Los jóvenes en terapia
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Ellos manifiestan diversas dificultades, desde no sentirse parte de un grupo, verse afectados por el bulling, tener conflictos familiares, y los padres se muestran preocupados por las conductas transgresoras propias de los adolescentes.
Por María Cecilia Gotta – Redacción
No sólo los profesionales, sino adultos y los padres de los adolescentes, se muestran preocupados por la realidad que están viviendo los jóvenes, quienes manifiestan diversas dificultades, como puede ser desde no sentirse parte de un grupo, verse afectados por el bulling, tener conflictos familiares, teniendo conductas transgresoras propias de los adolescentes y que en algunos casos son evadidas con el consumo de alcohol, trastornos de alimentación, entre otras. La adolescencia es principalmente una época de cambios, donde los jóvenes no son adultos pero tampoco niños y los padres deben ayudarlos y guiarlos.
Los adolescentes suelen comenzar terapia entre los 13 y 14 años, sobre todo por demanda de los padres, los cuales se muestran preocupados por las conductas transgresoras o violentas de sus hijos, o también por trastornos alimenticios y consumo problemático de sustancias, entre otros motivos.
Los chicos no demandan tratamiento psicológico, pero el consultorio se vuelve un ambiente de confianza con el profesional donde la confidencia es un punto clave, llegando a entendimientos, excepto que el joven corra riesgos.
Ayelén Villarreal, es psicóloga de adolescentes y realiza una terapia conductiva conductual, donde se trabaja sobe la problemática puntual, pudiendo brindar herramientas a los chicos para poder enfrentar diferentes situaciones que se van presentando.
“Los padres buscan una solución a través del consultorio, en forma desesperada, porque es cierto que los chicos hoy en día comienzan con la adolescencia más temprano y las conductas alarman y generan preocupación en los padres”, indicó.
Primero con los adolescentes se debe trabajar mucho la confianza para que cuenten lo que les pasa, siendo lo primero que escuchan los profesionales son reclamos y quejas por parte de los jóvenes, como por ejemplo ser incomprendidos por el mundo adulto, no solamente por los padres sino por los docentes, abuelos y tíos.
Y si bien, los padres dicen que los entienden, los chicos no sienten lo mismo.
En general a los adolescentes les cuesta hablar, salvo alguna excepción. Hay quienes entran en confianza más rápido que otros y señalan que no saben para qué llegan al consultorio.
Villarreal manifestó que “es un proceso, los chicos necesitan tiempo y no se puede apurar. Ellos manifiestan síntomas de ansiedad y depresión, hay quienes no le encuentran sentido a las cosas que les pasa, que nadie los entiende, que no los acompañan, hay muchas conductas de autodestrucción con su propio cuerpo y trastornos de alimentación”.
Durante el momento del desarrollo los jóvenes reflejan síntomas de depresión y tienden al aislamiento, a lastimarse, a no comer, expresan que se sienten mal y que nadie los entiende.
Los padres se preocupan porque sus hijos, pasan horas encerrados en la habitación y no salen, no hablan, ni escuchan a los adultos, inclusive no hacen nada con sus amigos.
En el consultorio, los chicos manifiestan que se sienten mal y que no le encuentran sentido, pero hay personalidades distintas y mas allá de que los padres les den todas las herramientas, hay quienes son muy introvertidos y tienden al aislamiento escuchando música, en compañía de la computadora.
La psicóloga aclaró que “se trabaja con los chicos y en el vinculo de confianza que se logra, el paciente empieza a hacer cosas progresivas”.
El tratamiento puede durar de seis meses a un año y medio, dependiendo de cada paciente.
Comunicación
En terapia los profesionales abordan el tema del auto cuidado con pautas básicas que están relacionadas a la alimentación, el sueño y que aprendan a cuidarse, a quererse. Ayelén Villarreal dijo que “a esta edad no son conscientes de que una conducta tiene consecuencias positivas o negativas”.
Asimismo, aparecen temas como la identidad sexual y biológica.
En cuanto a la primera, manifiestan cuestiones que no se animan a hablar con la familia y eso les genera ansiedad, por el hecho de no saber cómo pueden llegar a actuar los adultos.
