Mataderos se fue de la B para nunca más volver
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Hace 40 años, el club de Barrio Norte se consagraba campeón del Ascenso en el fútbol local

Para hablar de fútbol de ascenso en la Liga Necochea hay que ser memorioso y peinar canas. Hace 20 años, Deportivo La Dulce se convertía sin quererlo en el último campeón de la Segunda división y a partir de 1999 se comenzó a disputar el torneo “unificado” de Primera, sin ascenso, que continúa hasta nuestros días. Desde hace diez temporadas tenemos zona A y zona B, pero todos pelean por el título máximo a fin de año. No se compara. Hablar de descenso o ascenso es otra cosa.
Muchos clubes locales cuentan los viejos títulos del Ascenso como estrellas y las muestran con orgullo. Son parte de la historia grande. Viajando en el tiempo, hace 40 años, el Club Atlético Social y Deportivo Mataderos justamente escribía una de esas páginas deportivas que quedan en la memoria de los hinchas. Quizás hoy opacadas por otros hitos posteriores de la institución de Barrio Norte, como el tricampeonato en Primera en los años 90 o la hazaña del Torneo Argentino B. Aunque ya había sido campeón del Ascenso en 1955 y tuvo su primer paso fugaz en Primera al año siguiente, Mataderos fue por muchos años un habitual animador del fútbol de los sábados. Hasta que finalmente en 1978, con un grupo brillante de jugadores que conjugaron esa mezcla de experiencia y juventud tan atada a los éxitos deportivos, fue nuevamente campeón y dejó la B para nunca más volver.
La consagración
La tarde de gloria fue justamente un 25 de noviembre, cuando por un lado Mataderos venció como local por 5-1 al Deportivo La Dulce y por el otro se vio favorecido por la derrota de su escolta, Ateneo Juvenil, a manos de Almafuerte de Quequén por 3-1, en la cancha de Ministerio. El equipo que conducía el “Mono” Mario De Castro formó entonces con Jorge Garro en el arco; López, Juan José Maríngolo, Juan Meana y Manuel Tripiana; Carlos Mier, Enrique Aranibar y Fernando Gómez; Carlos Alvarez, el capitán Ricardo Michelena y José Luis Maguila Gómez. Con un cabezazo el Meana abrió el marcador a los 9’ y a los 12’ el “Turco” Mier, papa de Nicolás, campeón con Mataderos en 2006, puso el segundo. Descontó Buceta antes del final del primer tiempo pero en el complemento llegaría la goleada con tantos de Fernando Gómez y Michelena, en dos oportunidades. Entraron Gustavo Portugal y Jorge Pittocco.
La ventaja de 3 puntos en la tabla de posiciones se estiró a 5 con 4 puntos en juego en las dos fechas finales. Ateneo Juvenil culminaría luego como subcampeón. De alguna manera fueron dos los festejos por el Ascenso, el primero apurado por la noticia de la derrota del escolta, que prácticamente se disfrutó más en la sede, y el que se consumó a la semana siguiente cuando volvieron a jugar en casa, en la última fecha del torneo, cuando golearon por 6-0 a Defensores de Puerto Quequén, en una cancha colmada en Barrio Norte, preparada para la fiesta.
Recuerdos
“Se hizo un grupo lindo, de buenos amigos, una muchachada terrible. Rendíamos todos” recordó Fernando Gómez, que con 32 años entonces y títulos encima, había llegado para aportarle su experiencia a aquel grupo. “Yo ya estaba por dejar (el fútbol) y me llamó De Castro”, aseguró “Tito” que después de jugar en Primera en el 79’ con Mataderos, terminaría su carrera en Estación al año siguiente.
En el 77’ Mataderos había estado cerca de ascender, perdiendo la chance en el último partido, con Sportivo San Cayetano. Buscando revancha, el equipo se nutrió también de esos pibes revulsivos de la Tercera campeona, como Carlos “Kichín” Alvarez o el recordado Gustavo Portugal, que tenían apenas 15 y 16 años respectivamente.
