Más de cuatro décadas dedicadas a la enfermería
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Daniel González tras una larga carrera como jefe de enfermeros en los hospitales de Necochea y de Quequén. Fue uno de los impulsores de la unidad sanitaria de Claraz
Por Ian Larsen – Redacción
Cuando de conocer cada rincón de los hospitales se trata, hay pocas personas a las que se puede acudir para evacuar dudas y, sin duda, Daniel González es una de ellas.
Es que este licenciado en enfermería que hoy tiene 60 años y está felizmente jubilado, se ha desempeñado como jefe de área en el Hospital Irurzun, de Quequén, y en el Emilio Ferreyra, de Necochea. “Si hoy me mandás al Hospital, yo sabría trabajar en cualquiera de los servicios porque estuve ahí y son como mi casa”, asegura.
Además de la tarea de enfermero que sostuvo por cuatro décadas, también ha incursionado en la docencia, algo que tiene planeado continuar con más dedicación en los próximos años.
González ha sido uno de los pocos, si no es el único, que se ha jubilado en el último tiempo con el cargo de jefe de enfermería ganado por concurso, ya que luego no se tomaron más exámenes para ocupar los puestos.
Su infancia en Claraz
Daniel es hijo único, nacido en la localidad de Claraz y, ya desde su infancia, aunque él no lo sabía, estuvo vinculado al área de la salud pública.
Su padre trabajaba como personal de maestranza en la unidad sanitaria de la localidad y Daniel no solo lo acompañaba sino que a veces también lo suplantaba, siendo todavía muy chico.
Paralelamente, asistía a la Escuela Primaria 16 de Claraz, aunque el secundario lo tuvo que continuar en Tandil, donde vivían familiares que lo hospedaron, ya que en su pueblo no había posibilidad de seguir estudiando más allá del primario.
Mientras cursaba la escuela secundaria, viajaba casi todos los fines de semana a su pueblo natal, haciendo un trayecto en colectivo y otro a dedo.
Empezar a trabajar
A los 17 años, Daniel pensaba en ser trabajador administrativo ya que aún no sentía la vocación de ser enfermero, aunque había vivido gran parte de su infancia entre los pasillos de la unidad sanitaria, junto a su padre.
Ya en su pueblo nuevamente, hubo cambios de estructura en el área de salud y desde el Gobierno decidieron darle el perfil de atención para pacientes crónicos (que se mantiene hasta hoy) a la unidad sanitaria, trasladando así a algunos pacientes del Hospital de Mar del Plata. Esta decisión se tomó porque en la localidad no había pacientes suficientes y se pagaban sueldos a ocho o diez personas.
Cuando el coordinador de la zona llegó para la inauguración de la unidad sanitaria con su nuevo perfil, debía sumar a más personal para poder atender a los nuevos pacientes que llegarían y, entonces, designó a los hijos y nietos de los empleados que había allí. “El único cargo que quedaba era el de enfermero, para trabajar a la noche, y me miró a mí”, recordó Daniel González.
A pesar de que con 17 años ya sabía tomar la presión y alguna otra tarea básica por haber estado toda su vida vinculado a la institución, sintió temor y se negó a aceptar. “El director del hospital me miró y me dijo que agarre el trabajo y que él mismo me iba a ayudar”, contó.
Cuando cumplió los 18 años, finalmente fue nombrado y empezó a trabajar oficialmente. “Yo tenía mucho miedo pero con los años me fui dando cuenta que los pacientes, por ser todos enfermos crónicos, sabían más del hospital que yo. Yo estaba ahí todas las noches con un solo franco semanal. Éramos tres o cuatro enfermeros, uno por turno de ocho horas», rememoró.
La tormenta del ’80
Con el fenómeno meteorológico que se dio en 1980 y que trajo grandes consecuencias en la ciudad de Necocheea y la zona, también se levantaron los techos de la unidad sanitaria de Claraz, imposibilitando la continuidad de la actividad.
Todos los pacientes fueron trasladados al hospital Irurzun y el mobiliario al hospital Neropsiquiátrico, mientras que Daniel y otra compañera fueron trasladados al Emilio Ferreyra. “Ahí me di cuenta que tenía que estudiar pero no había escuelas profesionales en la zona. Solo estaban los cursos como el de la Cruz Roja de donde salíamos con conocimientos elementales. Recién ahora se está queriendo jerarquizar la profesión”, contó.
En Claraz, solo quedó una enfermera para cuidar el lugar y el resto del personal renunció para no ser trasladado.
Por su parte, a través de un acuerdo con el director del Hospital, Daniel pudo irse a Tandil a estudiar y volver a trabajar los fines de semana.
En el Ferreyra estuvo desde el 1980 hasta 1983, donde pudo aplicar todo lo que había aprendido durante las prácticas en el hospital Ramón Santamarina. “Aun hoy no se ha logrado en Necochea una organización como la que Tandil ya tenía por aquellos años”, aseguró.
Reorganizar la unidad sanitaria
Al enfermarse su padre en Claraz, siendo hijo único, Daniel pidió en 1983 el traslado a la ya reparada unidad sanitaria de Claraz, que estaba funcionando pero de manera muy reducida tras los destrozos del temporal. “Volví y rearmé todo, con la enfermera que había quedado, y me nombraron como responsable de la institución junto con el médico que estaba en el momento. Yo, para darle vida, cocinaba y hasta limpiaba, porque no había más gente. De a poco empezamos a tener más pacientes y comenzamos a convocar a las enfermeras y mucamas que estaban antes”.
Tras el fallecimiento de su padre, le otorgaron a Daniel el traslado definitivo al Hospital Emilio Ferreyra, en 1986.
En esos años fue que decidió anotarse en la facultad de Mar del Plata, donde estudió la carrera de enfermería, viajando tres veces por semana para cursar durante la tarde. “Tardé cuatro años en terminar y después seguí dos años y medio más para recibirme de licenciado”, contó.
Tiempos diferentes
Haciendo una comparación de sus años de inicio con la actualidad, Daniel contó que en otros tiempos “jamás se tuteaba a los doctores” y que “era un modelo dominante” en el que los enfermeros eran “como pequeños serviles” que hasta tenían que colocarle el delantal sobre los hombros al médico. “Yo lo viví a eso aun teniendo una formación académica. Recién ahora están viendo al paciente y a los demás trabajadores de manera más humana”, detalló.
En el año 1993, González se presentó junto a otras 47 personas para dar examen oral y escrito en el concurso para la jefatura del departamento de enfermería del hospital Irurzun, que por aquel entonces estaba bastante desordenado. De los 48 que se presentaron quedaron cuatro seleccionados, luego dos y, finalmente, fue nombrado Daniel por tener los mejores resultados. “Llegué el primer día a trabajar y no había ni oficina, ni legajos, ni llave, ni sistema de trabajo, ni nada”, recordó.
Más tarde, entre 1997 y el 2000, también fue jefe del área en el Ferreyra y, desde el 2000 hasta el 2018 continuó su carrera laboral en el Irurzun.
El momento de retirarse
El día de la jubilación se fue acercando de a poco, dándole un tiempo de adaptación en el que se iba retirando unas horas antes del trabajo. Cuando el momento llegó, sus compañeros le habían preparado una fiesta de despedida con 140 invitados en un campo, y también le entregaron una placa de reconocimiento. “Ahí me di cuenta que en mi paso por allí he sido una persona muy querida, aun con la función que me tocó desempeñar tantos años”, dijo sonriente.
Hoy, ya jubilado, Daniel se encuentra con mucha gente que tiene lindos recuerdos de su paso por alguno de los hospitales y de su buen trato con los pacientes y colegas.