“Lo que más me gusta es bailar y enseñar el porqué de cada danza”
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Irma Susana Bruno. Es profesora de folclore y baila desde que era una niña
La tradición es muy linda si uno le da el contenido necesario, no es revolear un pañuelo y nada más, a mí me gusta investigar”, expresó Irma Susana Bruno, profesora y bailarina de folclore.
Comenzó la práctica cuando era niña, asistía a clase con Marta Jauregui y Sandra Cano en el Anexo del Club Rivadavia en la calle 46, que daban clases para Juan de los Santos Amores, “era un grupo muy lindo; ellas practicaban el folclore tradicional y había un profesor de malambo con ideas innovadoras”, dijo haciendo referencia a Omar Rodríguez.
Junto a un grupo de compañeras con tan solo unos 12 años se unieron a este bailarín que comenzaba a introducir un estilo de danza estilizada, “era algo adelantado para la época, era el año 65 o 66 y recién estaba surgiendo el Ballet Brandsen”, recordó Irma.
Cabe mencionar que el referente de entonces era el Ballet Argentino con el Chúcaro y Norma Viola, mientras en nuestra ciudad el grupo de Omar Rodríguez seguía creciendo, los invitaban a bailar en Tandil, San Cayetano, Juan N. Fernández y participaron del Festival “Lonja y guitarra” que se hacía en Balcarce, “cantaban Los changuitos playeros de Mario Calzada y nosotros éramos el cuerpo de baile. Ahí conocí a Horacio Guaraní”, evocó la bailarina.
El grupo estaba integrado, entre otros, por “Chango” Daniel Fiscina; Estela Fernández; Vómero, Fantasía y Carlos Martínez, “llegamos a tener vestidos de raso y los hombres usaban chiripá con camisas de mangas abuchonadas y que dejaban ver el pecho”, detalló.
Prueba
“Peggy”, tal como la conocen todos tiene muy gratos recuerdos de esos días y contó que “en Balcarce nos vieron Norma Viola y El Chúcaro y al tiempo recibimos un telegrama invitándonos a probarnos en los ensayos en Buenos Aires pero nuestros padres no nos dejaron ir”.
El folclore ocupa un lugar muy importante en su vida y a pesar de una prolongada pausa de algo más de 40 años, tiempo en que se dedicó a su familia y a trabajar, hace unos pocos años volvió a tomar contacto con esta danza tradicional.
“Empecé a tomar clases con Nidia Záccaro en el Centro de Jubilados Sur y después me sumé a los ensayos de la agrupación El Caudillo, de Oscar Vallejos”, sostuvo.
Paralelamente, se integró a Unidos por la Danza, de Héctor Lescano que fue quien la preparó para estudiar durante seis años para obtener el profesorado en el Instituto de Arte Folclórico (IDAF).
Con este grupo se reúnen para bailar El Pericón en la Plaza Dardo Rocha, participan del Pericón de la Costa, en Mar del Plata, Además, el año pasado tuvieron la posibilidad de bailar en el marco de la programación del Festival de Cosquín.
Inquieta por naturaleza, le gusta viajar y a donde va encuentra un espacio donde bailar. Estudió de grande y actualmente dicta clases una vez por semana en el Centro Abruzzes y respecto a esta experiencia contó que “hay mucha gente que nunca había dado un paso de baile y ahora estamos preparando algo para el cierre del taller en el mes de noviembre”.
Un cable a tierra
Irma afirma que lo que más le gusta es bailar y se muestra agradecida de las posibilidades que le da la vida de hacer lo que tanto ama. En tanto que, en su rol docente, además de enseñar los pasos de baile le gusta que los alumnos conozcan la historia de cada danza, investigar acerca del vestuario y contar leyendas.
“En el taller hablamos acerca de la taba, las boleadoras, las mujeres que hicieron Patria y les enseño de qué región es cada danza o porqué se baila, porque con la danza se hacía política”, explicó.
Bruno nació en Mar del Plata y se crió en Necochea. Estudió en “la vieja” Escuela Nº 7 que estaba ubicada sobre la avenida 59, y también asistió al Centro de formación Profesional 401 y 403.
“Soy asistente geriátrica, trabajé durante 10 años con enfermos terminales y el folclore siempre fue mi cable a tierra”, sostuvo.
Le apasiona poder difundir nuestra cultura y ha inculcado el amor por el arte a sus cuatro hijos y siete nietos, “también tengo un bisnieto y en lugar de contarles cuentos, les relato leyendas”.
El folclore le sigue abriendo puertas porque donde quiera que vaya siempre encuentra una peña o un grupo donde le permiten bailar. Además, ahora que dispone de más tiempo libre estudia italiano y canto.
