Los jóvenes que no trabajan ni estudian, un drama que crece
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En el distrito. Sin empleo, muchos ya tienen hijos para mantener. En el país el 24% de las personas de 18 a 24 años están en esa alarmante situación
Es de público conocimiento que Necochea es una ciudad que tiene serios problemas para ofrecer empleo a los jóvenes ya que, durante años, no se han radicado industrias que requieran mano de obra local. Esto hace que el sector que más trabajo genera sea el comercio (duramente afectado por la pandemia, la carga impositiva y los elevados costos de alquiler) y, por supuesto, el propio Estado.
Sin duda, la falta de oferta privada de empleo y las consecuencias de la pandemia han dejado resultados que los profesionales que trabajan en los barrios catalogan como “alarmantes”. A eso se le suma un alto índice de deserción escolar, lo cual hace que se incremente el número de jóvenes a los que se conoce como “ni-ni”. O sea, que no estudian ni trabajan.
Según los últimos datos arrojados por el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, la Argentina tiene uno de los mayores porcentajes de jóvenes que no estudian ni trabajan en el mundo. Se trata del 24,1 % del total de las personas de entre 18 y 24 años.
Deserción escolar
Marina Lettos, trabajadora social que se desempeña en el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) del barrio General San Martín, señaló que no hay estudios ni datos certeros que arrojen porcentajes reales sobre este tema. Aun así, su labor le hace ver a diario que “es muy alto” el porcentaje de jóvenes que no estudia y no trabaja, aunque en muchos casos suelen tener empleos precarios y temporales.
También dijo que “bajando la franja etaria (menos de 18 años), es complicado el tema de la secundaria, porque es difícil recuperarlos” una vez que se han alejado de las instituciones educativas. “Estoy en contacto con las escuelas y recuperar un chico que deja por ausentismo es casi imposible, no se puede revertir la situación. La pandemia hizo estragos, porque la mayoría de los chicos no tenían los medios para poder tener una continuidad con los estudios y eso alejó a los chicos de las escuelas. Los que dejaron de ir en la pandemia no se pudieron recuperar, no es por generalizar, pero la mayoría no se pudieron recuperar”, se lamentó al ver la situación del barrio.
Por su parte, Estela Borelli, trabajadora social del CAPS Barrio Puerto, señaló que a pesar de que la institución es un lugar pensado para brindar contención en varios aspectos, los jóvenes son los últimos en llegar al Centro de Salud. Aun así, los profesionales que se desempeñan allí pueden tener un conocimiento de lo que pasa en el barrio y en las familias.
En este sentido, Borelli explicó que “la pandemia en los sectores populares fue muy determinante para la continuidad y la no reinserción en un sistema educativo” y que los que han terminado la secundaria no tienen ninguna garantía de conseguir empleo porque “el mundo laboral está muy complicado”.
Por ello, la trabajadora social vio como una falencia de las escuelas y del sistema educativo en general el no haber podido “retener” a los estudiantes dentro las instituciones. En este punto también han coincidido otros profesionales consultados por Ecos Diarios.
“Viven como pueden”
Marina Lettos aseguró que, en el barrio en el que ella se desempeña, “otro dato que siempre es alarmante es la maternidad y paternidad en esa franja etaria (de 18 a 24 años), porque a esa edad la mayoría ya son padres o madres”. “Hay muchas mamás solteras y hasta solas, sin familia que las apoye. Chicas que con 23 o 24 años tienen tres o cuatro hijos de diferentes padres. Es sorprendente encontrar una mamá con hijos del mismo padre. Son mamás muy jovencitas que nos preocupan, porque tienen en el Centro de Salud acceso a todos los métodos anticonceptivos, desde un chip por tres años, una inyección de tres meses, de un mes, las pastillas, preservativos a disposición o interrupción del embarazo”, explicó.
Por otro lado, indicó que estos jóvenes “ni-ni” “viven como pueden de una Asignación Universal”.
Borelli también coincidió con Lettos en que hay una gran cantidad de “embarazos precoces” y que en su mayoría generan que las mujeres abandonen la escuela. También ha notado, a diferencia de lo que indicó su colega del barrio San Martín, que las mujeres suelen ser las que más tendencia tienen de retomar la escuela, pero que el panorama es muchísimo menos alentador en el ámbito laboral, donde hay “precariedad, informalidad e irregularidad”.
Sin incentivos
“Es preocupante y triste, porque los chicos tienen otras posibilidades. Quizá hace 30 años no tenían tanta oferta educativa en la ciudad como hoy. Ahora pueden hacer carreras terciarias gratuitas, terminar el secundario de adultos, pero no hay incentivo ni deseo de estudiar o trabajar. No hay otros proyectos de vida, por más que les ofrezcas o te den la oportunidad de plantearles algo diferente”, se lamentó Marina Lettos.///
Inquietante estadística
Según el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA), en promedio, de cada 10 argentinos cuya formación alcanzó el nivel terciario apenas dos no consiguen empleo. Pero esta cifra asciende a 4 cuando se trata de personas que no alcanzaron más allá del nivel secundario superior.
También indicaron en su último informe universitario que “el nivel educativo secundario se está transformando en el piso establecido por la mayoría de las empresas modernas para el reclutamiento de su personal, lo cual explica, en parte, la diferencia en las tasas de empleo observadas según el nivel educativo de los trabajadores”.