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Mientras el perfil del televidente tradicional ya supera los 50 años y el televisor ya no necesita antenas, boosters o control remoto, la nostalgia es lo único que parece atar a los más grandes a la vieja “caja boba”
Aquella vieja costumbre de llegar de la escuela y tomar la merienda mirando los dibujitos parece haber quedado definitivamente en el pasado. Para empezar, los chicos miran cada vez menos televisión.
Si bien la televisión por aire, esa que en Necochea nos mantenía atados a dos canales de Mar del Plata, desapareció definitivamente hace ya varias décadas, ahora la globalización de Internet y las conexiones de alta velocidad amenazan la continuidad de la TV por cable.
Un dato relacionado directamente a este cambio de hábitos: Hace unas semanas se dejó de emitir el único noticiero de contenido local. Otro dato global: en julio por primera vez en Estados Unidos se vio más contenido a través de plataformas de streaming que por televisión por cable.
En el caso de nuestro país, la economía también ha influido en muchos en estos nuevos hábitos, ya que muchas personas se han visto obligadas a elegir entre pagar el abono de la televisión o la conexión a Internet.
Al elegir Internet, necesitaria en la actualidad para trabajar y estudiar, la opción lógica ha sido la suscripción a alguna plataforma de streaming mucho más accesible, con posibilidades de compartir cuentas.
Control total
Para los más chicos la desaparición de la televisión como principal medio de entretenimiento ha sido menos traumático que para las personas que crecieron mirando la “caja boba”.
Sin embargo, muchos de los televidentes de cuna han encontrado en estas plataformas una libertad que la TV nunca les dio. Ahora pueden mirar lo que quieran y cuando quieran. No es necesario esperar una semana y un horario determinado para ver la continuación de una serie.
Algunas plataformas permiten ver películas estreno casi en simultáneo con el cine, en altísima definición, en idioma original o doblado, con sonido Dolby y la opción de detener la transmisión para ir a buscar algo para beber a la cocina.
“Veo algo de televisión. Pero no veo televisión abierta. Veo noticias para no estar alejado de la realidad, pero lo menos posible. Sí sigo viendo fútbol y carreras. Me encantan”, afirmó el escritor necochense Rolando José Di Lorenzo, quien habitualmente en las redes sociales escribe sobre cine y grandes estrellas de Hollywood.
Confiesa que está suscripto a varias plataformas de streaming. “Me gustan porque veo lo que quiero y como en el cine. No tengo que tragar publicidad y pudiendo elegir entre dos o tres plataformas uno puede sacarse las ganas de ver cosas muy buenas”, explicó.
Indicó que le gustan especialmente las series inglesas y las nórdicas. “Me pasaron un poco las americanas, tal vez fue por el exceso de cuando éramos chicos”, bromeó.
Pero Rolando prefiere ver cine. “Tengo una colección bastante interesante de películas y trato de buscar los clásicos en estas plataformas. Eso me hace bien, me trae recuerdos”, explicó.
En cuanto a la televisión tradicional, dice que extraña los programas humorísticos. “Los extraño mucho. Me encantaban los de Olmedo y particularmente todos los de Sofovich. Y también extraño los musicales. Ahora ver cantantes en la televisión es rarísimo”, afirmó.
La nostalgia
Sin duda la nostalgia es lo que más nos ata a la vieja televisión.
María del Carmen González, autora del libro “Una historia por una sonrisa”, libro digital que recopila historias de niños del CEC 801, reconoció que por cuestiones de tiempo ve más YouTube y plataformas de streaming que televisión.
“Puedo ver contenidos que me interesan con mayor libertad de horarios y coordinarlos con otras actividades”, dijo González, que también es enfermera.
“Me encanta mirar series o películas antiguas porque me recuerdan la niñez y adolescencia”, explicó.
No obstante, extraña programas que ya no se emiten y tampoco se pueden encontrar en las plataformas, como ocurre con la mayor parte de la producción nacional de los 80 y 90. Aún recuerda programas como La aventura del hombre, La pantera rosa y los documentales de Jacques Cousteau.
Para otros sin embargo, la televisión tradicional no tiene esa carga nostálgica. Es el caso del dramaturgo local Juan Pablo Santilli. “La TV ha tenido una presencia rara en mi vida. Tal vez porque en mi casa no había tele, por decisión de mi padre y mi madre”, explicó.
“Veíamos tele sólo en ocasiones especiales, cuando íbamos a dormir a lo de mi abuela o pasábamos una tarde de sábado en el Centro Vasco y el cantinero nos daba vía libre para que miráramos cualquiera de los dos canales que había”, bromea.
