«Lo que está y no se usa nos fulminará», de Patricio Pron
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Pron es autor de seis libros de relatos, entre los que se encuentra “Lo que está y no se usa nos fulminará” publicado este 2018. También escribió siete novelas, entre las que se destaca “El comienzo de la primavera”, ganadora del Premio Jaén de Novela
Que lo que verdaderamente cuenta es la unidad de efecto; que debe mostrar tan solo una pequeña parte de la historia como la punta de un iceberg; que debería ser como algo visto al pasar, por el rabillo del ojo; que no gana por puntos como la novela sino por nocaut; que siempre cuenta dos historias y la secreta es la clave de su forma… No debe haber género literario más pródigo en preceptiva que el cuento, ni forma más dada a cristalizarse, congelada de tanto en tanto en una variante apenas remozada de una versión anterior. Y aunque no son pocos los nuevos cuentistas que se contentan con renovar la materia sin alterar los viejos moldes -la unidad de efecto, la punta del iceberg, las dos historias-, los hay también más audaces, dispuestos a transfigurar las formas conocidas o sencillamente reinventarlas. El rosarino Patricio Pron, por ejemplo, que lleva ya varios libros de cuentos desairando decálogos y convenciones, empezando por las clásicas fórmulas de los títulos que en sus libros se desbordan en frases larguísimas, como se desborda casi todo, insuflado por el aliento impetuoso de la imaginación que avanza.
En «Lo que está y no se usa nos fulminará», su deslumbrante última colección de cuentos, la frase del título es de Spinetta (y hay muchas otras citas y ecos) pero el despliegue variadísimo de recursos, historias, paisajes y tonos es inconfundiblemente suyo. Ya el primer cuento del libro, ‘Salon de refusés’, una historia arborescente de escritores y lectores, desnuda el vértigo de la imaginación en marcha, eligiendo a cada paso un alternativa posible para el relato («No es eso lo que sucede, en realidad…»), reemplazándola en seguida por otra («No, no es cierto…») y luego por otra y otra, como en una de esas cronofotografías de Muybridge, que radiografían el movimiento cuadro a cuadro. También en uno de los últimos, «Este es el futuro que tanto temías», la sátira filosa sobre las veleidades del mundo literario se divide en Introducción, Nudo y Desenlace indicados entre irónicos paréntesis, como una irrisión final de las fórmulas vencidas del cuento. Cada relato, en realidad, sorprende al lector con un nuevo dispositivo narrativo, aunque más que originalidad o alarde de destreza técnica, Pron parece buscar un doble abstracto de la historia, que extrañe la mirada sobre lo que se cuenta.
Un cuestionario de migraciones de los Estados Unidos en «Oh, invierno, sé benigno» es el disparador de la dramática historia de un militante de la República Democrática Alemana repartida en la respuestas, una vida arremolinada por los vendavales de la Historia que hace estallar los límites del formulario, como estalla el muro de Berlín en el final del cuento. Tampoco la rocambolesca historia sentimental que se cuenta en «Notas para un perfil de Tinder» podría caber en un perfil de Tinder, otra ironía, esta vez sobre los convencionalismos de lo que se escribe y se trama en las redes, refractarios a los complejos, inesperados y a veces absurdos reveses de las relaciones amorosas. La historia de un ignoto músico norteamericano empeñado en mejorar una grabación de Bob Dylan, a su vez, una «nota al pie de página» en la gran historia de Dylan según el hijo que narra el cuento («He’s not Selling Any Alibis»), se cuenta convenientemente en un texto sin cuerpo central, apenas una sucesión de notas al pie ancladas en dos epígrafes.
Bien mirado, todo el libro es una colección de nuevos comienzos y segundas oportunidades, recreados como puede hacerlo la literatura, con la lógica de las imágenes mentales o los sueños.”