“Lo que más hice fue cosechar amigos, muchos amigos”
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Julio Blanco, querido utilero de los clubes Rivadavia y Villa del Parque. El compañero sin camiseta detrás de tantos campeones
Director técnico, ayudante de campo y preparador físico, son habitualmente los integrantes del cuerpo técnico que rodean e influyen con sus acciones y palabras en los jugadores, los protagonistas máximos de una tarde deportiva. Poco se recuerda de los utileros, esa especie de colaborador polifuncional que quizás trabaja más en la semana y en las horas previas que durante los partidos, entre pelotas, camisetas y detalles. Sin embargo, en nuestro deporte y especialmente el básquetbol, Julio Blanco logró desde la utilería del Club Rivadavia y luego de Villa del Parque ganarse el respeto y el cariño de quienes lo cruzaron en los vestuarios y la cancha. Y hoy, hace tiempo alejado de todo eso, sigue cosechando lo que sembró. “No hay que estudiar mucho para ser utilero” se minimiza con humor pero rápidamente advierte que “como todo trabajo, cuando le pones todas las pilas, cuando uno aprende, después sabe lo que tiene que hacer. Lo importante es ser gentil con la gente. Por eso lo que más hice fue cosechar amigos, muchos amigos”.
A los 82 años y junto a su señora, su “sostén y respaldo en estos 52 años que estamos juntos”, disfruta de la vida a través de sus hijos y sus nietos, reconociendo que hace por lo menos cinco años que no va a una cancha. Pero el pasado lo abraza en cada esquina o, en el mundo de la pandemia, con el cariño en las redes sociales. “Hay jugadores con los que estuve quizás una temporada, un año nomás, pero que me cruzan y me recuerdan siempre. No tengo la modernidad del Facebook ni nada de eso, pero siempre mi nieta me cuenta que me saludan también”.
Primero el fútbol
Lejos de ganarse la vida como utilero, fue empleado de comercio durante 47 años hasta que se jubiló. “Ser utilero más que nada era una satisfacción”. Su llegada al deporte, como advierte, “fue un accidente. Mi señora lavaba la ropa de fútbol de Rivadavia y me convencieron para que vaya a la cancha, a ayudar. Estuve 4 años, y fueron campeones con una camada bárbara, con Mascareño, Stringa…” recordó haciendo referencia a los jugadores de San Lorenzo de Mar del Plata que reforzaron al decano a finales de los años 70. “Pero después Juan Angel Larraburu me dijo que porqué no me venía al basquet también. Así que al principio me dividía, iba a los dos lados. Ahí empezó. Después el basquet me gustó más que el fútbol”.
Epoca dorada
Con la “naranja” viviría la época dorada del decano en la Liga Nacional C y B. “Tenía la mejor utilería de la provincia, camilla, muebles, todo, siempre me elogiaban. Luego dejé un tiempo. Tuve una desgracia familiar y dejé todo. Volví cuando me fue a buscar (Gabriel) Wasowski para que fuera a Villa del Parque”. En el “León” de la playa también fue amuleto de grandes victorias en aquellos equipos que dominaron los años 2000 en el básquetbol local y, además, en la campaña que culminó con el subcampeonato en el Provincial de Clubes.
Tirones de oreja
Pero la influencia de Julio Blanco estuvo más allá de una camiseta limpia o un vestuario ordenado. “A varios (jugadores) los agarré de la oreja. Yo no quería problemas con los chicos. Era una iglesia el vestuario. Cuando había que joder, se jodía, pero había que portarse bien. Y también era de darles consejos, era de hablarles, hasta a los más díscolos”. Así para algunos se convirtió en amigo y para otros hasta un padre. Ese compañero sin camiseta detrás de tantos campeones, que no lo olvidan.
“Regalé todo, sólo me quedan fotos”
De tantos caminos recorridos y camisetas que pasaron por sus manos, no le quedan recuerdos tangibles o lo que hoy serían pequeños trofeos de aquellos años de gloria deportiva. Especialmente de Rivadavia y la campaña en la Liga Nacional. “Nada. Regalé todo. Tenía unas zapatillas de (Neal) Robinson, unas Reebok, y el piluso que usaba que me había regalado, pero los regalé. Dejé todo en el club. Me quedaron algunas fotos nomás. Incluso otras las perdí, me las pidió un amigo y nunca me las devolvió”, se lamentó Blanco.
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