Lo que viven los chicos y sus padres
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Juan Pedro tiene 12 años y está cursando el 1° año de la secundaria en un colegio privado.
“A mí me va bien, pero no me gusta porque es fácil distraerme y no aprendés tanto como presencialmente”, contó Juan Pedro, que tiene seis horas por día de Zoom, algo no tan fácil de sobrellevar ni para un niño ni para un adulto.
A modo de ejemplo, dijo que “en las clases virtuales a veces no podés preguntar porque se traba y, en cambio, la señorita cuando está en el aula lo explica mejor y lo puede escribir en el pizarrón”. Además, contó que extraña a sus compañeros e ir a la escuela todos los días.
Asimismo, su mamá aseguró que “están odiados con la virtualidad” y destacó que “no sirve para nada”.
“Me parece que es tremendo desde todos los puntos de vista. Se complica absolutamente todo, ya sea lo laboral, el aprendizaje de los chicos y la brecha de desigualdad porque no es lo mismo un chico que puede tener acceso a una computadora y a una buena conectividad que un chico que no tiene acceso o que tiene que compartir una computadora en la casa con cuatro hermanos”, expresó Graciana, quien además tiene una hija de 10 años. Recordó también que el año pasado directamente se perdió y remarcó que “el daño es irremediable”.
“Extraño el colegio”
Por otra parte, Pilar, que tiene 14 años y cursa el 3° año del secundario, contó que las clases virtuales no son de su preferencia, pero aclaró que entiende la situación. “Me resulta más fácil motivarme cuando voy al colegio que en la virtualidad.
Además, no lo disfruto mucho y la concentración no es la misma”, expresó, y contó que a veces hay problemas de conexión que interfieren en la enseñanza.
“Extraño el colegio, su ambiente de trabajo y ver a mis compañeros. Algunos profesores le ponen buena onda y hacen que se disfrute más la clase, pero es muy diferente levantarse para ir al colegio a levantarte para estar en tu casa, sentado con la computadora. La escuela virtual me causa estrés de vez en cuando, pero me adapto”, indicó Pilar y, al mismo tiempo, deseó que la presencialidad vuelva pronto.
Su mamá Eugenia dijo que sus tres hijos prefieren ir al colegio, aunque sea semipresencial, y lamentó que muy pocos docentes saben organizar una clase por Zoom.
“Los principales perjudicados de toda la pandemia fueron los chicos”, aseguró y contó que principalmente el año pasado sintió un “desamparo terrible”.
“Vi profesores con pocas herramientas frente a la virtualidad”, advirtió, refiriéndose puntualmente a la calidad educativa.
“Súper complicado”
Otra experiencia vive Luciana, que tiene tres hijos: uno de 9 años que tiene autismo, uno de 3 años y otro de 2. En el caso del mayor, tiene clases presenciales dos veces a la semana –así se trabaja en educación especial-, mientras que los más chiquitos tienen sólo propuestas virtuales el jardín de infantes.
“Para nosotros es súper complicado porque trabajamos los dos”, explicó, dando cuenta que se dificulta por los horarios, pero también para sostener las actividades en forma virtual.
“Al tener autismo, uno de mis hijos no se engancha con la virtualidad, directamente no puedo hacer que mire la pantalla”, expresó. No obstante, aclaró que “el trabajo de las escuelas especiales es enorme; el año pasado nos acercaron material a casa para que él trabajara”.
Con respecto a los más chiquitos, señaló que hacen clases por Zoom, pero “es muy difícil porque son muy chiquitos y prestan atención un minutito y después se van”.
De todas maneras, dijo que entiende que estamos en una pandemia y que es difícil que los chicos de esa edad puedan respetar los protocolos.