Lejos de casa, pero con el corazón en Necochea
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Cuatro historias de personas que llevan adelante sus vidas en distintos rincones del mundo. Lucha, esfuerzo y añoranzas del suelo natal
Los une la raíz de haber nacido en el mismo lugar: Necochea. Sin embargo las circunstancias de la vida los llevaron a hallar su actual “lugar en el mundo” lejos de nuestra ciudad, ambientándose a otras culturas y formas de vivir, que han aprendido a hacer propias. A pesar que mantienen en el corazón la tierra natal.
A través de las redes sociales tomamos contacto con cuatro personas que hoy desarrollan sus días en lejanas tierras y que hablaron de su historial y presente, a la vez que confesaron melancolía por la ciudad que un día dejaron para remontar el barrilete de una vida mejor.
Un paraguayo más
“Con 22 años residiendo acá, ya soy medio paraguayo. Es el lugar que elegimos con mi esposa Susana y donde nos desarrollamos junto a nuestros hijos”, confiesa Guillermo Arano, quien decidió emigrar de Necochea en los tiempos de Carlos Menem al frente del gobierno, “porque no tenía trabajo y uno de mis hermanos que estaba acá, en Asunción, me entusiasmó a probar suerte”.
No sería fácil para Guillermo y su mujer, hija del recordado futbolista de Rivadavia Silvestre “Colo” Calabrese. Un intento comercial junto a su hermano no prosperó, “pero igual nos quedamos a pelearla…”, recuerda.
Tras el peregrinar por varias labores, Arano trabaja en la actualidad para una empresa de medicina pregaga, y su mujer es profesora particular. “La pasamos mal, pero hoy estamos bastante bien”, apunta.
El matrimonio Arano-Calabrese tuvo cuatro hijos: Florencia, actualmente ingeniera forestal; Gaspar (fallecido), Lisandro, quien trabaja en una firma que otorga créditos en la capital paraguaya y Marisol, licenciada en marketing, que cumple tareas en una casa de cambio de monedas.
Guillermo describe a Asunción como “una ciudad muy linda, mezcla de ritmo de capital de un país y un lugar con costumbres casi pueblerinas. Todos trabajamos horario continuado, o sea que salimos a las 7 de casa y regresamos a las 18”.
Añoranzas
Sin prejuicios “Guille”, como lo conocen sus amigos, señala que “a pesar de que han pasado tantos años, sigo añorando a mi querida Necochea, su mar, aromas, tiempos, tranquilidad, amigos. Cuando voy y estoy más de dos semanas me aquerencio de nuevo y me cuesta irme…”
El presente del país tampoco le pasa desapercibido. “No lo veo bien”, resalta, y agrega: “El día que los políticos hagan la cosas por y para la gente y sin pensar en egos y bolsillos propios, Argentina será grande”.
Guillermo Arano cumplirá 56 años en diciembre próximo y pese al tiempo transcurrido en suelo paraguayo, sorprende al contar que “a los argentinos nos tratan bien, pero hay que aclararles que somos del interior y no porteños. Acá aún tienen muy presente la guerra de la triple alianza, cosa que nosotros (por lo menos en el colegio) ni idea teníamos”.
Vivir en Miami
Mariana Martínez recaló en la efervescente Miami hace 17 años junto a su esposo Vinicius, oriundo de Brasil y sus dos hijos mayores: Joel, de 25 años, del que fue una mamá “muy joven” y Eva, de 18. Luego nacería Nicole, de apenas 3 años en la actualidad.
En el presente vive del aporte del turismo, mejor dicho de la renta temporaria de departamentos que posee en South Beach, la zona top del balneario estadounidense. “No puedo quejarme, Me ha ido bien, pero ha sido fruto de mucho trabajo y muy duro, al estilo americano”, puntualiza Mariana a través del chat.
Sin embargo desnuda alguna nostalgia cuando confiesa: “Emigrar, y sobre todo de una ciudad tan linda como Necochea fue tremendamente difícil y doloroso. Fue duro y largo el proceso de adaptación, pero hoy estamos acostumbrados a una cultura y forma de vida diferente como es la norteamericana”.
Dice que ya no extraña. “Será porque ya me olvidé o me impuse olvidar para no sufrir y seguir adelante. Fue doloroso, pero ha tenido su recompensa. La familia y los amigos que hemos hecho, han sido mi sostén”.
Luego se traslada mentalmente a nuestra ciudad y describe que se le hace un nudo en la garganta y se le llenan los ojos de lágrimas cuando cita: “Suelo acordarme de lugares de la ciudad, alguna equina en particular, su naturaleza. Si hasta puedo sentir el olor a pino del parque o la textura de la fina arena en mis pies y una puesta de sol en esa incomparable playa. Miami es una ciudad hermosa, pero Necochea ¡es maravillosa!”
