“Me gusta todo aquello que tenga un sentido terapéutico”
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Adriana Martinelli. Es facilitadora de Biodanza y sigue profundizando en otras técnicas destinadas a la salud
Adriana Martinelli siempre ha estado en la búsqueda de nuevas actividades terapéuticas y de encuentro interior, se formó como profesora de yoga, es reikista e incursionó en las técnicas de los cuencos tibetanos.
Siempre le gustó danzar, moverse con la música como una terapia, y recién en 2006 conoció la Biodanza, un sistema de integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de vida. Cuya metodología consiste en inducir vivencias integradoras por medio de la música, del canto, del movimiento y de situaciones de encuentro en grupo.
En ese entonces tenía su propio espacio donde daba clases de yoga y de otras terapias y allí vino a dar clases una profesora de Mar del Plata, “había viajado a Buenos Aires buscando terapias relacionadas con la danza y realicé varios talleres pero esto me encantó”, afirmó la facilitadora.
Luego de tomar clases mensuales con esta docente, comenzó a asistir semanalmente a Mar del Plata, “es un proceso por eso después ingresé en la formación de facilitadora de Biodanza”, expresó Adriana.
Fueron tres años de clases y dos de supervisaciones y talleres de profundización “porque es un estímulo para desarrollar las potencialidades humanas, conectarse con la naturaleza con tu ser, y un canal para expresarse a través del cuerpo y la palabra”.
Proceso
Según explicó en los encuentros hay un espacio destinado a expresar lo que van sintiendo en el proceso y después danzan con alguna consigna determinada “para generar determinada emoción”.
Una de las características de este sistema es que se integran las capacidades que tenemos con nuestra naturaleza “porque Biodanza se conecta con el ritmo, con lo más primordial”, destacó.
Cabe mencionar que se creador era psicólogo y antropólogo, se basó en otras disciplinas entendiendo que “la música hace algo en las personas y más cuando es en grupo”.
En el transcurso de los encuentros se van incorporando distintas categorías de movimientos. “para generar una emoción integradora”. La clase consta de dos partes, una activa y otra, reguladora del sistema nervioso.
“Es una herramienta importante para regular el estrés, un descanso de volver a lo natural”, indicó la entrevistada.
Cabe mencionar que esta actividad está orientada para todas las edades, desde hace 2012 tiene un grupo de adultos en la Liga de Madres de Familia y comenzará a dar clases en el espacio Crisálida, para ambos sexos.
Conectar con la fuerza
Dictó clases de yoga y reiki durante siete años, se conectaba con su aspecto espiritual pero al encontrar la Biodanza pudo integrar lo espiritual y físico con la emoción.
“Sentí que esta disciplina era muy amplia”, dijo en referencia a lo que experimentó en este camino de aprendizaje.
Destacó la importancia de trabajar en grupo porque es un método integrador, “se hacen movimientos emocionales con la múscia y después se va procesando”.
Según explicó Martinelli es importante generar un grupo de al menos seis personas. Adriana brinda talleres para aquellos interesados en conocer la Biodanza, dicta clases semanales y de profundización, que requieren de una experiencia previa.
Nacida en Necochea, estudió en la escuela N° 5 de Quequén y cursó el secundario en el Polivalente.
Vivió varios años en Buenos Aires, donde nacieron sus hijos y regresó a Necochea en 1997.
Siempre practicó gimnasia e iba a meditación, luego estudió yoga con Teresa Santiago y Biodanza en la Escuela del Mar. También se formó en Biodanza clínica, avalado por la Universidad de Medicina de Córdoba y actualmente está formándose en Arte terapia, “me gusta todo lo que apunta a ser terapéutico y que pueda disfrutarlo”, finalizó.