Si bien el tema de la homosexualidad está más hablado y naturalizado a diferencia de 20 años atrás, todavía causa repercusión y al momento de manifestarlo genera ansiedad en el adolescente, ya que se preguntan por los mandatos de la familia. “Es normal que les genere miedo porque tienen 15 años y están en un descubrimiento sexual”, indicó la profesional.
“Los jóvenes empiezan a explorar el mundo de los adultos, sin serlo, con sus cambios físicos, sexuales y psicológicos. Están en una etapa de exploración, de querer hacer cosas de adultos, y si bien para algunas cosas están preparados para otras no”, mencionó.
En cuanto a la identidad biológica, el adolescente se construye la propia y atraviesa un proceso de autonomía, empezando a independizarse, toman su propio camino y esta libertad es progresiva, lo cual promueven los terapeutas, siempre y cuando sea progresiva, puedan hacerlo y no salten escalones.
En tanto, aquellos jóvenes que no tienen sus padres biológicos, los profesionales recomiendan que los padres les brinden todos los datos que tengan para que los chicos puedan saber sobre su historia, y de lo contrario que los acompañen e intenten ayudar a construir su identidad.
La comunicación entre los padres y los hijos es fundamental, los adultos señalan preocupados que no saben cómo llegar a los hijos y los chicos no quieren sentarse a hablar porque no se sienten comprendidos.
En este sentido, Villarreal opinó que “depende de la personalidad de cada chico, algunos buscan sus aliados en los amigos y por otro lado la vida diaria lleva a que los dos padres trabajen y eso a veces deja más espacio libre para que los jóvenes hagan cosas y se queden más tiempo solos”.
A los adolescentes se les debe trasmitir el límite, teniendo la posibilidad de mediar algunas cosas, que no se prohíba todo y que los permisos no sean absolutos, es decir, que hay que encontrar el equilibrio, ya que los chicos “no toman conciencia de que su conducta tiene consecuencias y corren peligros en ciertos casos”.
Los padres cumplen un rol primordial. La psicóloga Ana Cavalcanti opinó que “se los ve que están desorientados, no saben cuál es la función parental, qué es poner límites, qué significa educar, no pueden mantener la diferencia de ser amigo a dar un consejo. Para ello es fundamental que los padres estén bien plantados, sepan cuáles son los parámetros y el por qué de esos limites”.
Respecto de la atención que prestan los adultos sobre los adolescentes, la psicóloga Guadalupe Carrera expresó que “no importa la cantidad de tiempo dedicado sino la calidad de tiempo que los jóvenes necesitan para hablar de sus interrogantes propios de la etapa que atraviesan y el abuso de la tecnología dificulta también los vínculos”.
Las previas
Profesionales de la salud a nivel local, están haciendo una campaña titulada “Previas sin alcohol” contra el consumo de alcohol en adolescentes, dado que el panorama es triste y sobre todo por las consecuencias que conlleva.
La psicóloga Ana Cavalcanti indicó que “los jóvenes buscan evadirse de los problemas con alcohol o cualquier otra consumición. A ellos les resulta inocuo tomar mezclas y durante ese rato se ríen y se centran en otras cuestiones, olvidándose de ese problema”.
Asimismo, aseguró que “los jóvenes saben lo que les pasa cuando consumen alcohol, es una conducta de riego normal en los adolescentes y con el alcance que hay hoy en día, el consumo lo naturalizan”.
También es normal que por la misma presión del grupo, la impulsividad de los adolescentes que no saben medir los riesgos, y teniendo un control parental deficitario, es común que se de este tipo de situaciones.
La profesional manifestó que “cuando se habla con los padres y se les dice que su hijo esta vivenciando determinada situación, les parece que es normal. Los adultos no toman conciencia y no saben qué hacer para manejar esas situaciones”.
Por su parte, la psicóloga Guadalupe Carrera puntualizó que las problemáticas actuales de los jóvenes tienen que ver con su grupo de pares, con no sentirse parte de un grupo de pertenencia, tener dificultades para relacionarse y el bulling.
