¿Los chicos leen más o menos con las nuevas tecnologías?
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El teléfono móvil y las tablets, que algunos consideraron grandes herramientas para la democratización de la educación, son en realidad amigos o enemigos de la lectura entre los más jóvenes
En menos de 25 años Internet cambió definitivamente el mundo en el que vivimos. Pero el cambio se aceleró en los últimos cinco años. Basta salir a la calle, subir a un colectivo, ingresar a un consultorio médico, sentarse en un café o ir a la playa para darse cuenta de que la mayoría de las personas viven con normalidad una doble vida: la real y la virtual.
Incluso en Necochea, la mayor parte de la población pasa casi las 24 horas “conectada” a la red mediante sus dispositivos móviles. Y esto, aunque no nos demos cuenta, lo ha modificado todo: nuestras relaciones interpersonales, la forma en que nos informamos y nos entretenemos.
Mientras que para las personas mayores de 45 años, las que crecieron con la televisión en blanco y negro, viendo los canales 8 y 10 de Mar del Plata, resulta más difícil adaptarse a estos cambios, para quienes nacieron en el Siglo XXI, gran parte de la vida transcurre en Internet.
Ahora los chicos no miran televisión, aunque ven maratones de series en Netflix y consumen horas de contenido audiovisual a través de You Tube y las redes sociales. Los adolescentes no usan Facebook ni Twitter, que para ellos ya son una antigüedad, y viven posteando fotografías y videos en Instagram o Snapchat.
La pregunta es, en este mundo, ¿dónde han quedado la lectura y los libros? Dispositivos como celulares y tablets, que muchos imaginaron como grandes herramientas para la democratización de la educación, ¿son aliados o enemigos para fomentar la lectura entre los chicos?
Un caso testigo
A mediados de 2016, el Centro Cultural de Necochea puso en marcha en la Biblioteca Popular “Andrés Ferreyra” un proyecto de lectura digital.
A través de un subsidio de la Conabip, se adquirieron cinco dispositivos electrónicos para leer libros digitales y se adquirieron ebooks nacionales, extranjeros e incluso algunos de autores locales.
Juliana Orihuela, impulsora del proyecto, señaló esta semana a Ecos Diarios que “no parece que los chicos tengan particular curiosidad por estos dispositivos”.
Señala que el público adulto es quien más accede a esta biblioteca digital, tal vez porque los dispositivos con los que cuenta el Centro Cultural son de pantallas monocromáticas y no resultan atractivas para los más pequeños.
“Existe un proyecto para adquirir cinco tablets y libros en color, parecidos a los libros álbum, más atractivos. Queremos ver si ahí definitivamente el público cambia y los chicos ingresan al uso de esta tecnología”, afirmó Orihuela.
Sin embargo, puntualizó que “tampoco los jóvenes se ven muy seducidos” por la lectura digital.
Señaló que niños y jóvenes “ya cuentan con dispositivos en su vida personal y los usan para otra cosa”.
La gente y los dispositivos
La experiencia cotidiana de la gente con la lectura es variada. Si bien los dispositivos electrónicos están muy presentes en la vida de todos, hay quienes no cambian el papel por nada y otros que encuentran en los libros digitales una puerta hacia una biblioteca infinita.
Indudablemente esto se debe a una diferencia básica existente entre el libro de papel y el electrónico. Para leer un libro de papel no hace falta ningún conocimiento, solo abrir el volumen y comenzar a leer, mientras que los ebooks requieren ciertos conocimientos, como las apps necesarias para poder acceder al contenido o saber cómo descargar un texto, algo que para muchos es desalentador.
De allí que al consultar a los necochenses sobre qué leen sus hijos y si usan dispositivos electrónicos, las respuestas sean tan variadas.
“El mío lee libros. No suele utilizar dispositivos electrónicos”, explicó Mercedes, que tiene un hijo adolescente. “Y compra libros seguido”, agregó.
“El mío lee en papel”, señaló Josefina. Mientras que Elena dijo: “Para mi hijo leer es un muy buen plan. Actualmente noto que el dispositivo móvil viene ganando terreno en sus lecturas, pero el libro de papel sigue teniendo su encanto para él”.
En tanto, Noemí, una experimentada docente de lengua y literatura, asegura que sus “estudiantes leen en el celular”.
“Mis hijos leen y estudian con dispositivos con contenidos educativos. Poco papel”, afirmó Jorge.
Guillermo, un joven que ya superó la adolescencia, pero que es fanático de las nuevas tecnologías, dijo que por los nuevos dispositivos, “aunque sean cosas sin mucha importancia, leo muchísimo más ahora que hace 3 o 4 años atrás”.
Por su parte, Alejandro, que tiene dos hijas pequeñas, dijo que la más grande “mira dibujitos en el celu y lee libros y tiras cómicas”.
Finalmente, Marcelo, cuyo hijo más chico tiene 12 años, indicó que “la tecnología no ha sido influyente para sus hábitos de lectura de cuentos, novelas, etc. No lee ebooks, sino el tradicional libro de papel”.
