“Me explicaron como hilar a mano y empecé a hacerlo sola”
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Esther Valdez. Teje en telar ponchos, boinas y chalecos con originales diseños

Los cuentos que narran la historia de las mujeres tejedoras del alma nacieron para recordar a toda mujer su enorme capacidad de restaurarse a sí misma, y su poder para construir el paraíso incluso en tierra baldía, alguien expresó que “hay una tejedora que habita en el alma de toda mujer para enseñarle a mirar su tiempo como un gran ovillo y sus dones como las agujas con las que dar formas a su vida”.
Esta parece ser la historia de Esther Valdez, una mujer sencilla que empezó sola a hacer algunas artesanías, después tomó clases de cerámica con Aida Dabadie y luego con Graciela Pellegrino.
Tiempo más tarde incursionó en la pintura y asistió a la Escuela Municipal de Arte de Quequén con la profesora Lila del Pino.
“Como no podía seguir yendo, busque hacer algo en casa y así empecé con los tejidos”, contó Esther.
De este modo se transformó en una creativa artesana que realiza boinas, ponchos, chales, chalecos, bolsos y gorros tejidos en telar.
No obstante su imaginación la ha llevado a fabricar originales tapices en urdimbre abierta.
Consultada respecto a sus comienzos dijo que “aprendí sola a trabajar en telar pero además de hacer los tejidos, hilo la lana a mano”.
Ese es precisamente el valor adicional que tienen sus prendas de abrigo y accesorios, puesto que todo lo hace con sus propias manos “la hilo y tejo entelar”, sostuvo Esther.
Esta labor la aprendió de un amigo que se dedicaba al hilado a mano “me explicó y empecé a hacerlo”.
Este proceso demanda varios días dado que recibe la lana sucia, tiene que abrirla y hacerle reiterados lavados, luego la hila y hace una madeja. “la lavo muchas veces hasta que queda blanca porque viene muy sucia”.
Feria
Vale mencionar que Esther tiene su puesto en la Feria de Artesanos de la Plaza San Martín desde 2012 y antes había estado con su stand en la calle 85, “y en el invierno voy a alguna feria que me inviten”
Para Valdez trabajar con sus manos es algo natural que le resulta entretenido y hasta podría considerarse terapéutico porque “uno está pensando en el trabajo y no en otras cosas”.
Cada labor es producto de su creatividad, en algunos casos esboza un diseño y de inmediato se pone a tejer y contó que “siempre voy cambiando y mis últimos trabajos son mandalas y atrapasueños”.
En la actualidad no se dedica a la cerámica ni a la pintura pero en este arte ha experimentado con diversas técnicas y materiales, “he pintado con óleo, pintura para tela y acrílico”.
Además, sus obras están enmarcadas artesanalmente con trabajos que simulan cañas, cardón y otro en los que utilizó madera de pino y consultada al respecto dijo que “todas las técnicas las aprendí sola”.
El valor artesanal
Próximamente volverá a ocupar su puesto en la Feria de Artesanos donde la gente se admira de sus trabajos aunque reconoce que “aunque no vendo caro a veces no les gusta el precio”.
Precisamente, este punto es lo que diferencia sus tejidos de uno industrializado dado que Esther parte de cero con el material, “me lleva tiempo porque tengo que limpiar la lana, hilarla y después tejerla”, explicó.
En una tarde puede hilar la lana pero le lleva cerca de una semana de lavado y prácticamente en sus artesanías no utiliza teñidos “son casi todos tonos naturales”, aclaró.
Valdez nació en Lobería y se radicó de jovencita en Necochea. Aquí se casó y nació su hija que le ha dado tres nietos.
Reconoce que siempre las artesanías le gustaron de toda la vida aunque también hizo algún curso de peluquería.
Durante el invierno produce lo que luego pondrá a la venta en la feria y en ese sentido contó que “preparo los bolsos y mi marido me lleva y me va a buscar, es entretenido estar ahí”, destacó.
Si bien es muy creativa no duda en recurrir a Internet para tomar alguna idea y mencionó que “antes miraba los programas de Utilísima y siempre algo me servía”.