Lobos: el Consorcio portuario no actúa
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Días atrás Ecos Diarios dio cuenta del crecimiento exponencial que viene teniendo la colonia de lobos marinos instalada en la punta de la escollera de Necochea, producto de un éxodo masivo de la especie de dos pelos desde la lobería de Mar del Plata.
Más allá de la advertencia de que son animales más agresivos que los de un pelo pero a la vez huidizos de la presencia humana, se han sumado a la vieja colonia de un pelo instalada desde hace décadas en nuestro puerto y que hoy ocupa la parte inicial de la monumental estructura y la playa de Los Patos, superando entre ambas especies la cifra de mil ejemplares.
En torno a los lobos, las opiniones están divididas: mientras algunos los ven como un atractivo turístico; en mayor número otros critican que el tránsito libre de los animales por la escollera y aledaños se constituye en un peligro latente de accidentes; y que el olor que emanan es nauseabundo.
En medio de estas posiciones aparecen las actitudes de temerarios que, a veces inocentemente y en otras no, molestan o atacan a los animales. Un inentendible proceder que incita a reacciones de los lobos, que obviamente no tienen la facultad del raciocinio; lo que puede derivar en accidentes para lamentar.
Vistas estas situaciones, desde hace años se han anunciado desde el Consorcio portuario proyectos tendientes a proteger a los lobos del acercamiento humano y viceversa, sin por ello perder la posibilidad de observarlos, fotografiarlos o filmarlos a quienes les interesen estas cuestiones.
Sin embargo nada se ha concretado. El plan de crear el Paseo de los Lobos, incluyendo una pasarela para observarlos desde lo alto en la playita lindera a la escollera en la cual descansan, se quedó justamente en eso.
Tampoco, justo es decirlo porque le cabe responsabilidad más allá que la escollera no sea su jurisdicción, ha existido un interés de la Municipalidad para exigir que se cumpla lo proyectado o se otorgue mayor seguridad a las personas que en gran número van a pasear o pescar al lugar, y por ende a los propios lobos.
Mientras las indecisiones le ganan a los hechos, solo hay un trabajo de monitoreo y asistencia cuando aparecen ejemplares heridos o muertos por parte de profesionales de la Universidad Nacional de Mar del Plata; y el voluntarismo de un vecino (Carlos Leo), que suele extraer los zunchos que inadaptados colocan en el cogote de los lobos cuando son pequeños, con el fin de que mueran ahorcados cuando crezcan.
Obviamente que estas cualidades no solucionan el problema de fondo, ya que está visto que las poblaciones de las dos especies de lobos siguen aumentando y esta situación no variará. Y con ello también crecen los peligros de una forzada convivencia entre estos animales silvestres y los seres humanos.///