Los que llegan para “hacer la temporada”
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Los trabajadores recorren la playa hasta que oscurece, pero la gente no gasta lo mismo que otros años. Muchos son de otras ciudades, pero vienen a “hacer la temporada”
Forman parte del folclore de cada temporada y la playa no sería lo mismo sin la presencia de los vendedores ambulantes que recorren la zona de balnearios ofreciendo los clásicos churros, helados, choclos, panchos y agua caliente para el mate, así como un sinnúmero de tentadores artículos. Sin embargo, este año las ventas no colman sus expectativas y ellos continúan poniendo lo suyo para remontar este mal momento, esperando que la temporada recupere el brillo de otros tiempos.
Casi sin proponérselo con su presencia aportan color al verano y algunos anuncian sus productos con simpáticos cantos. Se los puede encontrar a lo largo del día cargando sus canastos con delicias dulces y saladas o tirando de un carro con vestidos, juguetes playeros, trajes de baño. Pero también están los vendedores de panchos, cubanitos y pochoclos, que son algunos de los preferidos por los niños junto con los heladeros.
Un batallón de hombres y mujeres salen a trabajar desde primera hora de la mañana y, a pesar de su esforzada labor, se toman su tiempo para conversar con los turistas y hablar de las bondades de nuestra ciudad.
Entre ellos se encuentran los senegaleses, que hace pocos días se sumaron al grupo de vendedores ofreciendo lentes de sol, pulseras, relojes y sombreros y que, sortean con simpatía las dificultades del idioma, haciendo lo posible para comunicarse con los potenciales clientes.
Recorrido
La mayor parte de estos trabajadores no vive en Necochea y provienen del interior de la Provincia y del Gran Buenos Aires, pero hace varias temporadas que vienen a ganar su sustento. Algunos viven de la venta ambulante durante todo el año y acostumbran a asistir a diferentes ciudades donde se realizan fiestas o hay eventos multitudinarios.
La pandemia los afectó seriamente y siguen luchando en una temporada atípica donde, a pesar que se comenzó a ver mucha gente en la playa, el nivel de ventas es uno de los más bajos de los últimos años.
Laura Swaels es de Tres Arroyos y hace años que viene a hacer temporada con sus carritos de cubanitos, ella está ubicada a la altura de la 87 y tiene cuatro vendedores en Necochea y uno en Quequén.
Las primeras semanas de enero no acompañó el tiempo y pudieron hacer pocas ventas y desde que comenzaron los días de calor se reactivaron un poco, “no es lo que uno viene a buscar pero dentro de todo estamos trabajando”, dijo con una cuota de optimismo y esperando a ver cómo se desarrolla lo que resta de la temporada.
Hace siete años que viene a Necochea pero lleva mucho más tiempo dedicándose a la venta ambulante y durante el año viaja por diferentes localidades con sus cubanitos bañados en chocolate y otros productos.
Junto con su esposo e hijos tenían alquiler de cuatriciclos en el balneario Reta, cerca de Tres Arroyos, y trabajaban en familia pero cuando sus hijos se casaron buscó una actividad para realizar con su marido y nació la venta de cubanitos.
Al igual que el resto de los vendedores ambulantes, el 2020 fue terrible; no pudo asistir con su puesto a fiestas patronales, aniversarios de ciudades y la temporada en nuestra ciudad no es de lo mejor.
Nunca visto
“Esta temporada es la peor de todas, nunca vi algo así”, expresó Javier Cubas que vende churros desde hace 27 años.
Habitualmente trabaja entre cinco o seis horas caminando de punta a punta la playa y sostuvo que “antes bajábamos y volvíamos a cargar el canasto y ahora apenas vendemos lo que cargamos”.
El experimentado trabajador es de Quequén, comenzó a los 18 años y durante todo el año se dedica a la venta en distintas ciudades, comentando que “el año pasado vendía unas 30 docenas de churros y hoy, dándole hasta que oscurece, estoy en 12 docenas”.
Javier no le teme al esfuerzo y tampoco duda en trabajar duro, aunque se mostró un poco desanimado porque no le está dejando la plata esperada para afrontar sus gastos.
Hay que remarla, es la frase que utilizan los consultados para describir el estado actual de ventas y, en ese mismo sentido, se pronunció Rubén Rímoli, vendedor de panchos desde hace 11 años.
“La temporada pasada había gente como estos últimos días, pero compran menos”, señaló el hombre oriundo de Laferrere y que durante el resto del año es vendedor en comercios de su zona de residencia.
En su caso, la pandemia lo encontró en Buenos Aires y aunque los primeros meses le resultó complicado continuar con su labor, luego de tramitar los permisos respectivos comenzó a trabajar con normalidad. Ahora espera un repunte de la temporada porque de 50 panchos que vendía el año pasado, ahora apenas llega a unos 35.///