Los festejos patrios
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Los cambios que ha conllevado en nuestra vida la aparición en escena del coronavirus, ha modificado entre otras cuestiones varias costumbres y la forma de conmemorar las fechas patrias.
No es necesario ser demasiado observador para darse cuenta que el recuerdo de esas fechas se ha ido desvaneciendo en las últimas generaciones, y para ello mucho ha tenido que ver la decisión de los gobiernos de turno de correr el real día de algunos feriados, en pos de tener más cantidad de fines de semana turísticos y por ende privilegiar el supuesto beneficio económico. En consecuencia los jóvenes y niños poco y nada captan a qué se deben esos días no laborables.
En el caso específico de los feriados ligados a los hechos que marcaron nuestra historia y el testimonio a los héroes que la forjaron, se ha ido perdiendo la costumbre de engalanar con la bandera nacional el frente de las casas y edificios, y lo que es más grave aún, hay reparticiones públicas que no colocan el emblema patrio; o ubican banderas deshilachadas que cuelgan por meses de mástiles. Un verdadero deshonor y falta de respeto a los símbolos que nos identifican como nación.
En este anormal año la pandemia y el obligado confinamiento coadyuvan para potenciar ese desinterés, ya que al no haber actividad escolar la repercusión de los festejos pasa desapercibida.
En lo que va de la cuarentena pasaron las conmemoraciones del Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas, donde sólo hubo una formación de personal de Prefectura Naval Argentina en el monumento de Quequén que testimonia a la gesta en las islas del sur; y la conmemoración de los 210 años de la Revolución de Mayo, con una breve ceremonia en el salón de actos del municipio y un posterior tedeum en la parroquia Santa María del Carmen.
En ambos casos con barbijos y distancia obligatoria de por medio.
Ahora se avecina el Día de la Bandera y se proyecta un acto similar, mientras que, como alternativa interesante, se está tramitando la aprobación de la Provincia para adicionar la tradicional promesa de lealtad a la enseña patria por parte de los alumnos de cuarto año de Primaria, ceremonia que habitualmente se efectúa en la plaza Dardo Rocha y que esta vez se llevaría a cabo en alguna escuela, con la presencia de un grupo de educandos reducido y en representación de los diversos establecimientos del distrito.
La iniciativa, de poder concretarse, significaría una triste forma de fomentar el espíritu patriótico en los niños. No obstante, también resultaría positivo que los mayores inspiren la colocación de banderas en los domicilios, para darle un mayor sentido a nuestra historia y sus símbolos.
Bastante se habla del argentinismo o el patriotismo de nuestra sociedad, pero en muchos casos queda en una proclama, y solo cobra mayor dimensión cuando se disputa un mundial de fútbol y todos se ponen la camiseta con los colores albicelestes o los pintan en sus rostros.
Bajo esta realidad sería positivo que, en estos tiempos de cuarentena, de parálisis económica y sufrimientos, exteriorizáramos el próximo 20 de Junio con mayor energía nuestro orgullo de ser argentinos y testimoniásemos a bandera celeste y blanca que Belgrano nos legó. Sólo depende de cada uno.