Los tapabocas se convirtieron en un accesorio de diseño
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También son una fuente de ingresos para muchas personas
El uso obligatorio de tapabocas para prevenir la propagación y contagio del Covid-19 sirvió de rampa de lanzamiento para que varias personas comenzaran con un emprendimiento para colaborar o para generarse un ingreso al no poder continuar con su labor habitual.
A través de las redes sociales se fueron conociendo diversos modelos, primero de barbijos y luego de tapabocas, y a medida que las costureras se fueron poniendo prácticas, se permitieron innovar en lo que se refiere a diseños, colores y tipos de telas, hasta encontrar el que mejor se adapte a las necesidades de la gente.
En otros puntos del país se han realizado concursos de diseño, grandes modistos lanzaron su línea de barbijos y trataron de poner un toque de glamour a este elemento que debimos incorporar obligatoriamente a nuestra vida diaria.
Por su parte, el Centro Cultural de Necochea también puso a la venta una serie de tapabocas intervenidos por artistas plásticos locales, con el fin de recaudar fondos para la entidad.
Comodidad
Mabel Lanzetti es masajista y antes que se impusiera el uso del tapabocas, ya usaba barbijo para atender en su gabinete, que tuvo que cerrar debido a la pandemia.
Un día se levantó y se hizo uno para ella. Lo publicó en Facebook y recibió siete pedidos; desde aquel 9 de abril lleva vendidos más de 250 unidades.
Contó que “cuando se me terminaron las telas comencé a comprar y a elaborar, cada vez más personalizados porque me gusta mucho el diseño y que sean cómodos”.
Aprendió a coser de la mano de su madre pero hacía tiempo que no se dedicaba a este quehacer, “dadas las circunstancias tuve que recurrir a su máquina y hago un trabajo sustentable porque cerré el gabinete”.
Los tapabocas que confecciona se distinguen por su colorido alegre y no usa elástico para que no dañe las orejas.
El primer tiempo apeló a tutoriales de Internet y fue adaptando los modelos a medida que se puso práctica. Ahora los hace de tres capas, con una impermeable en el medio para mayor seguridad, “tienen un espacio entre la cara para poder respirar”, indicó.
Producción
Por su parte, Miriam Caramelli había cosido barbijos para la gripe A y los tenía guardados. “Cuando hubo que empezarlos a usar doné la totalidad a una empresa local”, contó la emprendedora.
A partir de entonces, junto a su nuera, Sol Arrate, han fabricado una gran cantidad de barbijos que fueron entregados a personal de salud y de seguridad, entre otros.
“El dueño de la empresa compró rollos de friselina y empezamos con el modelo simple con tablitas y luego pasamos a hacerlos dobles”, explicó Caramelli.
Según sus estimaciones, desde marzo hasta la actualidad debe haber fabricado más de 1000 barbijos para donar, y afirmó que “los hago contenta y si hace falta cómo no voy a ayudar”.
Paralelamente, para colaborar con la economía familiar también ha confeccionado otros modelos para vender. En un principio utilizó retazos de telas que tenía almacenados y luego compró estampados vistosos.
Aunque estimaba que por estos días iba a disminuir la demanda, ahora está cosiendo barbijos para médicos “porque ahora se necesitan mucho más”, destacó Miriam que se siente complacida de trabajar junto a su nuera en este emprendimiento solidario.
Cambio de modelos
En tanto que Roxana de Giglio hace unos años fabricaba baberos tipo bandana para bebés, “empecé a hacerlos para mi sobrino que ahora tiene tres años y seguí durante un tiempo”, explicó la emprendedora que se desempeña como secretaria de nivel inicial en el Jardín de Infantes 913.
Su tía le enseñó a coser, hace sus propias prendas y las arregla, pero un día despertó pensando que todos tendríamos que usar el tapabocas, “me acordé de las telas de los baberos pero estaban todas cortadas. Entonces me ofrecieron una muy buena que no pasa el agua”, contó Roxana.
A través de su Facebook mostró las pruebas de su eficacia y se puso manos a la obra, “es una tela liviana y fácil de coser. Desde que empecé me fui perfeccionando, cambié varias veces de modelo”.
La emprendedora entiende que sus trabajos resultan funcionales, utiliza elástico de lencería para que no dañen la parte posterior de las orejas y ha hecho un modelo especial, con una ventana transparente, para hipoacúsicos.
Este trabajo le ha permitido sumar un ingreso extra a su sueldo y hasta el momento calcula que ha vendido alrededor de 500 barbijos.
En los primeros quince días no paraba de coser, y no tenía tiempo para repartir los pedidos, aunque paulatinamente el trabajo se ha estabilizado y varias clientes han vuelto a comprarle.
Además, de los diseños, De Giglio ha innovado en los estampados pero manteniendo la calidad de las telas que la caracterizan y acerca de su actividad comentó que “mis dos hijos estudian afuera. En el verano trabajé en una heladería y esta es una forma de sumar al presupuesto familiar”.///