En un barco es importante saber decir no
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Pedro de Ilzarbe, práctico de Puerto Quequén, aconsejó a los marineros de la ciudad que “pongan la tarjeta roja” cuando tengan dudas sobre la seguridad en la embarcación
En el marco de la intensa búsqueda del buque pesquero Rigel, desaparecido desde la madrugada del último sábado con nueve tripulantes a bordo, entre ellos el necochense Fabián Rodríguez, personas de nuestra ciudad con muchos años de experiencia en el mar, brindaron una mirada sobre lo ocurrido y la seguridad de las embarcaciones.
Pedro de Ilzarbe, práctico de Puerto Quequén, aseguró que de manera “más o menos exhaustiva, los controles se hacen” pero que “pensar que un accidente sucede por falta de control es como imaginar que un choque en auto es por culpa de una VTV mal hecha”.
Seguridad del tripulante
Cabe recordar que, hasta el momento, solo se recuperó el cuerpo de Salvador Taliercio, capitán y socio propietario de este buque que había zarpado hace una semana desde Mar del Plata, con destino al frente de costa patagónica para sumarse a la pesca de langostino.
“Los controles más importantes son los de las personas que están a bordo. No solo tienen que controlar el estado y la operación del barco por estar obligados, lo tienen que hacer para su supervivencia”, indicó de Ilzarbe.
Si bien reconoció que sus palabras pueden ser “duras y dolorosas” en este momento, quiso enfatizar en que todo el que entra al mar está exponiendo su vida y que por ello “hay que apuntar a ser muy celosos custodios de la seguridad personal, aunque sea a costa de perder el trabajo”. “Más de una vez me he tenido que bajar del barco porque no me hicieron caso cuando pedí seguridad. La palabra ‘no’ es muy cortita pero muy poderosa. Nadie sabe mejor los problemas del barco que la persona que está a bordo. Son el inspector más importante para sacar la tarjeta roja, en cambio, la prefectura es como la VTV para un auto, puede controlar algunas cosas pero no todo”, indicó.
Finalmente, señaló que en sus años de trabajo en el mar, ha sentido miedo “cientos de veces” pero que “uno lo controla con lo que hace en favor de su seguridad”. “He tenido averías graves, temporales grandes, hasta me tocó vivir un motín a bordo por no poder cobrar”, contó.
Trajes de inmersión obligatorios
A partir de lo ocurrido con el pesquero Rigel y tiempo atrás también con El Repunte –también de Mar del Plata-, todos los buques pesqueros mayores a 8 metros de eslora y que realicen un alejamiento de la costa mayor a tres millas náuticas deberán estar provistos de trajes inmersión con número y tallas suficientes para la totalidad de las personas embarcadas.
Al respecto, Pedro de Ilzarbe opinó que esto “está muy bien” porque “en la mayoría de los meses del año, el agua fría es lo que te quita la vida”. “Yo trabajé mucho en barcos y hace treinta años que tienen trajes de protección de inmersión involuntaria. Entonces, hay que reclamar que en la actividad pesquera se tengan de manera obligatoria porque, puedo asegurar que sino no duras más de diez minutos vivo hoy en el agua”, señaló.
Cabe señalar que estos trajes deberán estar disponibles en las embarcaciones dentro de un plazo máximo de un mes. Los mismos son holgados, se ponen arriba de la ropa y los zapatos y solo tienen un cierre hermético.
Vivir la búsqueda del buque de cerca
El vecino de nuestra ciudad, Fabián Nicolosi, capitán de un buque pesquero, contó que se encuentra a unas cincuenta millas del lugar en que desapareció el Rigel, a 150 millas de Bahía Camarones. “Hemos seguido toda la búsqueda de cerca de forma radial y ahora han quedado buques pesqueros chicos, parecidos al Rigel en la zona. El primer día los barcos más grandes que andábamos cerca fuimos los primeros en llegar al lugar. Lamentablemente hasta ahora solo aparecen restos”, contó.
Errores humanos
Nicolosi aseguró que los accidentes en el mar ocurren “en el 99% por errores humanos” y en “un 1% por fuerza mayor”, donde entra “lo que no podía ser previsto y, por lo tanto, no pudo ser evitado”. “En este caso, el accidente ocurrió por no haber tenido en cuenta los pronósticos meteorológicos, al igual que en El Repunte. Cuando hay temporal uno no tiene el control sobre el barco, lo tiene el mar”.
El capitán que tiene 30 años de experiencia, señaló que si bien entiende que se vive un momento de congoja, considera que “cada vez hay más buques pesqueros pequeños que se lanzan al mar y ocurren estas desgracias”. “Hay una realidad social y empresarial que hace que mucha gente tenga que trabajar buscando el recurso más abundante, y que en este caso es el langostino que se encuentra en este lugar en específico”.
Protocolos de emergencia
Nicolosi señaló que todos los que andan en un barco, sea del estilo que sea, deben estar instruidos ante las distintas emergencias y que es deber del capitán asegurarse de que los más nuevos también estén capacitados.
“En los buques congeladores tenemos normativas que tenemos que seguir en cada viaje y que se deberían practicar cada dos meses. Se ha prohibido fumar, el alcohol y hay zafarranchos específicos para cada situación, ya sea incendio, colisión, hombre al agua, derrame de hidrocarburos o lo que sea pero, a veces, un accidente escapa a todo control”, concluyó.