“Me piden vestidos que pueden estar de moda en cualquier parte del mundo”
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Elisabeth Pérez. Una vida dedicada a perfeccionarse en la creación de indumentaria de fiesta. Hizo de su pasión, un negocio familiar
Por Ian Larsen – Redacción
María Elisabeth Pérez tenía claro que iba a ser quien es y que iba a trabajar de lo que trabaja, porque, desde que era una niña, soñaba con hacer vestidos de gala y puso todo el empeño por conseguirlo. Hoy puede darse el gusto de dedicar su tiempo a hacer eso casi de manera exclusiva, con una trayectoria a nivel local de más de cinco décadas.
De familia
Está claro que una vocación así no nace de la noche a la mañana. Su madre ya era modista y sus tías siempre cosían, por lo que la pequeña Elisabeth andaba entre las máquinas de coser, jugando, mirando, aprendiendo y rompiendo alguna que otra aguja.
Desde aquellos años, ella ya tenía bastante claro que quería hacer vestidos elegantes para novias y para fiestas importantes y, poco a poco, todo fue tomando forma para que su deseo sea una realidad.
Su padre tenía la idea de que Elisabeth debía capacitarse en distintos rubros para estar mejor preparada para el futuro, así que hizo varios cursos. Así, un día ella fue quien le pidió anotarse en un lugar que le enseñaran a coser profesionalmente, a lo que su padre accedió y después de dos años se recibió de profesora de corte y confección.
Empezó trabajando en su casa, cosiendo a pedido, para algunas modistas reconocidas de nuestra ciudad y para algunas empresas importantes de Mar del Plata. “Estudiando, la teoría uno la tiene, pero la práctica se va haciendo con el tiempo y no hay caminos cortos”, aseguró.
Abrir el local
Hace 15 años, su hija se había quedado sin trabajo y tenía intenciones de irse a España, por lo que Elisabeth se planteó la posibilidad de abrir un local en el centro y ampliar sus fronteras. “Tenía un poquito de temor, pero hubo mucha gente que me apoyó y me dijo ‘vos podés hacerlo’. Y tenían razón, hoy estamos acá, después de 15 años, yo haciendo las confecciones y mi hija los bordados y la atención al público”, contó orgullosa.
Al día de hoy lleva ya 54 años trabajando en la moda y, según contó, el proceso de la puesta del local tuvo que tener un tiempo de adaptación, porque implicó sumar horarios a cumplir, que estando en su casa no eran tan rígidos.
“Ayudó que había mucha gente que ya me conocía y empezó a venir. Después fue el boca a boca de gente que quedaba conforme. Fue un trabajito de hormiga, empezando de abajo. Ahora tenemos gente que viene de la zona y hemos hecho vestidos que se han ido fura del país”, señaló.
Las modas
Explicó que, en su trabajo, es más que importante estar atento a los colores que se van usando y a todo lo que pasa en el mundo entero, no solo en Necochea o en la Argentina. “Antes trabajábamos con las revistas, hoy está Pinterest y otras galerías de fotos online, que las chicas vienen con el celular y nos dicen ‘me gusta esto, pero con esta falda, este corset’, y nosotros lo armamos a su gusto y medida”, contó.
En este sentido, aseguró que “generalmente no es moda local», sino que «es todo lo que viene de afuera” y que dependiendo del vestido, hay algunos que les pueden llevar hasta 20 días de bordado, trabajando ocho horas diarias o más. «En otros casos han tardado un mes y en otros 15 días, dependiendo también de la tela y el nivel de detalle que tenga la pieza», añadió.
La situación actual del país hace que hoy en día se esté complicando el conseguir telas, porque hay varias que son importadas y se han ido a precios muy elevados para ser pagados con el peso argentino. Además, en muchas oportunidades no hay stock y en Necochea no hay muchos lugares donde se pueda conseguir tela.
Disfrute
“A mí me encanta lo que hago. Antes hacía de todo, ahora me dedico principalmente a vestidos de fiesta, tal como lo quería en la infancia. Es algo que tengo desde siempre”, indicó.
Además, contó que durante las restricciones que tuvieron lugar en el marco de la pandemia del Covid-19, cuando no podía abrir y las pocas horas que podía tener atención al público no iba nadie porque no había fiestas, aprovechó a confeccionar para stockearse de trajes, tapados y vestidos clásicos, por lo que prácticamente nunca paró.///
RETRATO
María Elisabeth Pérez es nacida en Quequén y fue al Colegio de Hermanas de Necochea, por lo que todos los días debía tomarse un colectivo muy temprano y recorrer una buena distancia para ir a la escuela. El secundario lo cursó en el Colegio Nacional. «En ese momento había un colectivo por hora, así que lo tomaba a las siete, llegaba siete y veinte y tenía que esperar hasta las ocho que era la hora de entrada», recuerda.
A los 21 años se casó y se mudó a Necochea.
Su hija es su gran compañera en el negocio familiar. “Yo nací entre telas y revistas. La vi a ella y desde chiquita cosía y la ayudaba. El bordado, por otro lado, empezó como un pasatiempo y hoy es lo que me da de comer”, dijo María Natalia Lescano, hija de Elisabeth, que además tiene un hermano que no está en el rubro.