Formar lectores
Recientemente, especialistas de la Fundación Leer elaboraron un conjunto de recomendaciones para fomentar el hábito de la lectura en los más pequeños que incluyen la utilización de los dispositivos tecnológicos que más utilizan, sean tablets, celulares o computadoras de escritorio, como «aliados» en la tarea.
Desde hace 20 años esta fundación impulsa programas de alfabetización temprana, lectura y escritura, entre ellos el conocido Maratón Nacional de Lectura.
«La tecnología, lejos de ser una amenaza para la lectura, es una herramienta que permite fomentar el contacto de chicos y adolescentes con la palabra escrita. Celulares, tablets y computadoras pueden convertirse en aliados si aprendemos a seleccionar recursos y a presentarlos en un marco de juego y disfrute», señalaron desde la fundación.
En ese sentido, explicaron que tratar de rechazar la inclusión de los dispositivos electrónicos en la vida de los jóvenes no sólo es «imposible» sino que además sería contraproducente.
“Cada vez que un nene entra a un sitio web de juegos, busca un videoclip, descarga una aplicación o usa una red social, está leyendo. No sólo eso: está aprendiendo a manejarse en un mundo virtual que ya es clave para el ámbito laboral y que probablemente será mucho más importante cuando sea grande», añadieron.
La transición
“Creo que las nuevas tecnologías no sumaron ni restaron a la lectura. Hay que pensarlas como una opción más para acceder a los libros”, señaló Juliana Orihuela, a cargo del proyecto de lectura digital de la Biblioteca “Andrés Ferreyra”.
“Los libros digitales son un canal más, lo que es triste, es que la industria editorial no está produciendo material para los nuevos dispositivos”, dijo Juliana.
Y tampoco el sistema educativo ha logrado integrar el uso de nuevas tecnologías en las aulas.
Mientras en algunos países los estudiantes reciben una tablet con todo el material de estudios precargado y en otros los estudiantes cuentan con acceso a aulas virtuales desde donde pueden descargar textos e interactuar con alumnos y estudiantes, aquí lo más cercano fue el proyecto Conectar Igualdad.
Esta iniciativa, basada en el proyecto Una laptop por chico, una idea de Nicholas Negroponte, el fundador del laboratorio de diseño del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), no tuvo aquí el resultado esperado.
Pero esto no sólo ocurrió en Argentina. Chile, Brasil y Uruguay desarrollaron iniciativas similares.
Una década después de que Negroponte presentó su idea, se comprobó que los programas aplicados en la región fomentaron la integración digital de los hogares, pero no mejoraron los resultados de los planes de aprendizaje.
Debido a ello, la pregunta sobre si las nuevas tecnologías son amigas o enemigas de la lectura, parece no tener respuesta en un mundo en que los paradigmas de educación y cultura se encuentran en plena transición.///
El miedo a la evolución
Hay quienes sostiene que para ellos el libro electrónico no es un libro y que el verdadero es de papel, el que se puede tocar, oler, marcar e incluso anotar.
Sin embargo, se debe recordar que no siempre el libro fue como hoy lo conocemos y por ello no se puede imaginar cómo podrá ser en las próximas décadas.
A lo largo del tiempo, los libros han experimentado cuatro grandes cambios. El primero de ellos, ocurrió en el siglo III aC. cuando se pasó de escribir en tablillas de arcilla a hacerlo en rollos de papiro. El segundo se produjo en el siglo I dC y corresponde al reemplazo de los rollos de papiro y de pergamino (piel animal) que debían desenrollarse para leerse, por el códice o libro cuadrado.
A partir de este formato, ocurrieron cambios sustanciales: se facilitó la consulta de contenidos, se agrupó mayor cantidad de texto, mejoró su transportarte y almacenamiento y, gracias a las tapas que los recubrían (encuadernación), se pudieron conservar durante un tiempo mayor.
El tercer cambio ocurrió a mediados del siglo XV cuando Johan Gensfleisch zum Gutenberg, en Maguncia, Alemania, puso a funcionar su imprenta de tipos móviles. A partir de entonces, gracias a las grandes tiradas posibilitadas por la imprenta, los libros, tal como los conocemos hoy, poco a poco se volvieron accesibles y muy populares.
Debieron pasar algo más de quinientos años para que se diera el cuarto eslabón en la cadena evolutiva del libro. El momento preciso se produjo a fines de 1971, cuando Michael Hart decidió digitalizar la Declaración de Independencia de Estados Unidos, que se convirtió en el primer libro electrónico de la humanidad.
Así nació el Proyecto Gutenberg, que se propuso crear una biblioteca de libros electrónicos gratuitos a partir de libros que ya existen físicamente.
Esta biblioteca, que se encuentran disponibles desde entonces en Internet, contiene más de 56.000 ebooks en inglés, francés, español, portugués y alemán (www.gutenberg.org).