Luego de tocar fondo
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La asamblea celebrada el pasado miércoles, aun con una escasa participación de socios, se puede
calificar de histórica en la vida del Club Atlético Rivadavia; la
institución deportiva más añeja en nuestra ciudad.
La reunión fue el corolario de una intervención determinada por el
organismo de la Provincia (Dirección de Personas Jurídicas) y en la
reunión societaria quedó consagrada la nueva comisión directiva, que por primera vez
en el historial de la institución de la calle 64, es encabezada por una
mujer, en este caso Marisol Birgé.
Se abre ahora una nueva y crucial instancia en el derrotero de la
entidad albiazul; la intervención fue la medida consecuente de un sinnúmero de desaciertos de varias
camadas de dirigentes. La falta de compromiso y control, negligencias de
carácter económico -por denominarlas suavemente- y pugnas personales,
llevaron al club a tocar fondo.
Decir que Rivadavia estuvo a punto de desaparecer, no es exagerar. De
hecho en la primera etapa del nuevo empadronamiento de socios que fue
necesario hacer para poder convocar a la asamblea, no se llegaba al
número de 50, cuando los propios estatutos de la entidad determinan que
de no contarse con tal cifra, el club desaparece como tal.
Quienes poseen un sentimiento fuerte por Rivadavia, tuvieron que padecer
hasta las horas previas acciones reñidas con las buenas intenciones,
como ser la falsificación de cuatro firmas en los avales de una de las
listas que pretendía hacerse cargo del club. Y por esta maniobra quedó
impugnada, a la vez que el interventor radicó ante la fiscalía una denuncia
penal.
Apenas 80 asociados tomaron parte de la asamblea en la que a partir de esta, es de esperar, haya comenzado la recuperación de la entidad.
Con algunas deudas considerables y sus dispersas instalaciones, llámese
sede social, Piso de los Deportes, estadio de fútbol y parque “Pedro
Zugazúa” necesitadas de mejoras urgentes, levantar a Rivadavia hoy es un
fuerte desafío para la nueva comisión, que integran en su mayoría
personas jóvenes, con ganas de hacer y “poner de pie a este gran club”,
como citara a Ecos Diarios la flamante presidenta.
Ordenar los recursos y usarlos con corrección; y fundamentalmente hacer
crecer su masa societaria, que hoy oscila los 500 adherentes entre
deportistas y familiares de los mismos, deben aparecer en la hoja de
ruta necesaria para sacar la situación adelante.
Mucho trabajo y falta de egoísmo para abrir las puertas del club a todos
los simpatizantes tienen que ser otras metas a ejecutar por este nuevo
grupo.
A pesar de algunos cambios culturales o de costumbres los clubes,
siempre que tengan un manejo serio por parte de sus dirigentes, siguen
siendo el reservorio de las buenas conductas que se deben inculcar a los
niños y jóvenes. Un lugar de formación deportiva, cultural y social que
hace a los individuos y por ende a una comunidad. Es de esperar que la
nueva comisión lo tenga en cuenta, para que Rivadavia retome un camino
de crecimiento.