Malos efectos de la cuarentena
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A medida que avanza en el tiempo el aislamiento social, preventivo y obligatorio, empiezan a surgir derivaciones como la asfixia económica, alteraciones psicológicas y en algunos casos carencias afectivas que hacen mella en los espíritus.
Se trata del aspecto negativo de un confinamiento que hasta el momento ha dado buen rédito desde el punto de vista sanitario, al menos achatando la curva de crecimiento en el avance de la pandemia de coronavirus.
El grado de afectación mucho tiene que ver con el carácter de cada persona; del hecho de si cumple la cuarentena solo o en familia; y en algunos casos la edad juega como condicionante para no pasarla bien.
Ante una reciente consulta de Ecos Diarios, desde el hospital neuropsiquiátrico se planteó un notable crecimiento en las consultas,
algunas de urgencia, de distintos trastornos de orden psicológico, como ser angustia, ansiedad, ataques de pánico; y hasta una exacerbación de las conductas violentas para con terceros, o en autoagresiones.
En tal sentido, la institución salió a dar una inmediata respuesta, con la disposición de la línea telefónica 15-224850, para acompañar, orientar y ayudar a quien lo necesite. La misma funciona de lunes a viernes de 9 a 17.
En el mismo sentido, pero orientada a los adultos mayores que viven solos, la filial local de la Cruz Roja dispuso del número, que recibe llamados las 24 horas.
Estos delicados ejemplos, que en el caso de las psicológicas forman parte de las cuestiones sanitarias, atañen a una nutrida franja de ciudadanos. No dejan de tener una incidencia negativa en la vida de la gente, y surgen otras situaciones impensadas producto de la irrupción del temible virus que obligó a todos a encerrarnos.
Una de ellas tiene que ver con aquellos que han cumplido años durante este periodo y que no han podido celebrarlo con sus afectos y amigos, alterando una de los comportamientos más marcados de la mayoría: el disfrute de la familiaridad y la amistad.
Asimismo no pocos padres separados de hecho o divorciados no pueden ver a sus hijos con la acostumbrada asiduidad y otros tantos deben conformarse con comunicarse a través de las redes sociales.
Algo similar ocurre con los nacimientos, donde fuera de los progenitores, en muchos casos los afectos cercanos no pueden compartir la buena nueva.
En tanto las personas internadas en geriátrico, y por ende comprendidas en la edad de mayor riesgo, han perdido a causa del aislamiento el contacto cara a cara con sus familiares. Una situación que sin dudas potencia aún más la vulnerabilidad de esta franja.
Las situaciones narradas se tratan sin dudas de vivencias tristes, pero aún más dolorosos son los casos de fallecimientos, donde no se puede velar a un ser querido y las despedidas son breves, sólo del círculo íntimo del difunto, al momento de darle sepultura a los restos o proceder a su cremación.
La pandemia lo ha alterado «todo» en el sentido de la palabra y se ha constituido en una pesadilla que aún no tiene fecha de terminación.
Mientras tanto va haciendo mella en la psiquis, salud del cuerpo y personalidad de muchos. Y está más que claro que ya todo no será igual cuando pase esta situación trágica en muchos sentidos; sin olvidar que también conlleva pérdida de vidas.