Alvarez, que al año siguiente dejaría la Liga Necochea para ser campeón con Huracán en Tres Arroyos, recordó lo importante que fue para él formar parte de aquel plantel de Mataderos siendo tan joven: “Me quedó la satisfacción de haber aprendido con ellos las cosas buenas del fútbol y que me sirvieron para el resto de mi carrera. Nosotros nos sumamos en la cuarta fecha (junto a Gustavo Portugal), debutamos con La Dulce, allá. Veníamos de la Tercera y ellos (por los que venían jugando) habían empatado un par de partidos y habían perdido con Boca”. Sería esa, frente al xeneize que dirigía José Vicente Pérez, la única caída en la campaña de 14 partidos. Ganarían 11 y empatarían los restantes 2. José Luis Gómez y Ricardo Michelena, con 7, y Fernando Gómez, con 6, fueron los máximos anotadores de un equipo que culminó con 38 tantos pero que sobre todo se hizo fuerte con la mejor defensa recibiendo un total de 12 goles.
“El equipo estaba bien equilibrado. Tenía una defensa con experiencia, con Maríngolo, Meana que era enorme, Tripiana…todos hicieron su parte”, recuerda José Luis Gómez, uno de los goleadores de la campaña, reunido junto a otros compañeros de aquel equipo en la misma sede del club donde cada domingo se cambiaban para salir a jugar. “Nos veníamos a cambiar a la sede, acá mismo, y después salíamos caminando a la cancha, que quedaba a tres cuadras. La gente del barrio nos saludaba y alentaba”, compartió.
Enrique Aranibar, otro de los experimentados y habituales titulares, recordó que “nos entrenábamos muy bien. Los partidos los dábamos vuelta en los segundos tiempos”.
A cancha llena
Sobre la campaña, coincidieron que el partido clave fue con Almafuerte: “Se lo ganamos 4-3, como local, bajo la lluvia, veníamos perdieron 3-1 con tres goles de tiro libre”, recordó José Luis Gómez. El equipo quequenense contaba en la delantera con Ángel Pena, quien sería el goleador del campeonato con 12. “Vendíamos pocas entradas pero la cancha estaba llena, venía todo el barrio”, agregó bromeando sobre el acompañamiento de la gente y el interés que despertaba el torneo de Ascenso, colmando la viaja cancha que estaba ubicada en avenidas 74 y 73, entre 43 y 45, donde hoy está la plaza. También compartieron otra anécdota de aquellas tardes de fútbol: “Pittocco –uno de los punteros del equipo- vivía en la cancha, era el cuidador. Y cuando no íbamos a cambiar los sábados tenía que sacar sus cosas y nos amontonábamos todos dentro de la casa”.
El plantel, que fue cambiando con el correr de los partidos, estaba conformado generalmente por Ricardo Michelena, Carlos Retondo, Jorge Garro, Hugo Vibian, Juan José “Mono” Maríngolo, Pablo Ianni, Turco López, Manuel Tripiana, Jorge Pittocco, Carlos Mier, José Luis Gómez, Ángel Casquet, Fernando Gómez, Roberto Jacobsen, Enrique Aranibar, Juan Meana, Carlos Alvarez y Gustavo Portugal. El cuerpo técnico estaba encabezado por el entrenador Mario De Castro, contaba con Ángel De Castro como preparador físico y con el utilero Oscar Peteno. Un grupo que latirá por siempre en el corazón de Mataderos, al igual que los dirigentes de forjaron ese momento, como Varela, Julio Trobo o Gustavo Rodríguez. Muchos de estos protagonistas dejaron su firma en una pelota que aún se luce en las vitrinas de la sede del club, al igual que las pocas fotos de aquellos años. Son disparadores de recuerdos imborrables para aquellos que gritaron esos goles del ascenso, fuera y dentro de la cancha. Goles que no tienen categoría y estarán siempre en lo más alto de la historia del club.