Martes 22 de agosto de 1995
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Sombrío panorama para los trenes de pasajeros
Edison Raffaghelli dijo que el servicio era "cada vez peor". Sólo había interés por el transporte de cargas.
El servicio de trenes de pasajeros que unía el trayecto Quequén-Buenos Aires se prestaba en las actuales circunstancias (circulando sobre vías deterioradas por las cuales había que pagar peaje) "no tenía futuro". Lo había afirmado Edison Raffaghelli, un experimentado ferroviario, apasionado por los trenes, que había realizado diversos estudios sobre el tema, incluyendo el Raffaghelli que en ese momento cumplía funciones no operativas en la Unidad Ejecutora del Programa Ferroviario Provincial. Sostenía que el funcionamiento de ese organismo "nada tenía que ver hoy con lo que se programó cuando se creó, en enero de 1993".
A su criterio, la raíz del problema se hallaba en "la forma en que se efectuaron las privatizaciones" de los ramales provinciales, privilegiándose al servicio de cargas, sin exigirse a los concesionarios que mejoraran los rieles y adoptaran mayores medidas de seguridad, de manera que pudieran correr trenes a más de 130 kilómetros por hora "como en cualquier vía de Europa o Estados Unidos".
Las empresas de cargas no tenían mayor interés en que circularan trenes de pasajeros", enfatizó.
Si bien la Unidad Ejecutora del Programa Ferroviario Provincial (Uepfp) había concretado importantes mejoras, adquiriendo vagones a España y renovando las estaciones, los trenes seguían demorando un tiempo excesivo para cubrir las distancias, debido al desgaste de las vías, por el uso y el paso del tiempo, y a la falta de inversiones en las mismas.
"Cuando la Uepfp se hizo cargo, el tramo Quequén-Buenos Aires se cubría en 8 horas y media. Ya estábamos en 10 horas y media. No podía tener futuro un servicio que tardara casi medio día para hacer esos 500 kilómetros", subrayaba Raffaghelli.
En tal sentido, añadía que "podemos pintar la estación, cambiar las butacas, mejorar o cambiar los vagones y brindar mejor atención, pero el problema es que el pasajero se sienta y debe soportar cada vez más tiempo para viajar".
La Uepfp comprendía los ramales a Bahía Blanca, Quequén, Santa Rosa, General Pico, General Villegas, Junín, Rojas, Mar del Plata, Miramar y General Madariaga (reabierto).
Raffaghelli sostenía que "la Provincia tenía un objetivo muy claro y concreto, que era continuar con el servicio ferroviario que se estaba prestando por parte de Ferrocarriles Argentinos, incluso acrecentar el número de ramales y mejorar los existentes, con un criterio racional, a fin de evitar pérdidas".
Reconocía que "el objetivo era muy noble", pero "existían varios factores que atentaban contra eso: entre ellos el peaje que se debía abonar a las empresas adjudicatarias de los ramales (Ferrosur, Ferroexpreso Pampeano, etc.)".
Otra valla para mejorar el servicio –apuntaba– era que "las vías eran alquiladas", por lo que se preguntaba "¿quién iba a invertir en ellas en esas condiciones?".
Se sumaba que al privilegiarse el servicio de cargas (para el que bastaba con circular a 30 kms/h) no se invertía en las vías, ni se aumentaban las medidas de seguridad, ni se necesitaba personal en las estaciones. "Si con que soporten trenes a 30/40 kms/h les alcanza, para qué van a mejorar las vías, con el fin de que circulen trenes de pasajeros, que no son de esas empresas, a más de 130 kms/h".
Raffaghelli aseguraba que era debido a esto que "tenemos trenes lerdos, como los que llegan a Quequén, que en algunos tramos sólo podían transitar a 15 kms/h".
Insistía en cuestionar la forma en que se privatizó el servicio, poniendo acento en que "no se le exige al prestatario que alcance determinados volúmenes de carga, velocidades, grados de seguridad y atención a los pequeños y medianos productores: la única obligación que tienen las empresas adjudicatarias de los ramales es que circulen trenes de carga".
No obstante, Raffaghelli elogiaba la decisión del gobierno provincial de abrir nuevos ramales, como "no lo ha hecho ninguna provincia", pero admitía que "estaba en una lucha constante, porque los números no le daban de ninguna manera".
Dos nuevos bancos
A partir de septiembre Necochea pasaba a tener dos nuevos bancos, a partir de los remezones que sacudieron y dejaron en el camino a una serie de entidades crediticias tras el reacomodamiento que, a nivel nacional, producía lo que se dio en llamar "efecto tequila".
A partir del viernes 1 de septiembre abría sus puertas en la esquina de 64 y 63 el Banco de La Pampa, que había adquirido todas las sucursales del Banco de Coronel Dorrego y Trenque Lauquen.
A mediados de ese mes, a escasos 30 metros del banco pampeano, se producía otra inauguración, la del Banco de Boston, que acababa de comprar 93 sucursales del Banco Integrado Departamental, entre las que se contaba la de nuestra ciudad.
Concejo Deliberante
Una semana agitada se presentaba en el Concejo Deliberante, con el tratamiento de varios temas de actualidad y con el anuncio de una nueva sesión ordinaria prevista para el viernes 25 de agosto de aquel año.
Los ediles habían resuelto reunirse ese día con un grupo de acreedores de la empresa Andrés Farfallini, concesionaria del servicio de recolección de residuos.
Los citados manifestaban su preocupación por los inconvenientes económicos y financieros que les generaba la deuda que mantenía la Municipalidad con la firma privada, que ascendía a 1.500.000 pesos.///
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