, para el animal en sí tampoco es bueno. Más de un veterinario ha dicho que sufren con el calor o se queman las patas con la arena caliente y hasta algunos toman agua salada que tampoco les hace bien, más allá de que puedan refrescarse dándose un buen baño. Por algo, existe la ordenanza, pero muchos no la respetan.
El juego de pelota por parte de adolescentes y adultos también se repite en la orilla en sectores céntricos. Los pelotazos van y vienen. Hay gente a la que no le molesta, pero a otros sí y están en su derecho.
Por supuesto que cuando los inspectores ven este tipo de comportamientos –tanto en lo que respecta al fútbol como a los perros- les llaman la atención a los infractores, pero no siempre los ven o también muchos vuelven al otro día a incumplir, como si nada.
Es necesario más control por parte del municipio y más respeto de las normas por parte de los ciudadanos y turistas. Son las dos patas fundamentales que se requieren para resolver el problema.///