“Ahora miro pelis y deportes en algunas plataformas y pavadas sueltas en YouTube”, explicó.
Para el músico Gustavo Sunino tampoco fue difícil despegarse de la televisión. “Hace mucho que no miro televisión. De hecho en casa no tenía aparato hasta este año que compré uno para ver el Mundial”, afirmó.
Dijo que en los últimos años utilizó especialmente YouTube. “Es una forma de mirar lo que tengo ganas. Está bueno porque no te imponen nada”, dijo.
“Me gusta la nueva forma de consumir contenido, ya que los nuevos formatos de la televisión no me gustan para nada”, explicó. “De la televisión tradicional extraño las series y los programas cómicos, los que se hacían con sketch”.
Nuevas pantallas
Pero esa televisión que todos recuerdan con nostalgia está en vías de extinción. Hasta hace una década el televidente era un pasivo espectador pendiente de la programación de unos pocos canales.
La revolución de estos tiempos de plataformas digitales consiste en que las mayores producciones e inversiones se van desplazando al formato serie con sus temporadas y a la posibilidad de que el espectador se transforme en programador, en quien elige el cómo, el qué y el cuándo en detrimento de la llamada televisión abierta y al cable tradicionales.
Influye decididamente también la baja del interés por el vivo. La oferta para el consumidor de plataformas de streaming es inmensa y para todos los gustos.
Por ello, la tendencia para la televisión tradicional parece irreversible y esto queda reflejado en quién la consume. La edad promedio de los televidentes de los medios clásicos ya es superior a los 50 años.
Mientras tanto, niños y adolescentes consumen contenidos mixtos en nuevas plataformas y nuevos formatos. En ese sentido, para ellos las plataformas de streaming ni siquiera son la opción lógica.
Para ellos existen otras opciones más atractivas como los reels de Tiktok, las transmisiones de Twitch o YouTube.
Hoy entre los chicos los youtubers, como los tiktokers, los twitchers e instagrames son más populares que la mayoría de los conductores de televisión tradicional.
El fenómeno es tal que las grandes cadenas de televisión productoras de contenidos para adolescentes y niños se encuentran con grandes dificultades para generar series y productos que resulten tan atractivos como los que ven los chicos en cualquier momento y desde cualquier pantalla, y la mayoría de las veces gratis.///
Mirar desde lejos
La televisión hizo su aparición en nuestra ciudad en los primeros meses de 1961. Semanas antes, el 18 de diciembre de 1960, había comenzado a funcionar Canal 8 Mar del Plata, una de las emisoras que, durante años, junto a Canal 10 de la misma ciudad, acercarían la experiencia televisiva a los necochenses. El monopolio de estos dos canales en las pantallas de los televisores de nuestra ciudad se mantuvo hasta la aparición de la televisión por cable, en los años 80.
En los primeros días de enero de 1961 la televisión comenzó a impactar en la vida de los necochenses. Un aviso de Canal 8 en Ecos Diarios promocionaba la serie «Maverick», interpretada por James Garner. La serie era auspiciada por IKA y se promocionaba como «el programa número uno de la TV norteamericana».
En la misma página que aparecía el aviso, el diario le dedicaba un artículo a la programación de Canal 8. «Una de las preocupaciones de Canal 8, desde antes de su inauguración oficial -el 18 de diciembre último- ha sido la que su programación contemplara el orden y la armonía hogareña, tanto en su calidad, como en la distribución horaria».
«Ello explica el desarrollo actual del orden de difusión, que dedica su primera hora, exclusivamente, a una teleplatea con mayoría infantil, en la que se proyectan dibujos animados y series filmadas con material de entretenimiento, estrictamente adecuado a la personalidad de los pequeños», agregaba el artículo.
Pero en aquellos días, para comprar un televisor y todo el sofisticado sistema de recepción había que viajar a la ciudad de Mar del Plata.
Recién allá por el 63 la publicidad de aparatos de televisión comenzó a aparecer regularmente en el diario, lo que demostraba el creciente interés del público. La firma Cincotta, que tenía su local en la calle Belgrano (actual 62), vendía televisores Emerson en cuotas mensuales de 1.750 pesos. En tanto, Sclani y Navarrine ofrecían la línea Philco.
Con la llegada de la televisión por cable a nuestra ciudad en los años 80, finalizó el monopolio de la televisión marplatense y comenzaron a aparecer los primeros programas realizados íntegramente en Necochea.///