“Los curas no somos lo más importante de una comunidad”
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Afirmó el cura párroco de Santa Teresita, Gonzalo Domench. Su estilo, cómo vive la religión y la labor en un sector con carencias
“El movimiento en nuestra parroquia es intenso, hay muchos grupos y referentes a los que trato de acompañar, porque tengo muy en claro que los curas no somos lo más importante en una comunidad religiosa”, sentenció el padre Gonzalo Domench, titular de Santa Teresita.
Seguidamente, en el marco de una entrevista concedida al programa radial “…Y ahora qué?”, que se emite los viernes de 11 a 12.30 por la 97.9 La Costa FM, el religioso se refirió a las necesidades del sector que abarca su parroquia, al decir que “la conozco de joven cuando iba con otros chicos a misionar a la parroquia. Tenemos en nuestra área los barrios más complejos de la ciudad, y tratamos de acompañar a la gente cuerpo a cuerpo”.
En reconocimiento a la tarea solidaria de los feligreses apuntó: “Nunca deja de sorprenderme la gente que está al lado del que necesita. Esos voluntarios que día a día le ponen el cuerpo, como ser las chicas que acompañan el apoyo escolar y merendero de la parroquia que saca a los chicos de la calle, o las de Cáritas a través de la cual acompañamos a unas 60 familias. No es que viene alguien se le da una bolsa de alimentos y adiós. Atrás de esa bolsa hay una historia, hay vergüenza, fracaso, lucha y enojo y es en esto último donde está nuestra misión”.
La parroquia Santa Teresita, cuyo templo principal está ubicado en calle 55 entre 94 y 96 abarca un amplio sector, quizás el más vulnerable de la ciudad. También comprende a las capillas Inmaculada, en 47 y 74; San Pablo, en 9 y 98; Jesús Buen Pastor, en el barrio Los Naranjos; y San Cayetano, en el 9 de Julio. El padre Domench lleva poco más de dos años al frente de la misma.
“Tenemos un “obispazo”, dijo el joven sacerdote al referirse al titular de la Diócesis, monseñor Gabriel Mestre, porque “conoce la realidad de la gente de cada parroquia y está muy presente”.
Una forma “particular”
Sobre su estilo al momento de dar la misa, con un diálogo continuo con los asistentes en especial los niños, el sacerdote indicó que “es algo innato. Soy una persona que se aburre fácilmente y esa dinámica con los chicos me ayuda a estar centrado”.
Nacido en Quequén hace 34 años e integrante de una familia con cinco hijos, “no muy adepta a la fe”, Gonzalo tuvo idas y vueltas en torno a su vocación religiosa. De hecho contó que “la estructura del seminario me costó mucho. Tanto que lo abandoné un tiempo, para luego volver al darme cuenta que Dios era el único que podía hacer pleno a mi corazón”.
Con una sonrisa recordó que “cuando tenía la edad de la catequesis fui un tiempo y la dejé porque me parecía aburrida y no lo sentía. Luego tomé la comunión de grande y Dios se vengó y me hizo cura”.
En su momento Gonzalo trascendió por sus alegres tik tok en los cuales promulgaba temas religiosos, aunque aclaró que “siento es una de las etiquetas que llevo y no me pertenecen”.
Luego describió como base de su sacerdocio “encarar la vida con alegría”, mientras que sobre su asunción como párroco en su “pago chico” confesó no haber llegado “con una expectativa especial, más allá de lo vincular de saber que tendría más cerca a mi familia y amigos. Pero la misión sacerdotal debe ser la misma en el lugar que te toque”.
Al señalársele si hay que tentar a las personas para que vayan en mayor número a la Iglesia, el párroco reflexionó: “Yo primero me preguntaría para qué queremos que la gente vaya a la iglesia, no se trata de ir por ir. Nuestro desafío es anunciar a Dios, que nos ama, nos cuida y no nos juzga. Es hermoso si lo podemos hacer juntos y compartir, pero no siento que hay que convencer a nadie para que venga. Además Dios no está encerrado en la iglesia católica, está en todos lados”.
Una marca de fuego
Previo a su llegada a Necochea, Domench tuvo destinos sacerdotales en Mar de Plata y uno lo dejó marcado a fuego: la parroquia Pío Petrochina, en la zona del Faro de Mar del Plata, donde encabezó un hogar de contención para chicos con problemas de adicciones. “Gran parte de mi corazón se quedó ahí”, señaló con emoción, “y cada vez que voy a Mar del Plata lo visito. Es que integramos un gran equipo, aunque tuvimos mucho sufrimiento porque en el periodo que estuve nos mataron tres pibes por temas de droga… Uno robó una zapatillas y al intentar huir en moto lo asesinaron de tres tiros por la espalda, su vida parece que valía tan poco como un par de zapatillas…”
La entrevista completa se puede escuchar en la página web de la radio: www.fmlacosta.com.ar.///