Los relatos de un verano que fue atípico
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Necochenses cuentan su experiencia en España, Bélgica y Francia
En este año de pandemia, el mundo que siempre miramos para compararnos nos sirvió de triste anticipo del flagelo del coronavirus. El virus llegó antes a Europa, mostró su letalidad y también nos evitó gran parte del proceso de prueba y error de los caminos para tratar de contenerlo. Muchos de los protocolos que hoy aplicamos se vieron primero al otro lado del océano. Y hoy, a poco de comenzar nuestra temporada de verano, bien vale recorrer con la mirada necochense qué ocurrió en las playas de España, Bélgica y Francia en los últimos meses. Un anticipo de lo que podría ocurrir en las nuestras desde el 1° de diciembre.
Desde el deporte
Agustina Arista, jugadora de hockey profesional, sufrió la cuarentena mientras estaba jugando en Bélgica, el país con más muertes por habitante a raíz del coronavirus. A la espera del regreso a la competencia, tomó sus vacaciones recorriendo distintos puntos de Europa y en todos encontró realidades distintas. “La primera semana de julio estuve en Barcelona y no había ni la cuarta parte de la gente que suele recorrer. No había lugares bailables, sólo estaban habilitados como bares, donde todos debían respetar el distanciamiento social. Si bien el barbijo no era obligatorio para circular, para entrar a los negocios, sí”, relató la joven de 24 años, que lleva tres años compitiendo en Europa.
Megáfono en playa
Sobre los protocolos en la playa, compartió que “cada diez minutos había una persona con un megáfono gigante pidiendo que se mantenga la distancia de 1.5 metros y pasaban policías a controlar porque no todos lo respetaban”. También en julio, en la segunda quincena, Arista visitó el Sur de Francia y se sorprendió al encontrarse que “era como si no hubiera pasado nada, incluso se podía andar sin barbijo y la gente estaba una al lado de la otra en los bares. Así fue que con el turismo interno, aquellos que estaban en el Norte llevaron el virus al Sur y en agosto fue catastrófico, por ejemplo en Marsella estaba incontrolable”.
Reservas en la arena
En su regreso a Bélgica, aprovechó para conocer una playa ubicada a una hora de viaje desde Kortrijk, donde se encontraba residiendo. Allí comparó y observó que “en todos lados se usaba el barbijo y las playas tenían un límite de capacidad. Había que reservar lugar en la arena en la página web del Ayuntamiento (la Municipalidad). Era un máximo de 300 personas por balneario, calculado para que los presentes tengan lugar para respetar el distanciamiento de 1.5 metros. Si no tenías reserva, tenías que irte a otro lugar alejado, como a 10 cuadras”.
Turismo interno
En otra mirada, desde Menorca, en las islas Baleares, Julio Sadet relató que “en las playas hubo muy poco turismo, había espacio de sobra. Podían acceder sin tapabocas y no había gente controlando, aunque los mayores sí lo usaban. Las playas acá en realidad se llaman calas y tienen con piedras a los costados”. El pedido de cuarentena en varios países para los viajeros desalentó el turismo internacional, aunque Menorca abrió sus fronteras. “España estaba restringida como destino, por la cantidad de casos, y en Alemania o Francia se pedía que al retornar debían hacer un mes de confinamiento, por eso lo que más se generó fue el turismo interno, ya que muchos españoles tienen en las islas una segunda casa o viene gente de la tercera edad. Salvo en Ibiza, donde van los jóvenes por la diversión, pero este año, al no poder abrir los locales bailables, perdió su fuerte”.
Julio se radicó con su familia hace dos años en España. El llevaba adelante un emprendimiento gastronómico en Barcelona, hasta que la pandemia lo obligó a cambiar de rumbo. Se mudó hace pocos meses a Menorca, una ciudad con 100.000 habitantes y que recibe cerca de 3 millones de turistas al año. Allí trabaja ahora en una empresa de seguros. Su esposa, Laura Placencia, lo hace de manera remota para una empresa de los Estados Unidos.
Hoteles
Otro lugar común para los turistas son los hoteles. Sadet compartió que en Menorca “hay un cuidado en la higiene, tanto del personal, como de los huéspedes a los que se los recibe con kits sanitizantes y elementos descartables”. Por su parte, en su recorrido, Arista explicó que “todo dependía mucho de la ciudad en la que estabas. Me hospedé a través de Airbnb -en casas particulares- y ahí no había protocolos, uno mismo usaba el barbijo si quería”.
Arista actualmente se encuentra jugando al hockey en Francia, y reside en la ciudad de Cambrai. En estos días está acostumbrándose al toque de queda, entre otras medidas restrictivas que se impusieron para controlar el rebrote de contagios. Esperamos que no sea algo que tengamos que imitar desde Europa próximamente…