Carrera detalló que “también puede haber cuestiones familiares, que tiene que ver con la falta de atención de los padres o aquellos que son muy jóvenes están preocupados por su propia vida o por su desarrollo profesional y laboral, lo cual repercute en la crianza de los hijos”.
Contención familiar
Sin lugar a dudas la contención familiar es fundamental en la adolescencia, y los jóvenes piden limites y necesitan tener reglas sobre las que revelarse, y al mismo tiempo sigan teniendo presente a esos padres que los contienen y velan por su seguridad.
Cavalcanti opinó que “si falla la contención, el chico va a buscar limites más altos para ver dónde esta esa contención y a veces no está y terminan con accidentes graves”.
“El consumo de alcohol lo toman como un chiste los adolescentes y no lo ven como un problema y si bien los padres se escandalizan, creo que no toman la suficiente conciencia, no toman las suficientes medidas o no saben cómo hacer para regular estas cuestiones sociales de los chicos”, mencionó Cavalcanti.
Los padres tienen que hacerse el tiempo para pararse frente a los hijos y hablar. Es necesario que tengan un control de saber dónde están sus hijos, con quiénes están, cual es el nivel de consumo de alcohol que tienen, hasta qué hora andan en la calle, para evitar que lleguen a situaciones más complejas.
Asimismo, cuando los jóvenes se enfrentan y retan a la autoridad, los padres no tienen por qué responder en cuanto a sus vivencias de adolescentes.
Lo más importante es la educación moral y el contexto en el que esté inmersa la familia. “Al momento del esparcimiento, cada integrante de la familia está con su celular y no comparten calidad en familia, no hay comunicación, lo que es fundamental”, puntualizó Ana Cavalcanti.
Frente a una situación, donde los padres no pueden manejarla, los profesionales recomiendan concurrir a un especialista o pediatra, aunque lo principal es que comprendan que es un proceso, una etapa que los jóvenes deben atravesar y es muy importante la compañía, dándoles tiempo a que puedan madurar las diferentes etapas.
Terapia para ayudar a las víctimas de bullying
Por Joelle Guitart (*)
Muchos niños que son víctimas de violencia psíquica, verbal, física o social no hablan con nadie sobre la situación que están padeciendo porque están atemorizados. Sus acosadores los amenazan con tomar represalias si le cuentan a alguien lo que están viviendo.
Las víctimas de acoso escolar mantienen su silencio incluso durante el primer tiempo de terapia. Hay que trabajar mucho con ellos la confianza y la autoestima para conseguir que empiecen a abrirse y a verbalizar su realidad.
Habitualmente, el acosador, es agresivo, conflictivo, con necesidad de pelea porque en sus familias también hay algún tipo de violencia o maltrato.
Las estadísticas sobre el ciberacoso o acoso a través de las redes sociales y del teléfono móvil coinciden con el perfil de las chicas acosadoras: sus agresiones suelen ser más de tipo psicológico.
Maltratan a sus víctimas burlándose de ellas, ridiculizando, sobre todo, su aspecto físico (peso, manera de vestir, etc.) y rechazándolas en el patio y en los trabajos en grupo. Cuanto más tiempo soporta la víctima esta situación, empieza su aislamiento.
Las víctimas de acoso escolar terminan, a menudo, por dejar de hacer los deberes y negarse a ir al colegio. Cuando llegan a terapia, ya presentan una gran somatización: dolores abdominales y de cabeza, vómitos, alergias, miedos, ansiedad, crisis de angustia, bloqueos, ataques de pánico, bulimia, falta de apetito, principio de anorexia.
Son niños y adolescentes que han estado sometidos, y soportado, una gran agresividad durante un largo periodo de tiempo. Es muy importante, en este aspecto, que los padres estén muy atentos a lo poco que pueda expresar su hijo antes de llegar a este punto: si un niño relata un episodio de abuso, por mucho que lo minimice al explicarlo, por mucho que lo suavice, su relato debe hacernos saltar la alarma.
En la terapia se trabaja los aspectos que van a resultar esenciales para su recuperación: la valoración, la confianza, la motivación y la integración en el grupo. Normalmente, al principio, los niños suelen ser muy parcos en sus comentarios, pero al cabo de unos meses, empiezan a verbalizar sus emociones.///
(*) Psicóloga