La bandera de “Necochea, la mejor playa argentina” en la cumbre del Mont Blanc
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Un nuevo objetivo cumplido para Martín Migueles, en Francia. Una lucha contra los pronósticos en una montaña “durísima” a la que subestimó
No era la primera vez que Martín Migueles se propondría alcanzar la cima de una de las montañas más importantes del mundo y eso hizo que se sienta confiado. Una confianza que duró hasta que le tocó toparse de frente con ella. El Mont Blanc, en el límite entre Francia e Italia fue uno de los desafíos más difíciles.
Cuando empezó a subir la montaña más alta de los Alpes y una de las más conocidas en el ambiente del alpinismo, Martín confesó que la había subestimado y que creyó que iba a ser “más fácil”. Sin embargo, la montaña misma se encargó de “encajarlo” en la realidad.
“Al principio, por la altura, que es de 4.810 metros, esperaba que fuera una montaña parecida a las de la Patagonia nuestra y en las cuales he hecho entrenamientos, pero me di cuenta que es mucho más áspera, porque empezas a escalar desde los 1.000 metros. Eso significa que tenes que escalar con roca y hielo aproximadamente 3.800 metros, así que es durísima”, manifestó.
El primer día, “entraron” a la montaña por Italia, y llegaron hasta los 3.100 metros, con lluvia, viento y hielo, por lo que llegaron completamente empapados hasta los refugios.
A pesar de que los pronósticos ya anunciaban mal tiempo para ese día, decidieron hacerlo igual, porque al día siguiente era el único que estaría despejado para hacer cumbre. “Tomamos el riesgo, con todos los medios de seguridad que una expedición de esta naturaleza tiene, pero nos salió bien porque al otro día tuvimos las últimas 12 horas de escalamiento con sol”, dijo Migueles, que subió con un equipo de experimentados, entre los que estaba su compañero de aventuras marplatense, Pablo Pilotta.
“Llega un momento en que pesa la altura, el viento y el esfuerzo, pero vi unos paisajes maravillosos y estuve en la punta del alpinismo. Es fascinante. Acá nacen los grandes escaladores franceses, italianos y suizos”, relató, aun desde inmediaciones de los Alpes.
Buena suerte
“No tenés el riesgo de congelarte, porque en un día estás bajando y no tiene el riesgo de otras montañas, donde es más difícil bajar. Incluso lo más extraño es que en el medio de la montaña hay unos refugios impresionantes, que parecen platos voladores. Estuvimos una noche en el refugio francés, que tiene tres pisos, todo de madera y con calefacción. Es algo que no te imaginas en una montaña tener semejante tecnología, pero ahí te das cuenta que estás en el primer mundo”, contó.
“Tuvimos mucha suerte, porque el clima es una variable fundamental y sabemos que cuando no se puede, hay que bajar y no hay otra opción”, remarcó, y dijo que si bien no lo había podido medir, en las últimas doce horas hasta llegar a la cumbre, cree que hacía 15 grados bajo cero. “A mí me dolían la punta de los dedos, que es señal de que se te están enfriando, y tenés que ir apretando el bastón de otra manera”, dijo Martín Migueles que tiene varias cábalas y elementos que lleva con el cada vez que sube un montaña: la bandera argentina con la frase “Necochea, la mejor playa argentina”; la camiseta de Los Pumas y este año sumó una camiseta de Racing.