Los “gariteros” de Barrio Norte: una amistad que perdura luego de 45 años
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Se conocieron cuando eran niños y una garita de colectivo los unió hasta el día de hoy, siendo el símbolo de su amistad. Se reúnen una vez al mes. Recuerdos de “otra” infancia
La garita de calle 45 y 68, es el punto de encuentro, el símbolo de esta amistad que mantiene un grupo de hombres desde hace 45 años. Ellos son “Los gariteros de Barrio Norte”, que se conocieron cuando eran niños y jugaban todos juntos al fútbol y la vieja garita de colectivo oficiaba de arco.
Entre risas y mates de por medio, estos amigos contaron sus anécdotas, los recuerdos de “otra” infancia, donde las aventuras y estar al aire libre, eran el plan ideal para compartir.
En sus miradas permanece esa picardía de cuando eran niños y más de uno se emocionó al recordar ante Ecos Diarios momentos especiales, donde la ingenuidad y la alegría se ponían de manifiesto.
Carlos “Chicho” Miranda, Gustavo Tompolini, Fernando Fabián Luna, Darío Carrión, Pablo “El mono” Casado, Gustavo “El ruso” Guardia, Sergio Portugal, Carlos “El negro Lito” Laubiau, Miguel “El negrito” Varón, Marcelo “Toto” Rodríguez, Mauro Sosa y Arturo Casado, se dieron cita en la vieja garita de chapa que ya no cumple la función de otrora, ya que no pasa más el colectivo azul por esa esquina, pero en aquella época era la línea 513 de cartel color naranja la que pasaba por allí.
Todos saben que la garita es su lugar, donde no hay diferencias entre ellos y guarda una magia especial. Es la única de chapa que se mantiene en pie, luego de 45 años.
Los presentes también mencionaron a otros integrantes del grupo como Germán Jensen, Gustavo Casula, José “Indio” Jáuregui, Walter y Fernando Miranda, Daniel Socolof, José Colaizo y “Peto” y Fernando Sarrode.
Algunos están radicados en Tres Arroyos y Buenos Aires, pero la gran mayoría permanece en el barrio, inclusive algunos tuvieron la posibilidad de tener su propia casa en otro lugar, pero esperaron el momento oportuno para comprar un terreno en el barrio Norte.
“Vivíamos todos en el barrio, nos criamos juntos y nos conocemos de jugar en la calle. Éramos quienes disfrutábamos la esquina”, indicó “Chicho” Miranda.
Con más de 45 años de amistad, sus padres se conocen, y entre sus hijos los llaman tíos. Con el paso de la vida algunos fortalecieron la amistad, formaron sus familias, algunos ya tienen nietos y otros se distanciaron un tiempo por cuestiones de trabajo, pero hace 12 años se reencontraron y se reúnen todos los meses en una peña.
Arturo Casado, tuvo la iniciativa de juntarlos a todos. “Si bien nos veíamos, pero no todos juntos. Un día le comenté a mi señora qué lindo sería juntar a mis amigos de la infancia y ella me apoyó y me dijo que no era tan difícil. Conseguí algunos números de teléfono y los junté a todos”, señaló contento.
Complicidad
Una vez al mes se reúnen, cocinan, charlan, se ríen, se divierten, recuerdan anécdotas y lo pasan muy lindo. De hecho, hace unos días se reunieron a comer pavita. “Somos todos gente buena, de trabajo, que tenemos lindos recuerdos”, mencionaron.
Al momento de contar anécdotas afirmaron que “en cuatro manzanas nos conocíamos todos. Veníamos a las 8.30 de la mañana y jugábamos a la pelota hasta las 12 de la noche debajo del foco que estaba en calle 45 y 68”.
Asimismo, señalaron a doña Dominga, una vecina del barrio que era la única que tenía televisor en aquel entonces los invitaba a ver los partidos de boxeo con Carlos Monzón y Víctor Galíndez y los de tenis con Guillermo Vilas.
“Nos invitaba también a tomar mate cocido con pastelitos”, comentó Arturo.
Además se acordaron cuando con un grabador y un casette, iluminados con focos de color, simulaban el boliche y se entretenían en la garita.
Otra de las anécdotas sucedió en la época militar cuando estaban jugando al futbol en el barrio y algún vecino llamó a la Policía porque les molestarían y de un momento a otro llegó un Dodge con efectivos que portaban sus escopetas.
“Los policías nos preguntaron ¿qué están haciendo? y nosotros respondimos, jugando a la pelota. Inmediatamente nos dijeron que nos tenían que llevar a la Comisaría y así fue. Inclusive, el único que tenía bicicleta era “el Negro” Lito, porque su papá era bibicletero y les pidió permiso para llevar la bicicleta a la casa y volvió”, recordando entre risas la ingenuidad que tenían cuando eran niños.
Teniendo a una cuadra el Club Mataderos, el fútbol sin lugar a dudas los marcó y Sergio Portugal fue un reconocido jugador, que formó parte del equipo que ascendió con Estación Quequén al Nacional B, e integró otros elencos de fútbol local y regional.
En tanto, “Chicho” Miranda, Arturo Casado y Miguel “El negrito” Barón fueron árbitros, habiendo compartido muchos años de vestuarios y canchas.
De los recuerdos del barrio cuando jugaban a la pelota uno dijo “lo triste era cuando pasaba un auto y nos reventaba el balón y también cuando los vecinos nos sacaban corriendo”.
Hoy algunos son empleados de comercio, otros trabajan en la construcción, son ambulancieros, estudiaron oficios y con los años hicieron su propio camino y formaron sus familias. Las vueltas de la vida hicieron que algunos de sus hijos sean amigos, sin saber que sus padres lo eran e inclusive alguno de sus hijos también fueron novios.
Todos coinciden que tuvieron una infancia sana y al día de hoy pueden verse a los ojos y siguen siendo los mismos “de la garita”.