Lo que implica la atención de un paciente crítico con un recurso humano que es insuficiente
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El problema no es la cantidad de camas, sino que no hay más profesionales especializados en terapia intensiva
Después de más de un año conviviendo con la pandemia de coronavirus, en el país ha crecido la capacidad instalada en los hospitales y fundamentalmente se han sumado más camas y respiradores en la mayoría de las ciudades. En Necochea, por ejemplo, se duplicó la cantidad de camas para cuidados críticos.
Sin embargo, el problema no es sólo la cantidad de camas, sino que no hay más profesionales de la salud especializados en terapia intensiva y, en este sentido, no sólo nos referimos a los médicos intensivistas sino también a los enfermeros y kinesiólogos preparados en esta especialidad.
En el hospital municipal “Dr. Emilio Ferreyra”, actualmente funcionan dos terapias intensivas, con distintos equipos de trabajo. Una de ellas se responsabiliza enteramente del cuidado de los pacientes graves con Covid, que cuenta con siete camas, y la otra –conocida como la UTI- que se encarga de los enfermos graves sin coronavirus y, en este caso, tiene seis camas. Ambas unidades cuentan con médicos intensivistas, enfermeros y mucamas las 24 horas del día.
En total, en el sector público, se desempeñan unos 10 médicos especializados en terapia intensiva, que están distribuidos entre las dos unidades de cuidados críticos.
El cuerpo médico de la Unidad Covid-19 se compone de 5 intensivistas para los 7 días de la semana, lo que resulta insuficiente. Sin embargo, están organizados de la mejor manera posible para cubrir las 24 horas del día, por supuesto con gran esfuerzo de los profesionales.
Esta situación da cuenta de que por más que se sumen más camas con respirador, si no hay más profesionales en esta especialidad para atenderlas, no sirven.
“La disponibilidad de una cama incluye el recurso humano, que es insuficiente, el equipamiento, incluidos los ventiladores mecánicos, y los insumos. Sin estos pilares no es posible garantizar el cuidado del enfermo y, por tanto, no es posible ofrecer un número desmesurado de camas”, explicó Pablo Blanco, médico intensivista, jefe de la Unidad Covid-19.
Los cuadros
Los pacientes graves con coronavirus que se internan en el Hospital, por lo general, llegan con serias dificultades para respirar, es decir, insuficiencia respiratoria (neumonía por Covid-19). Menos frecuentemente se reciben pacientes cursando una complicación en otro órgano distinto a los pulmones (por ejemplo, cerebro: accidente cerebrovascular, corazón: infarto agudo de miocardio). A diferencia de la UTI no Covid-19, en esta unidad se trabaja en habitaciones cerradas y, para ingresar, el personal utiliza el equipo de protección personal completo, que incluye camisolín, barbijo de alta eficacia, guantes, botas, gorro, y máscara facial.
Sobre el tratamiento que se les da a los pacientes, el profesional explicó que varía de acuerdo al estado de la persona. “A algunos los tratamos de manera ‘no invasiva’ utilizando un dispositivo denominado ‘cánula nasal de alto flujo’, lo que permite que el paciente esté despierto, ingiera líquidos e incluso pueda alimentarse”.
Sin embargo, a la mayoría de pacientes críticos, “es necesario ofrecerles ventilación mecánica a través de un tubo traqueal (intubación traqueal desde la boca del paciente). Para esto, al menos inicialmente, el enfermo recibe medicación que asegure hipnosis y sedación (sueño profundo sin posibilidad de despertar) y analgesia (sin dolor alguno)”.
“Aproximadamente 1 de cada 6 pacientes intubados requieren finalmente traqueostomía, un tubo traqueal colocado desde el cuello y no desde la boca del paciente, que se indica en pacientes en los que la ventilación mecánica se prolonga a menudo por varias semanas”, detalló.
Cuando es notorio que el paciente mejora, se inicia el proceso de despertar y se inicia lo que le llaman el “destete”, es decir, la disminución gradual de la asistencia del ventilador mecánico de manera tal que el paciente empiece paulatinamente a esforzarse para respirar.
“En el mejor de los casos, cuando determinamos que el paciente es capaz de respirar por sus propios medios sin requerir asistencia de la máquina, podemos retirar el tubo traqueal y colocar un dispositivo no invasivo de oxigenoterapia como la cánula nasal de alto flujo, u otro dispositivo convencional de provisión de oxígeno. Algunos pacientes pueden volver a requerir intubación traqueal, mientras que otros evolucionan al alta sin volver a ser intubados”, indicó el profesional. Sin embargo, lamentablemente, reconoció que “muchos pacientes fallecen en el proceso pese a que, como todos los enfermos, reciben los más altos estándares de cuidados”.
Un problema en el mundo
La falta de médicos intensivistas es una problemática que ocurre en todo el país e incluso en el mundo. Además, no sólo se necesitan médicos con esta especialidad sino también enfermeros y kinesiólogos que trabajen con pacientes críticos, profesionales que también son indispensables.
Arnaldo Dubin, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata y miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), decía en una entrevista a Radio Universidad en La Plata, “lamentablemente la terapia intensiva es una especialidad postergada. Es un déficit estructural de la medicina argentina entre tantos otros y esto ha sido desnudado y exacerbado por la pandemia”.
Sobre las causales del déficit de terapistas, Dubin recalcó: “Esto no es un problema de la Argentina, sino de todo el mundo. Es una especialidad muy demandante física y emocionalmente. Uno está en contacto permanente con el sufrimiento y con la muerte”. Además, mencionó que “hay que hacer guardias y las condiciones de trabajo no son buenas. La remuneración es escasa y esto es un condicionante, y otro de los motivos por los cuales los médicos no quieren hacer terapia intensiva es por la falta de difusión de los contenidos en el pregrado”.///