Mantener viva una rica expresión cultural
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La reflexión de personas del ámbito independiente al celebrase el Día Nacional del Teatro
Cada 30 de noviembre en la Argentina, se conmemora el Día Nacional del Teatro, ese día es el aniversario de un hecho trágico acontecido en el año 1792, en Buenos Aires y que causó la destrucción de la Casa de Comedias, conocida como La Ranchería; un galpón de ladrillos con techo de paja que se convirtió en cenizas cuando uno de los «cohetes virreinales» cayeron sobre el mismo durante unas fiestas patronales. Además, en la misma fecha se conmemora el Día del Teatro Independiente.
El teatro argentino tomó identidad a través de expresiones particulares como el sainete -principalmente-, la pieza cómica, el grotesco, y la revista criolla. Una variedad dramática de gran importancia para la cultura popular han sido el radioteatro y el teleteatro.
En nuestro medio hay una creciente actividad teatral, mayormente impulsada grupos independientes conformados por actores, directores y dramaturgos que generan sus propios espectáculos y forman futuros artistas.
Gustavo Wilson, un activo gestor e impulsor de obras independientes sostuvo que “acepto el desafío y de inmediato me pregunto si existen los pro y los contra, lo dulce y lo amargo de hacer teatro independiente”.
A su entender, lo ideal es alejarse de los polos como en el proceso de trabajo “se asumen errores pero no como defectos sino como un giro hacia la luz creativa; no hay bien ni mal sino el ejercicio de buscar –o encontrar- el camino hacia la obra que nos signifique del modo más auténtico”.
El actor y director sostuvo que el teatro puede ser independiente en su práctica aunque es necesario reconocer las trampas de la dependencia y las influencias que conviven constantemente y requieren “buscar en la creación, en la libertad de decisión y en el vértigo que produce el abismo a lo nuevo, aunque todo ya esté inventado: si ser original es volver al origen, se dice”.
La polaridad podría estar planteada entre independiente y comercial, aunque a veces quienes están en la actividad se hacen dependientes del afuera, dejando de hacer foco en sí mismo, haciéndose permeable a la mirada externa, del público, del diseño y la comunicación de la obra y otras cuestiones que tienen que ver con la vida cotidiana, “ahí nos volvemos más frágiles que el cristal”.
Wilson tiene en claro que su actividad no será mayoritariamente aceptada por la comunidad e intenta hacer teatro sin imposiciones, a mi manera porque nadie me paga por mi elección y agregó que “el día que me paguen haré el teatro que me digan con la dignidad y el compromiso que debo como actor, por los días de austeridad y felicidad vividos, al teatro que me eligió”.
Con una década de trayectoria en el teatro independiente, como docente y directora Belén Serre Suárez, afirmó que “como profesora de teatro me genera mucha satisfacción porque es un espacio que permite crear y hacer a gusto de los integrantes”.
En su opinión, al teatro independiente no se le da el valor que debería porque todo se hace a pulmón, “muchas veces vemos que el espectador responde sin dificultad y sin preocuparse por el dinero de la entrada para ver espectáculos de la ciudad de Buenos Aires. En cambio sí lo hace con el teatro independiente local cuando sería importante apoyarlo más porque hay grandes talentos en la cuidad y existe teatro de muy buena calidad”.
Ernesto Gallo es un actor con una vasta trayectoria y recordó las épocas donde la ciudad contaba con varios elencos independientes que se lanzaban con grandes puestas y todos tenían público, sin ninguna o escasa ayuda del estado.
Hace varias décadas en el Teatro París se hacían las Noches de Gala del Teatro Universal que se transmitía todos los viernes. “se hacían obras completas y los oyentes vivían mágicamente una historia distinta cada semana”.
Por entonces había un grupo importante de actores independientes que ocupaban los escenarios del club Danés, Español y Biblioteca Popular Andrés Ferreyra. “El entusiasmo fue creciendo y llegó la «época dorada del teatro en Necochea», con el Teatro Auditórium del Complejo Casino, tres salas construidas por el Dr. Nieto Suarez sobre la calle 85, y dos más ubicada en calle 83, sumándose a estas la sala del Teatro Nihuil.
Tiempo después se creó la Escuela de Arte Dramático y luego se dispuso la remodelación del Mercado Sur, para erigir el Teatro Municipal donde llegó a haber funciones casi todos los fines de semana, y los actores clases especiales con grandes profesores.
Eran otros tiempos, y la llegada de la tecnología hizo que la gente eligiera quedarse en casa y seleccionar lo que desea ver, “teníamos una concurrencia de gente adulta y muy mayor que empezó a partir, sin crear la conciencia teatral en el seno de su propia familia, y aquella epoca gloriosa comenzó a caer notablemente”.
Esta reflexión sirvió para que el actor, hoy retirado, se planteará porqué se ha perdido interés en este arte maravilloso, con funciones con menos de 10 espectadores a pesar del esfuerzo de todo el equipo o la modalidad de teatro a la “gorra” que tampoco tiene tantos adeptos. El interrogante quedó planteado y aspira que los sucesores puedan encontrar las respuestas porque “el actor necesita de la gente, sin gente no hay espectáculo y sin espectáculo la cultura empieza a morir un poco”.