Lejos del deber cívico
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Si hay una cuestión en la que no se diferenciarán de otras elecciones las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias que se celebran en el día de la fecha, es el de las serias dificultades para confirmar a las autoridades de mesa y por ende tener un comienzo normal del acto eleccionario.
Ya ha quedado suficientemente claro en la etapa que transitamos del período democrático iniciado en 1983, que no hay un manifiesto compromiso para cumplimentar este deber cívico.
Elección a elección se suscitan los inconvenientes para que el Correo Argentino ubique a los ciudadanos que la Junta Electoral de la Provincia de Buenos Aires ha nominado para que cumplan el rol de presidente y suplente en cada una de las mesas disponibles en el distrito.
Con vistas a las PASO de hoy, el operativo de entregar en mano los nombramientos se puso en marcha hace un mes. Sin embargo ha sido harto dificultoso ubicar a decenas de personas, a tal punto que hasta ayer mismo era alto el número de lugares vacantes. De esta manera el ciudadano que concurra hoy temprano a votar se tendrá que hacer cargo de su mesa, si la misma está desierta en materia de autoridades.
El cambio de domicilio y la “planificada” ausencia al momento de asistir el cartero a notificar, son las excusas predilectas de quienes no quieren cumplir el rol cívico que se les ha asignado.
También están los que son nombrados pero que por algún impedimento de salud no pueden asistir, y que deben ser remplazados tras informar mediante carta a la Junta Electoral el motivo de su deserción.
Quienes se desempeñan como autoridades de mesa recibirán por parte del estado la paga de $1.200, a los cuales se agregan $700 para aquellos que cumplimentaron las capacitaciones llevadas a cabo en la última semana.
En este último caso se notó esta vez una mayor concurrencia de personas a las instrucciones organizadas por la Jefatura Distrital de Educación, en muchos casos por tratarse de aquellos que no han tenido experiencia alguna en estas lides.
Volviendo al planteo principal de esta columna, no deja de asombrar el poco apego que observan algunos ciudadanos para las acciones que tienen que ver con la vida democrática a la que adhieren como sistema ideal.
De la boca para afuera no son pocos los que enuncian su patriotismo y dicen “ponerle el hombro al país”. Sin embargo hacen lo posible para eludir el deber cívico que se produce cada vez que se vota. Algo nimio si se quiere con otros temas más comprometidos.
Esta actitud de esquivar el compromiso no deja de ser una más de las cómodas y llamativas conductas del ser argentino, de aquellas vivezas criollas que tan mal nos describen; que nos descalifican interiormente como sociedad y que no nos posicionan nada bien en el concepto de aquellos que nos ven desde el extranjero.