Manes quiere ser Alfonsín, pero Macri no es Cristina
Igualó a los dos expresidentes y desató una tormenta en la oposición
Las obsesiones no nacen de un día para otro. Hace cinco años, durante una larga noche de diciembre de 2016, un grupo de dirigentes del PRO y algunos empresarios amigos, se reunieron en el departamento de alguien que hoy es legislador para ofrecerle la candidatura a diputado de Juntos por el Cambio a Facundo Manes. Era el neurocientífico más convocante de la Argentina. A la entrega de premios de su fundación iban los ministros del Gobierno y los opositores. Radicales y peronistas. Iban empresarios y jueces de la Corte Suprema. Iba Susana Giménez y también Mirtha Legrand. Sus libros sobre el cerebro se vendían como pan caliente, llenaba los teatros de todo el país con sus charlas y rompía el rating en los canales de televisión. ¿Cómo no iban a ofrecerle un espacio para lanzarse a la política?
María Eugenia Vidal lo quería en la lista de candidatos a diputados bonaerenses y Mauricio Macri había dado el visto bueno, sobre todo porque no lo conocía. A Manes no lo había convencido que le ofrecieran el segundo lugar en la lista, detrás de Graciela Ocaña, el derecho de piso que le querían hacer pagar los profesionales del poder.
Pero ese no fue el problema de fondo. Aquella noche de verano, el hombre del cerebro argentino pidió tres condiciones para aceptar la oferta. Tener carta abierta para criticar la política educativa, la sanitaria y científica del macrismo. “Yo no quiero ser una oveja de Durán Barba”, les gritó Facundo a sus anfitriones.
Porque la cosa terminó a los gritos y cuando ya había pasado larga la madrugada. Manes quería hacer campaña con un discurso prácticamente opositor. Y planteó sus condiciones en términos de aceptación o ruptura. Y fue ruptura nomás.
El científico estrella se olvidó de la política por cuatro años, hasta que la UCR lo tanteó para enfrentar al PRO en las PASO de 2021 y terminar como tercer candidato a diputado después de perder las internas frente a Diego Santilli. El millón doscientos mil votos que obtuvo le sirvió empezar a hablar rápido de candidatura presidencial. Y en eso estaba cuando volvió a tropezarse con Macri. Cada tanto le tiraba un misil. Pero el del fin de semana pasado atravesó todas las trincheras de la concordia. Manes fue al programa de Luis Majul y dijo que Cristina y Mauricio eran lo mismo. “Espiaba a los dirigentes de su partido; hace populismo institucional”, improvisó el científico, y estalló la tempestad.
La declaración corrió como un reguero de pólvora en las redes sociales, donde el macrismo tiene cientos de militantes con nombre y apellido. Manes padeció en la batalla tuitera y generó un torbellino que impulsó a que Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Vidal y la mayoría de los ex funcionarios del gobierno anterior salieran en defensa del hombre que fundó el PRO.
Macri se enteró de las palabras de Manes en España, donde participaba del Foro de la Toja, y hasta ahora prefirió dejar las respuestas más contundentes en manos de otros dirigentes y concentrarse en la presentación de su segundo libro (“Para qué”).
A Manes no lo sorprendió la enjundia del PRO para criticarlo. Pero en cambio no esperaba que la sensibilidad de la UCR terminara expresada en un documento partidario. Que el jujeño Gerardo Morales sea el presidente de los radicales contribuyó a que la controversia en la que se metió sea aprovechada por el gobernador, su rival partidario más directo en una eventual competencia por la candidatura presidencial el año próximo.
Manes contó sin embargo con el respaldo de los radicales bonaerenses, que lo avalaron públicamente aunque deslizan algunas reservas cuando opinan en privado. “Viste como es Facundo”, se resignan.
En busca del voto desencantado
Es interesante poner el foco sobre el objetivo de Manes al salir tan duramente a atacarlo a Macri. Para los dirigentes más importantes de la coalición opositora, incluyendo a radicales como Morales, Martín Lousteau o Martín Tetaz, poner al expresidente en el mismo nivel de populismo que Cristina Kirchner fue un error de principiante en la política. “Ataca al principal valor que defienden nuestros votantes que es la unidad”, explica un referente de la UCR que valora el aporte de Manes al partido.
La evaluación que hacen en el equipo de Manes es bien diferente. “Facundo está conforme y está satisfecho con la centralidad que logró”, explican. Para ellos no se trata de consolidar un perfil ideológico, sino de contrastar una cuestión de actitud. Resaltan especialmente el hecho de que ningún otro dirigente opositor (salvo Morales en algunas ocasiones) se animan a criticar a Macri con ese grado de ferocidad. Y hablan de un mensaje con dos destinatarios: uno es Rodríguez Larreta, quien debe hacer siempre un equilibrio sensible entre su proyecto presidencial y su vínculo con el expresidente.
Y el otro mensaje de Manes le apunta al propio radicalismo. “Se acostumbraron a ser furgón de cola del PRO y no se animan a pegarle a Macri por el efecto Síndrome de Estocolmo”, es la explicación preferida, la misma que utilizan algunos peronistas para encontrarle algún sentido al dominio psicológico que Cristina ejerce sobre la mayoría de los barones del movimiento.
El ataque de Manes a Macri es demasiado reciente como para que los encuestadores hayan podido registrar si lo favorece o lo perjudica en los sondeos de opinión. Pero son varios los que coinciden en un punto. La movida recoge efectos negativos en lo inmediato, aunque podría terminar generando un impacto positivo a largo plazo. Como hay un voto religioso para Cristina y un núcleo duro de votos que reivindican a Macri, también todas las encuestas cualitativas señalan la existencia de un voto desencantado que rechaza a los dos ex presidentes y que no encuentra un cauce concreto, más allá del fenómeno Milei.
La interna en erupción permanente de Juntos por el Cambio es una de las pocas oportunidades que mantiene el oficialista Frente de Todos para disputar con chances las elecciones de 2023. Y a Cristina le da la oportunidad de dejar en segundo plano la condena judicial que podría recibir a fin de año por la causa Vialidad. Por eso, no extrañó que en la prensa kirchnerista y en las redes se le diera difusión permanente a las declaraciones de Manes. Y que, entre sus defensores más entusiastas, se anotara el diputado Leopoldo Moreau, ex radical y cristinista converso.///
Por Fernando González- Analista político