Cuando decir “noche en la playa” era sinónimo de “La Frontera”
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A cinco años del incendio que terminó definitivamente con el lugar
“Pasaron muchas cosas: nacimos, crecimos, estuvimos otoños, inviernos, primaveras y veranos. Estuvimos con frio, lluvia, noches nubladas, otras estrelladas, vimos caer la luna, salir el sol detrás de la escollera, escuchamos bandas, bailamos en una pileta, nos divertimos…”, decía una publicación hecha en la cuenta oficial de La Frontera en Facebook, que data del 4 de diciembre de 2009, a diez años de la inauguración del boliche.
Y más allá de que es un texto marketinero, detrás esconde una realidad y es que para algunas generaciones, que hoy tienen entre 25 y 40 años, La Frontera fue un sinónimo de encuentro nocturno en la playa. Y no se volvió a repetir.
“Teníamos un eslogan que era que si esperabas ver a alguien en Necochea, te tenías que quedar parado un rato en La Frontera y, tarde o temprano, esa persona iba a pasar por adelante tuyo. Era un poco para vender, pero también tenía algo de verdad porque pasaba mucha gente realmente”, recordó Leandro Torcianti, quien fue el fundador junto a algunos socios de ese emblemático boliche y bar.
Inaugurada en diciembre de 1999, La Frontera se ubicó en 73 y 2, sobre la arena, donde ningún otro boliche se volvió a instalar hasta el día de hoy. Sin paredes de por medio y con un toque rústico en todos lados, el contacto de la música con la noche y la naturaleza eran el combo que más de uno esperaba de los veranos en Necochea.
Empezó siendo un boliche más o menos común y luego se fue ampliando, dándole más relevancia al contacto con la arena y el aire libre. Así nació “Peor para el Sol”, que era el barcito de playa en el que más de uno buscaba tomar algo y escuchar un rock más tranquilo, lejos de la música electrónica y la cumbia que sonaba adentro.
Bandas y música hasta que salga el Sol
“Hasta el día de hoy me siguen llegando mensajes de gente de otras ciudades interesada en tocar en La Frontera”, cuenta riendo Torcianti, que estuvo a cargo del lugar durante los primeros diez años.
El nombre ya venía de un barcito que estaba antes del boliche y los nuevos dueños consideraron que valía la pena conservarlo. Por allí pasaron bandas como La Vela Puerca, No Te Va Gustar, Bersuit, Catupecu Machu, Árbol y varias más.
En su momento de mayor esplendor, llegaron a trabajar 80 personas en el lugar: 70 de noche y 10 de día para acondicionar la playa y el lugar.
“Hoy lo miro hacia atrás y a veces creo que éramos los Rolling Stone y no nos dábamos cuenta. Nunca caímos. Estábamos a cargo de un lugar por el que pasaban miles de personas por noche. Nosotros no estábamos preparados para esa dimensión de negocio y nos llevó mucha dedicación y trabajo. Nos cansamos mucho”, contó Leandro Torcianti.
Marcó una generación
Buscando testimonios de quienes recuerden a La Frontera, Carla Possenti recordó que “terminar en ‘Peor para el Sol’ después de los boliches, era lo más de lo más” y que también era ideal para “ir a tomar algo tranqui temprano”.
Carlos Ialea, por su parte, dijo que fue el primer boliche que pisó y que era un “hermoso lugar”. “Fui por primera vez en 2002, en esa época era «La Frontera College», los tarjeteros repartían tarjetas con muchísima motivos, recuerdo que una de ellas traía a Tato Bores, entre otros motivos, era un lugar genial”, manifestó.
“Quiero otra Frontera”, anhelaba Yanina Balsategui, quien opinó que “lo mejor comer una hamburguesa viendo el amanecer”.
“Mis primeros y mejores recitales fueron ahí. Decir La Frontera es sinónimo de La Zurda”, dijo Mike Baixauli, mientras que Marcos Guillamón aseguró haber pasado “muchos veranos en Peor para el Sol” y Cyntia Jellich dijo haber hecho “amigos para toda la vida” pasando veranos, e inviernos con mucho frío haciendo fila para ingresar.
Finalmente, Vale Kitlain contó que estuvo siete años en la boletería y algunos menos en la de matinée (La Fronterita). “Un grupo hermoso de trabajo, mucha onda todos, excelente música, muchas noches frías y cálidas, bandas, fiestas, mil amigos de todo el país, algunos del mundo, incontables anécdotas vividas, asados en el barcito, amaneceres mateando con Huguito en la oficina”, enumeró.