Los curiosos inventos del “lenguaje inclusivo”
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En los últimos años, surgió un movimiento, vinculado al feminismo, tendiente a crear un lenguaje más inclusivo y “no sexista”. Si bien muchos creen que esto fue un invento argentino, en realidad la discusión se viene dando desde hace tiempo en Europa, en los lugares de habla hispana.
Así fue como apareció primero el uso del “todos y todas” y “niños y niñas”. En un segundo momento, se empezó a usar la arroba para reemplazar las vocales: por ejemplo, “nosotr@s”, que incluiría –según los militantes de este curioso movimiento- el masculino y el femenino. Como este símbolo resultó confuso, se reemplazó por una «x», para dar lugar al «nosotrxs». Pero como estas últimas opciones (@ y X) son impronunciables al momento de hablar, como solución, se impuso la letra “e”.
En estos últimos días, hemos escuchado y leído en las redes sociales y también en la televisión, curiosas palabras que involucrarían a ambos géneros: “todes”, “nosotres”, “les”, “diputades”, entre otras. Con el disparatado argumento, de que “el lenguaje actual invisibiliza a las mujeres”, se inventaron llamativos términos que no hacen más que estropear nuestra ya de por sí riquísima lengua.
Teniendo en cuenta lo amplio que es el español, en comparación con otras lenguas, cabe preguntarse: ¿Qué necesidad hay de inventar otras palabras que incluso algunas son imposibles de pronunciar, como es el caso de las que llevan x o @, símbolo que hoy se usa en el correo electrónico, pero su definición es la cuarta parte de un quintal?
Todas estas fórmulas ya fueron rechazadas por la Real Academia Española, que en su cuenta oficial de Twitter, aclaró: «Al decir ‘todos’ no quedan excluidas de la referencia las mujeres. Si se tiene en cuenta esto, se ve que son innecesarias, y artificiosas, las propuestas de uso de signos como la ‘@’, la ‘x’ o la ‘e’ como fórmulas para un uso inclusivo del lenguaje”.
Por supuesto que nadie pierde de vista que la lengua es un sistema dinámico y que está en permanente cambio, a partir de los usos y costumbres de los hablantes. Debido a esta característica propia de la lengua, es que la Real Academia Española periódicamente incorpora nuevos términos al diccionario, tal es el caso, de las decenas de palabras que fueron incluidas relacionadas con la tecnología, que antes no existían. Sin embargo, una cosa es incluir palabras necesarias para nombrar objetos o acciones nuevas (como escasear o cliquear) y otra es modificar términos que ya existen porque a algunos hablantes les parecen “sexistas”. Además cabe agregar que la igualdad entre los hombres y las mujeres, tiene que ver con un proceso social mucho más profundo, que decir “todxs” o “nosotres”.
Lo lamentable es que estos curiosos términos no sólo aparecen en ámbitos informales como redes sociales sino que se replican en los espacios formales. Esto significa que no sólo se quedan en un Whatssap sino que se trasladan a escritos escolares y universitarios, cartas, gacetillas de prensa, entre otros textos formales.
Como siempre, en estos casos, hay que volver al origen. Para saber escribir, hay que leer. Es de esperar que la educación tenga en cuenta esta demanda y se habilite, como era antes, un espacio diario para la lectura de cuentos y novelas de escritores de habla hispana, que le permitirá a los niños y jóvenes ampliar su vocabulario y darse cuenta de lo rica que es nuestra lengua y de las múltiples opciones y posibilidades que tiene, para incluir tanto a hombres como a mujeres.