“Le apuntó a mi señora con el arma y amenazó a un cliente”
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Sostuvo Alberto Salin, comerciante de Quequén, quien narró a Ecos Diarios el violento asalto perpetrado ayer al mediodía en calle 541 al 3500. “El individuo pedía la plata, la plata”, acotó
«Estoy muy amargada”, fueron las únicas palabras que formuló Mirta, una de las responsables del mercado El Trébol, frente al Hospital José Irurzun, de Quequén, escenario de uno de los violentos asaltos ayer a la mañana.
La mujer prefirió no hacer declaraciones y le dio paso a su marido, Alberto Salin, quien atendió la requisitoria de los periodistas de Ecos Diarios y se mostró muy molesto por lo ocurrido en su comercio.
«Yo había salido y cuando volví me encontré con este drama. Alrededor de las 12, mi señora Mirta estaba en la caja registradora y, lógicamente, no tuvo más remedio que entregar la recaudación”, comenzó diciendo.
Añadió que «eran dos individuos en moto, uno de ellos ingresó al negocio a cara descubierta y a punta de pistola comenzó a pedir insistentemente la plata, que le dieran la plata, inclusive, amenazó a uno de los clientes con el arma”.
Salin reconoció que «había muchos clientes en el interior del local, empleados del Hospital Irurzun y vecinos del barrio. La mayoría de las personas corrieron hacia la parte de atrás porque todos se asustaron mucho”.
El robo tuvo como escenario el inmueble de calle 541 al 3500, frente al centro asistencial quequenense.
Los mismos asaltantes
El comerciante de Quequén habló de la inseguridad y manifestó que los delincuentes «empezaron en estos días a robar otra vez, se habían calmado un poco, pero ahora otra vez”.
Aseveró que «a esta gente no la pueden parar, no hay caso. Inclusive, primero pasaron por la ferretería (Bulonera del Sur) y luego vinieron a nuestro negocio a las dos horas, con total impunidad”.
Los investigadores policiales consideran que son los mismos asaltantes que cometieron ambos hechos y esa postura coincide con lo expresado por Alberto Salin a los periodistas de Ecos Diarios ayer.
«Seguro que son los mismos porque tenían la misma bufanda y otras prendas similares. En la ferretería entraron con cascos protectores, pero en este local ingresó uno solo y a cara descubierta le apuntó con el arma a mi señora y amenazó a un cliente”, señaló.
Agregó que los ladrones «calculo que tendrían entre 20 y 25 años, aunque es lógico que con los nervios que todo esto genera, a veces no se tiene en cuenta la edad de estas personas. La víctima, como en el caso de mi esposa, observaba el arma de fuego frente a ella”.
Las cámaras no grababan
Salin recordó durante su relato que el asaltante «salió corriendo del local, se subió a la moto que lo esperaba con el cómplice a bordo y ambos escaparon por calle 541 en dirección a la calle 572. En la esquina, el conductor perdió el control y los dos individuos cayeron al piso, pero igual lograron escapar”.
Sobre el botín con el que se apoderaron los vulgarmente llamados «motochorros”, el comerciante reconoció que «no sacamos la cuenta todavía de lo que se llevaron, pero probablemente, entre $ 3.000 y $ 4.000”.
Puntualizó que «las cámaras de seguridad del negocio no funcionaban en ese momento porque se había desconectado el equipo, así que los aparatos no pudieron grabar nada de lo ocurrido, según nos informó el operador técnico que consultamos”.
Al cierre de esta edición, los autores de ambos atracos a mano armada en Quequén no habían sido detenidos.