En el final resume la mirada que se tiene de la Argentina en Miami. “Se observa una sociedad muy dividida y violenta, decadente en todos los aspectos. Hay gente que no quiere el progreso. Es una verdadera lástima y duele. Me gustaría ver una sucesión de gobiernos honestos y progresistas. Me encantaría ver un país donde todas las piezas se pongan juntas y el sistema funcione en todos los aspectos, cultural, laboral, judicial y sanitario. Sobre todo me ver a la gente más feliz y poder sentirme orgullosa de mi país”.
En la tierra de los canguros
El historial de Jeremías Sosa es parecido al de muchos jóvenes de nuestro medio. A los 17 años dejó Necochea para irse a estudiar a la UBA, en Capital Federal y los caminos de la vida lo llevaron lejos, con su profesión de músico y diseñador de imagen y sonido.
Con una experiencia intermedia en Nueva Zelanda, donde recogió “una rica experiencia”, “Jere”, como se lo identifica en su rol artístico puso proa a Australia, donde reside en la ciudad costera de Fremantle desde hace 4 años. “Me atrapa la calidad de vida que hay en este país y que todo funcione bien”, grafica.
La elección de emigrar del país le ha servido para vivir de lo que ama: la música, y pese a estar acompañado por su pareja, Catherine, “mitad chilena y mitad neocelandeza”, la describe, a los 30 años sostiene que “aún extraño a mi familia y amigos más cercanos, lo que me obliga a volver de vez en tanto a Neco, como en abril pasado y luego de tres años de ausencia”.
Jeremías dice que se ha hecho de “nuevos amigos y familia, la de mi novia, que me hacen feliz”.
Seguidamente cuenta que siente “un gran aprecio por lo que hago como músico”. De hecho una canción de su autoría ganó recientemente un premio en un conocido festival.
En la ciudad de Harry Potter
Aunque emigró de su Necochea natal hace 13 años, Antonella Podestá lleva cinco temporadas viviendo en Edimburgo, la capital de un país particular para muchos: Escocia.
La decisión de irse a vivir allí fue de común acuerdo con Miguel, un malagueño que conoció en tierras andaluzas años atrás y que desde entonces es su compañero de ruta.
“Nuestra idea era trabajar en ese país y practicar el idioma inglés”, recuerda la joven de 32 años; y acota, con una sonrisa, que ”Edimburgo nos dio la bienvenida con bombos y platillos. Al tener ambos nacionalidad europea encontramos trabajo rápido y departamento. La gente es cálida y amable, pero no podemos decir lo mismo del tiempo”.
Antonella refleja algunos de los aspectos de la capital escocesa al contar: “Vivimos en la ciudad de Harry Potter, los festivales de arte y de cultura. La ciudad de la literatura, de los fantasmas, el buen whisky y los mejores parques. Es verde todo el año, cuenta con museos increíbles, castillos, palacio real, mar y no es tan grande como otras capitales, por lo que es muy fácil de recorrer a pie, bus y tranvía. Ya no se habla gaélico, pero la cultura celta y de las Highlands está presente en cada rincón”.
Labores y paseos
Antonella, quien venía de estudiar trabajo social en España, llegó a Escocia con la intención de trabajar en algo relacionado. Sin embargo en los primeros años se desempeñó como supervisora en una firma británica de ropa y en sus días libres empezó a estudiar counselling. Y “hace dos años conseguí un trabajo como auxiliar de servicios sociales y me especialicé en afectados con demencia y alzheimer. Trabajo en una residencia privada especializada en tercera edad, demencia y cuidados paliativos. Mi vida cambió por completo y mi propósito también”, señala.
En tanto Miguel, quien estudió turismo, se ha capacitado como adiestrador de perros y hoy desarrolla esa labor, a la vez que lleva adelante un trabajo voluntario en los bosques de los alrededores de Edimburgo.
En los días libres la pareja recorre rutas de montaña y los acompaña su perro, “Fleck”, que está junto a ellos desde España, “otro trotamundos”.
Podestá revela que “siempre añoramos la tierra de la que venimos, aunque en casa hablemos castellano y sigamos las recetas de nuestras abuelas. Lo bueno de vivir en el exterior es que cada vez que visitamos España o Argentina disfrutamos al máximo de los afectos. Si bien ahora las comunicaciones son mucho mejor, cuando visitamos a nuestras familias valoramos mucho el tiempo con ellos”.
Aunque deja en claro que tanto a ella como Miguel no les ha surgido la idea de volver a sus terruños, “ya que nos gusta mucho donde estamos”, la joven no cierra la puerta del todo ya que el mundo es un pañuelo y el destino nunca se sabe cómo nos puede sorprender…”///
