Las veredas no acompañan las mejoras en las calles
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Los árboles las levantan con sus raíces y la mano de obra no especializada termina de agravar el problema
De a poco se van viendo las mejoras que se han ido logrando en las calles de tierra y en el bacheo del asfalto, que ha dado una mejor fluidez al tránsito. Sin embargo, todavía hay un serio problema con las veredas, que continúan deteriorándose cada vez más, complicando el caminar de los peatones, sobre todo para los que tienen movilidad reducida o alguna discapacidad.
A esto hay que sumarle que en muchos sectores todavía no hay veredas y que si bien el mantenimiento de las mismas corresponde a cada frentista, los valores para repararlas son elevados.
Se puede observar que no existe un criterio unificado para la construcción y mantenimiento de veredas, mientras que por otro lado los árboles han destrozado las que tienen más tiempo de colocadas. Haciendo que sea un combo terrible para el que circula a pie.
¿Los árboles son
el problema?
Muchas personas creen que el problema de las veredas rotas son los árboles, porque consideran que son especies que crecen mucho como para estar plantados en el núcleo urbano. Sin embargo, Ecos Diarios entrevistó a Federico, arborista profesional de nuestra ciudad y miembro de la Asociación Argentina de Arboricultura, quien manifestó que si bien no son árboles que él hubiese elegido para poner en el centro, no son el verdadero problema de la rotura de veredas.
Federico explicó que los verdaderos responsables del crecimiento desmedido de las raíces son los propios frentistas, que muchas veces por ahorrar dinero contratan a personas con poca capacitación o incluso se animan ellos mismos a cortar las plantas, lo cual no está permitido y causa un enorme daño.
“Desmoche” es el término que se utiliza para denominar a la poda indiscriminada de las ramas de los árboles dejando garrones (o muñones) o ramas laterales que no son lo suficientemente grandes para poder volver a crecer como antes.
A menudo, el desmoche elimina del 50 al 100% de la copa de un árbol. Al ser las hojas las “fábricas de alimento” del árbol, éste puede “pasar hambre” temporalmente. Entonces, la gravedad de la poda estimula un tipo de mecanismo de supervivencia: los nuevos brotes crecen muy rápido, hasta seis metros por año en determinadas especies. Por desgracia, los brotes tienen una gran tendencia a romperse, en especial durante fuertes vientos.
Por eso, la ironía es que mientras el objetivo de desmochar era reducir la altura para hacerlo más seguro, el árbol se convierte en un riesgo mayor de lo que era en un principio.
El desmoche además causa que las raíces y el tronco se ensanchen a más del doble, causando graves daños a la infraestructura urbana.
En resumen, un árbol desmochado tiene un tronco muy desproporcionado y unas raíces mucho más vigorosas, ya que tiene que guardar reservas para responder a la falta de hojas y ramas en la parte aérea, provocando los daños que podemos ver en las veredas, en el asfalto y en las cañerías que pasan por el frente de las viviendas.
Contratar profesionales
Por todo lo mencionado, es importante contratar a personal especializado antes de ejecutar cualquier tipo de trabajo con árboles.
La Municipalidad cuenta con un listado de personas que se han ido capacitando en el último tiempo y, además, se debe pedir un permiso especial para extraer o podar cualquier árbol que se encuentre en la vía pública. Estos permisos suelen demorar bastante en ser otorgados.
En cuanto a los costos, una extracción bien hecha puede costar entre $15.000 y $150.000, dependiendo de la complejidad, de los servicios afectados, de cuánto y de qué manera haya que romper, y de la logística que se necesite.///